lunes, 23 de enero de 2012

Bloqueo

Tengo un bloqueo. Por desgracia no es algo nuevo.

Cuando terminé mi libro de relatos cortos, ese que anda en busca de editor, comencé una novela. Han pasado casi dos años y apenas he escrito dos  folios. Es horrible, la historia está en mi cabeza, sé el final al que quiero llegar, veo a los personajes, el escenario... pero me siento incapaz de plasmarlo sobre la pantalla del ordenador.

Desde que comencé este blog, las entradas que publico aquí son lo único que escribo. Y lo peor es que llevo una semana pensando sobre que escribir, que noticia de la sobrecogedora actualidad que nos está tocando vivir, iba a comentar, y eran tantas las que atraían mi atención, que al final no he escrito sobre ninguna.

Tengo que superar el bloqueo, o terminará afectandome completamente.

Cuando comencé los cursos de relato breve en la Escuela de Escritores de Madrid, el primer ejercicio del primer curso del primer año (cursé tres), consistió precisamente en un ejercicio de desbloqueo, que en aquel momento me sirvió de mucho, puede que tenga que repetir ese ejercicio, quien sabe...

El último ejercicio, del último curso, del último año, consistió en hablar de aquello que nos impulsaba a escribir. En ese ejercicio, plasmé aquello que suponía para mi la Literatura, y hablé de mis eventuales bloqueos. Fue como vomitar todos mis miedos.

Ahora, quiero recuperarlo, y compartirlo, a ver si con eso consigo conjurar a todos mis demonios creativos.

Ejercicio 18:

Este año, como último ejercicio del curso de relato avanzado, nos han pedido hacer un ejercicio que se me antoja bastante peculiar. Al hilo del famoso bloqueo de escritor, que yo creo hemos sufrido todos en alguna ocasión, tenemos que hablar del motivo que nos impulsa a escribir.

¿Qué por qué escribo? Esa es una pregunta que yo misma me he formulado en multitud de ocasiones. Sinceramente creo que no tengo respuesta. Supongo que todo comenzó antes siquiera de que yo tuviera conciencia de mi misma. Me crié en una casa rebosante, abarrotada de películas y libros, que a falta de espacio se apilaban en muchas ocasiones por el suelo. Con una madre que leía a todas horas todo lo que caía en sus manos y, un padre cinéfilo que me hacía ver todo tipo de películas, mientras me hablaba de movimientos de cámara y repetía que él habría sido un gran director de cine, de haberlo intentado, claro.

Los libros siempre estuvieron a mi alcance. Nunca me vetaron alguno por su temática o género. Tampoco les habría resultado fácil. El único orden en el que estaban colocados era el del caos más absoluto, no habrían sabido decirme a que estantería no acercarme. Así apenas aprendí a leer, supongo que imitando a mi madre, me dediqué a abrir y leer todos los libros que tenía al alcance de mi altura.

No recuerdo el momento en el que comencé a escribir mis propias historias, pero era muy pequeña. Para mi fue algo natural. Si me gustaba lo que contaban los libros, por qué no empezar a escribirlos yo. Aquello fue mi perdición. Me adentré en un mundo que me atrapó por completo, y del que ya nunca me he podido escapar.

En ocasiones la escritura ha sido mi tabla de salvación, aquello a lo que aferrarme cuando todo lo demás falla, siempre será mi refugio. Pero otras veces también me ha hecho sufrir, como una tortura interior que yo misma me infligiera.

Durante mi adolescencia me hizo ser diferente, con lo que eso conlleva. En el colegio hacía que me castigaran, porque eso implicaba pasar el recreo en la biblioteca, y cuando no lo conseguía me bajaba un libro al patio. Era rara. Además, en lugar de salir con las pocas amigas que tenía, prefería quedarme en casa, atada a aquella primera máquina de escribir que tanto me había costado conseguir. Era una rara aislada. Un día, se me ocurrió enseñar uno de mis relatos a mi profesora de Literatura, no sé muy bien porque lo hice, fue un impulso. A la semana me lo devolvió con algunas correcciones de sintaxis y ortografía (soy profundamente disléxica) y me dijo que a partir de ese día los viernes no habría clase, que en su lugar yo me dedicaría a leer a mis compañeras lo que iba escribiendo. El que gracias a mi no hubiera clase de Literatura los viernes, me hizo un poco más popular.

Al acabar el bachillerato mi profesora, que había trabajado con ahínco para que aprendiera gramática y por fin me había orientado sobre que libros debía leer, me empezó a hablar de los concursos. No sé para que, me he presentado a cientos y nunca que ganado uno. Luego me habló de las editoriales. No sé para que, nunca he publicado nada.

Así me llegó el bloqueo.

Una hoja en blanco es algo terrible. Hay que llenarla con palabras, y que éstas cuenten una historia, y además que sea verosímil, y que haya a quien le interese. Difícil tarea. Los rechazos me llevaron a no tener con que llenar esa hoja en blanco, y mi máquina de escribir enmudeció por años. Para mi desgracia me volví normal.

Fui a la Universidad, hice amigos, salí mucho, me eché novio, empecé a trabajar… Sin más. Sin nada más. Sin la Literatura todo era un inmenso vacío, tanto que hasta dejé de leer. Me dejaba arrastrar por lo que la sociedad que dictaba tenía que hacer, pensar o decir. Me perdí. Aunque supongo que algo quedaba dentro de mi, no en vano me matriculé en Derecho porque era la carrera que habían estudiado todos los escritores que más admiraba, con lo que yo no contaba era que al acabar me tenía que hacer abogado, profesión que mata toda inspiración artística.

Pasaron los años y un día sin darme cuenta volví a leer. “La casa de los espíritus” no es que me parezca un gran libro, pero me devolvió a mi antiguo vicio. Mi madre estaba realmente preocupada porque había dejado de leer, pensó que era lo suficientemente interesante como para engancharme de nuevo. Y así fue. Pero no volví a escribir.

Hace cuatro años en unas clases de inglés pagadas por mi empresa, comencé a hablar con una compañera a la que apenas había prestado atención hasta ese día. Era simpática. En un momento dado el profesor nos hizo la típica pregunta de que hacemos en nuestro tiempo libre, y ella respondió que escribía poesía. Parafraseando a Bogart, aquel fue el comienzo de una gran amistad.

Mi compañera, que curiosamente se llama igual que mi madre, fue la primera en hablarme de las escuelas de escritores, yo ni sabían que existían. Me dio el enlace para la Web de la escuela, y me animó a apuntarme a un curso anual de relato. Casualmente el primer ejercicio que nos mandaron fue de desbloqueo.

Han pasado tres años y desde ese día no he parado de escribir. Creo que ya nunca lo haré. A veces me cuesta encontrar tiempo, y no avanzó todo lo que me gustaría. Compaginarlo con mi vida cotidiana me resulta complicado, pero gratificante a la vez. Me regaño a mi misma el día que no me siento delante del ordenador (pasó ya el tiempo de la máquina de escribir) y trato de escribir al menos una línea.

No sé  adonde me llevará esto. Si se quedará en una mera ocupación de mi escaso tiempo libre, o si por el contrario la Literatura llegará un día a lomos de un caballo blanco para salvarme de mi propia vida, quien sabe. Lo que si tengo claro es que no puedo dejarlo porque me resultaría más sencillo dejar de respirar. He llegado a un punto en el que miro a mi alrededor continuamente buscando historias, veo la realidad con otros ojos, todo me parece digno de ser contado.

No sé si algún día ganaré un concurso, publicaré un libro, o quizá alcance ese sueño dorado de ser profesional, pero lo que si sé es que por lo menos lo habré intentado. Puede que no tenga talento suficiente para dedicarme a ésto, no lo sé, pero lo que si tengo claro es que escribir me mantiene viva.


viernes, 30 de diciembre de 2011

Una cuestión de respeto

Hace un rato he oído en el telediario que el nuevo gobierno de Mariano Rajoy va a eliminar el canon digital. ¿Error o acierto? yo más bien diría que populismo.

La medida de implantar un canon digital, ha sido desde un inicio muy impopular entre determinados sectores de población. Entre todos aquellos que creen que tienen derecho a obtenerlo todo gratis, cuando sólo trataba de regular una novedosa situación, y coordinar la coexistencia de dos derechos, el de los derechos de autor, y el acceso a la cultura.

Supongo que el nuevo gobierno lo habrá hecho para intentar relanzar el consumo de determinados aparatos, abaratándolos de alguna manera. Aunque eso perjudique otras economías, en concreto la de los autores. Es obvio que nadie se convierte en autor, ya sea musical o literario, para hacerse rico, sino como respuesta a una necesidad vital de expresarse, pero como el resto de los trabajadores merecen una remuneración a cambio.

Cuando comenzó la revolución digital y Apple lanzó al mercado el primer MP3, los primeros, y durante mucho tiempo, únicos afectados, fueron los músicos. Comenzó una inagotable descarga ilegal de música por internet. Claro que a ellos siempre les quedan las actuaciones en directo, que también generan derechos a los compositores. Luego les siguio el séptimo arte, es cierto que muchas películas siguen llenando las salas, pero han sido muchos los cines que han tenido que cerrar. A continuación fueron las series de televisión, aunque éstas recaudan dinero con la publicidad en la primera emisión. Tras la llegada del ibook, le ha tocado el turno a la Literatura.

Parece un poema de Berton Bech.

Odio el ibook.

No comprendo como nadie puede leer un libro entero a través de esa pantalla. Es algo inmaterial. Los libros hay que tocarlos, sentirlos, pasar las páginas conforme avanza la historia, y luego depositarlos en una estantería para poder contemplarlo. Por no hablar del inmenso placer que supone bucear en una librería, eso no lo puedes hacer en internet, no es lo mismo.

Quien usa el ibook, no ama la Literatura. Bueno, puede que me haya quedado ya desfasada, quien sabe, o puede que al final el papel resista, el tiempo lo dirá.

Claro que digo lo mismo que de los bestseller (ya les dedicaré una entrada), mientras la gente lea, malo del todo no puede ser. Siempre que el libro que se lea en el ibook, o el ordenador se lea de forma legal.

No es la primera vez que alguien me enseña una carpeta (informática) repleta de títulos pirateados, diciendo mira, que esto a ti te va a gustar. Pero en que cabeza cabe, por Dios. Es como si de alguna manera me estuvieran robando. Y no es porque quiera hacerme rica con la Literatura, tengo más posibilidades de que me toque el gordo de la lotería de Navidad,  pero es que un libro supone muchas horas de trabajo de su autor, muchas, y ese trabajo merece ser reconocido y apreciado, y descargárselo ilegalmente supone una terrible falta de respeto hacia el escritor, porque expone que su trabajo no tiene ningún valor.

¿Qué le parecería a todos esos pirateadores que a ellos no les pagaran por su trabajo? si, que fueran todos los días a la oficina, y que al final de mes cuando tuvieran que cobrar la nómina, no les dieran nada, porque total que más da, el trabajo se da gratis.

Es una terrible falta de respeto, que me ofende profundamente.

Hay quien me dice que tienen derecho a acceder a la cultura libremente, es cierto, pero es que existen unos lugares llamados bibliotecas públicas, que parece que ya nadie se acuerda de ellas. Lo único que ocurre es que quieren todo gratis, y sin moverse de casa, da igual que sea música, películas, series de televisión, o libros, da igual todo gratis. Me voy a ir a una tienda a pedir gratis un ordenador nuevo, que tengo derecho porque lo necesito para navegar, a ver que me dicen.

Lo repito es una falta de respeto.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Poeta sucumbiendo bajo un alud de ollas de acero inoxidable

El singular título que da nombre a esta entrada, corresponde al libro de Manuel de Mágina publicado por la editorial El desván de la memoria.

Recientemente tuve ocasión de acudir a una doble presentación, que correspondía tanto al libro como a la editorial, puesto que se trata de la primera publicación para ambos. La editorial El desván de la memoria, nace del taller literario virtual del mismo nombre, que dirige Ramón Alcaraz desde el año 2003.

Conocí a Ramón hace un par de años, en un curso de redacción de guiones que él mismo impartía a través de la Escuela de escritores Alonso Quijano de Alcazar de San Juan. Posteriormente he acudido a sus cursos de relato breve, en esta ocasión impartidos a través del Taller de Redacción y Escritura Creativa Tomás Gallego, organizado por mi querida amiga, la poetisa Teresa Gallego. Ramón, también fue quien corrigió mi libro de relatos cortos, aún inédito.

Le quería dedicar esta entrada, porque en el discurso de la presentación explicó que el motivo que le había llevado a fundar una editorial era conseguir que de una vez por todas, algunos de los libros de sus alumnos vieran por fin la luz. Nos explicó algo que muchos de los estábamos allí sabíamos, que si no eres comercial no te publican, y no eres comercial porque no eres conocido, y no eres conocido porque no has publicado, y no publicas nada porque no eres conocido... y así hasta el infinito. Parecía la historia de mi vida.

El mercado editorial es una especia de bunker de alta seguridad, al que nadie puede acercarse salvo que ya esté dentro.

Personalmente (que he enviado mi libro a casí 40 editoriales sin resultado), no creo que el hecho de publicar o de no hacerlo, sea sinónimo de mayor o menor calidad. De hecho, leyendo las obras que su publican, y que ganan premios, puede que incluso sea un síntoma inequívoco de calidad literaria. Pero el caso es que algunos lo consiguen y otros no, ¿cuál es la fórmula del éxito? que un editor piense que puede ganar mucho dinero con lo que tú has escrito. Y es que no nos engañemos, la Literatura hace mucho que dejó de ser un arte para convertirse en un negocio.

Sin embargo, todo eso nos deja fuera a muchos autores que amamos este Arte, porque para nosotros si que lo sigue siendo, por encima de cualquier cosa, y que más que pensar o respirar, fabulamos historias.

Las excusas que te dan las editoriales son de lo más variopintas, que si el relato breve no tiene salida en el mercado y les mandes una novela (claro, luego si eso me saco cinco de la chistera), que si no publican libros de relatos de un sólo autor (aunque tú tengas en tu casa publicaciones suyas de un único escritor), que si sólo publican a mujeres muertas (bueno, de momento espero no entrar en ese grupo)... en fin, cualquier cosa, pero debajo de cada carta siempre subyace lo mismo, que no has publicado nada, que no eres conocido, y por tanto nadie va a apostar por ti, y como nadie lo hace  vas a seguir siempre en el mismo punto muerto.

Bueno, me olvidaba de mi favorita, las editoriales que cuelgan en su web que por favor, nadie les mande nada por correo electrónico, que solo quieren papel. Vamos a ver, tanta era digital, tanto ibook, y tanta historia y al final me tengo que seguir gastando el dinero en reprografía y correo postal. Y que conste que esto lo dice una ferviente defensora del papel, del libro tradicional, pero eso no obsta para que sepa apreciar las ventajas de determinados aspectos de la tecnología actual.

Por todo ésto, las iniciativas como la de Ramón Alcaraz, que nacen del simple amor a la buena Literatura con mayúsculas, y del deseo de dar conocer esas obras rechazadas por el mercado, pero dignas de la atención de los mejores lectores, son una bocanada de aire fresco dentro de un mundo que hace décadas olvidó sus orígenes artísticos, para dejarse seducir por las mieles del capitalismo.

Ahora solo falta la distribuidora.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Españoles por el mundo

Parafraseando el título de un programa de televisión, quería plasmar en esta entrada la actual situación que vivimos en nuestro país, y que está llevando a muchos miembros de mi generación a emigrar. Emigrar, si, hay que comenzar a utilizar esa palabra sin tapujos, porque las personas no se están marchando a ver mundo, ni a vivir aventuras, sino a buscar trabajo, y eso es emigración.

No puedo evitar pensar que dentro de la gravedad, es algo que no le viene mal a mucha gente.  A aquellos que llamaban sudacas y panchitos (como odio esa expresión) a los sudamericanos, y miran con recelo a su alrededor cada vez que se cruzan con un árabe o un negro, aunque lleven traje y corbata. Los mismos que olvidaron que sus padres y abuelos, se habían tenido que buscar la vida en Alemania, Francia, Argentina, México.... eso pasa por desmemoriados.

Porque como dice el refrán "ni pidas a quien pidio, ni sirvas a quien sirvio". Porque en lugar de convertirnos en tierra de acogida para aquellos que buscan un futuro mejor, haciendo uso de nuestra memoria colectiva, España fue en muchos casos un lugar de recelo y abusos laborales.

Hay quien dice que es que antes los españoles se iban con un contrato, y ahora los inmigrantes no tienen papeles. Mentira. Como familiar de emigrantes, puedo afirmar que se iban con un billete de ida, un conocido que les ayudara los primeros días, y a buscarse la vida. Y quien no me crea, no tiene más que ver la tan manida "Vente pa Alemania, Pepe",  para contemplar a un Alfredo Landa escondiéndose de la policía alemana porque no tiene papeles.

Es cierto que desde aquellos tiempos este país ha cambiado mucho, pero eso no justifica que también nos hayamos vuelto amnésicos.

Abandonar tu país en busca de un supuesto futuro mejor, es algo más duro de lo que muchos piensan. No solo implica dejar atrás tu ciudad, tus amigos, tu familia, tu idioma y costumbres, sino que te aboca a un perpetuo desarraigo si el retorno se dilata en el tiempo. No quiero ni pensar, lo que debe suponer dejar como muchos hijos pequeños, con todo un océano por medio.

Mi pareja lleva año y medio en paro, a pesar de ser licenciado universitario, hablar dos idiomas, y tener más de una década de experiencia laboral. Y como él mucha gente. Somos una generación que en un momento tildaron de X, pero que más bien se debería haber bautizado con un signo de interrogación; el símbolo del futuro que nos espera.

Está pensando muy seriamente irse al extranjero, como otros muchos hicieron antes que él, como otros tantos lo harán después. En su caso, es un viaje de ida y vuelta, pues ya vivio la experiencia hace muchos años. Y yo me planteo, ¿cómo sería mi vida en otro lugar? un lugar cuyo idioma desconozco, cuyas costumbres me son ajenas, y en el que sería, no nos engañemos, una ciudadana de segunda. Eso sin contar con el hecho de tener que abandonar mi amado Madrid, mis calles, mis colores, mis olores, mis recuerdos, mi familia... sin una fecha de regreso por obra y gracia de la economía.

Porque no es lo mismo ser un eramus veinteañero que se marcha un año a vivir la fiesta por Europa, que un treinteañero con sensación de derrota cuando apenas le han dejado iniciar la batalla.

Para terminar, quisiera compartir con todos vosotros, un artículo publicado en El País, que me ha enviado esta mañana una buena amiga desde Frankurt, una de esos Españoles por el mundo.


CONCHA CABALLERO
Las ilusiones perdidas
Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.
No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.
Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.
No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.
En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.
No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.
No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.

martes, 29 de noviembre de 2011

El gordo

He leído que Mariano Rajoy va a tomar posesión de su cargo el 22 de diciembre. Mira por donde, este año la lotería de Navidad nos trae un nuevo Presidente del Gobierno.

Muchos creen que con el cambio de Gobierno, o mejor dicho con el cambio de signo político del Gobierno, vamos a salir de la crisis. Ójala fuera tan sencillo, y no lo digo porque no desearía que fuera así, de verdad desearía que fuera tan fácil, pero hace falta mucho más que un cambio en la dirección del país para que mejore la economía.

Además, durante los ocho años que Rajoy ha estado en la oposición, no ha aportado ninguna solución, no le ha dicho a Zapatero yo haría esto o lo otro, no, simplemente se ha limitado decir no a todo, y a crispar más el ambiente.

Con ésto no estoy diciendo que Zapatero haya gestionado bien la crisis, que va a ser que no, vamos a contribuido bastante a hundirmos más si cabe.

Por otro lado, y aunque es innegable que la economía española está por los suelos, no creo que la cifra de parados sea real, ya que si fuera así habría habido un estallido social, y no me refiero a un 15 M, sino más bien a una revolución. Lo que creo que es tenemos mucha economía sumergida, y mucha picaresca, que nos olvide que estamos en el país de Rinconete y Coradilo.

En fin, que a ver si la lotería de Navidad, este año nos trae algo más que un cambio en el Gobierno.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Nos hundimos en el Mediterráneo

El Mare Nostrum, que decían los romanos, es más nostrum que nunca, y es que parece que los paises mediterráneos nos hundimos inexorablemente.

De un tiempo a esta parte no veo la televisión, no leo el periódico, y en la radio solo oigo música, porque en el reino de la inopia soy mucho más féliz. Sin embargo, en los tiempos que corren es imposible mantenerse al margen de todo lo ocurre a nuestro alrededor, y entonces es cuando te deprimes.

Mientras escribo estas líneas mi pareja está viendo un reportaje sobre la II Guerra Mundial, que me está terminando de arreglar el estado de ánimo. Porque los fallecidos eran personas que vivían en Europa, no hace muchos años, y que antes de que estallara llevaban vidas muy parecidas a las nuestras. Mi profesor de economía decía que no hay nada como una guerra para acabar con una crisis económica, y ese pensamiento me da miedo. ¿Cómo acabará todo ésto? solo el tiempo lo sabrá.

Dicen que el s. XX fue el más convulso de la Historia, pero el XXI ha empezado cojonudo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

La Montaña mágica

Hola de nuevo,

He estado más de un mes sin ordenador en casa, así que no he podido escribir nada aquí. Madre mía que mono tenía, jamás pensé que esto de tener un blog me iba a enganchar tanto, estaba deseando volver a "desahogarme" cibernéticamente.

Para celebrar este nuevo comienzo, os dejo una reseña que publiqué hace tiempo en la Web literaria, Mundo Palabras, sobre el libro que da título al blog, la Montaña mágica de Thomas Mann.

La Montaña mágica:

La Montaña mágica, es la gran obra maestra de Thomas Mann, y sin duda alguna una de las cumbres de la narrativa del siglo XX. A Mann le fue concedido el premio Nobel por su primera novela Los Buddenbrook, ya que en aquel momento se concedía a una obre concreta, pese a lo cual la fama internacional le llegó tras la magnífica adaptación al cine, por parte de Visconti, de su novela corta La Muerte en Venecia; sin embargo, ha sido gracias a este libro que su nombre figura con mayúsculas en la historia de la Literatura.

Escrita durante el periodo de entreguerras, pero situada en los años previos a la Primera Guerra Mundial, nos cuenta la historia de Hans Castorp un ingeniero de Munich de familia acomodada, que decide pasar unas vacaciones visitando a su primo Joachim, que aquejado de tuberculosis se encuentra ingresado en un hospital de los Alpes suizos. Una vez allí, los médicos descubren que el propio Hans padece la misma enfermedad, y le recomiendan el ingreso, pasando así a formar parte de la curiosa familia que habita en aquel lugar.

Esta sencilla premisa argumental, no es más que un astuta excusa del autor para situar a los personajes en un entorno que nada aporta al desarrollo de la historia, envueltos por una rutina presa de un sin fin de comidas y reposos envueltos en mantas sobre una chaise longe al aire libre, donde las voces de los protagonistas se convierten en dueños absolutos de la acción.

Durante más de 700 páginas, literalmente oiremos los diálogos entre Joachim y su primo, con los inolvidables Nafta, Septembrini, el señor Alvín… Así en un lugar, con personas procedentes del todo el continente europeo, donde los rusos comen por separado en función de si son ordinarios o refinados, y el arte de envolverse en mantas adquiere dimensiones casi sagradas, se nos irán mostrando las distintas corrientes filosóficas o artísticas, que hacen que la cultura occidental sea lo que es, y no otra cosa, llegando a desgranar que es lo que nos une y nos separa a los distintos europeos como pueblo único.

Sin embargo, este libro encierra una trampa agazapada entre sus últimas páginas, y es que esas personas tan cultivadas, que no tienen nada mejor que hacer que entregarse a interminables diatribas, verán alterado todo su mundo ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, que les obligará a abandonar su aislado refugio y enfrentarse al mundo real.

Con este magistral cambio de registro, Mann le da, en apenas dos hojas, la vuelta al significado completo del libro, mostrándonos que todo aquello que hasta ese momento parecía querer ensalzar, no era sino una feroz crítica de los planteamientos y actitudes que llevaron a la entonces conocida como Gran Guerra.

martes, 4 de octubre de 2011

Hasta el moño de la crisis

Estoy, como se suele decir, hasta el moño de la crisis. Y no es por las noticias que nos llegan día si, y día también, para decirnos lo mal que va todo, es que la gente que conozco no para de quedarse en paro.

Si la gente no tiene trabajo, no puede consumir, y por tanto el comercio se resiente, lo que acarrea más despidos, y más gente sin dinero, e hipotecas sin pagar, e industrias sin demanda... y así estamos en una espiral sin fin, que nos va a llevar a todos al desastre más absoluto.

Hoy tres personas, me han comunicado que se han quedado en paro. Estoy deseando que alguien me llame para darme una buena noticia, claro que al paso que vamos, las buenas noticias las van a catalogar como especie en peligro de extinción, junto con los linces ibéricos.

Este blog, iba a ser un blog literario. Jamás pensé que la economía, la actualidad, la vida sin más, iba a irrumpir como lo ha hecho.

Llevo un año y tres meses sin escribir una sola línea, justo desde el momento en el que la persona que comparte mi vida perdió su trabajo tras 10 años dejándose la piel en un banco, justo los mismos que llevamos juntos. Ese bloqueo era lo que quería conjurar. Desahogarme, para poder volver a crear. Parece que será un proceso largo y difícil.

Acabo de leer en un blog, que me ha remitido un compañero aspirante a escritor (somos tantos, ¿verdad?), una entrada muy curiosa titulada " Consejos para escritores noveles", no descubre nada nuevo para aquellos que llevamos años dándole a la tecla, aunque sea sin ningún resultado, pero uno de ellos me ha llamado la atención: escribe un blog, decía, te ayudará a conjurar los malos espíritus. Veo que no soy la única.

Este año se acaba, ¿qué nos deparará el 2012? quien sabe, solo esperemos que por lo menos el mundo no vaya a peor. Que cuando estemos peor, estemos como ahora.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El día del juicio mortal

Acabo de terminar de leer el último libro de Charlaine Harris, "El día del juicio mortal", que hace el número once de la saga de los libros de Sookie Stackhouse, y que ha inspirado la serie de televisión True blood.

SPOILER:

En este nuevo libro nos encontramos a Sookie viviendo con su primo Claude, y su tío abuelo Dermot, que se han mudado con ella después que Niall sellara el mundo feérico. Según dicen, es porque se han quedado solos y necesitan la cercanía a otras hadas. Huumm ¿tiene Claude algún plan oculto? en este libro se insinua, pero no lo desvela, habrá que esperar al siguiente.

Por otro lado, el antes loco Dermot, es ahora una amable persona que solo quiere vivir con su sobrina. ¿Otro plan oculto? en este caso creo que no.

Además, Sookie descubre que en el Hooligans, el bar de Claude, se han reuniendo todas las criaturas feéricas (descubrimos que solo hay hadas, también están los siniestros elfos) que se han quedado fuera de su mundo. ¿Eso es por qué realmente necesitan estar juntas o por qué traman algo? nuevamente habrá que esperar al siguiente libro.

Fiel a su tradición durante los diez libros anteriores, Harris habre interrogantes que no responde, para dejarnos con la miel en los labios, y abalanzarnos a la siguiente entrega según se publique.

Pero si que descubrimos algo nuevo. El señor Cataliades, al que conocimos en libros anteriores por ser el abogado, medio demonio, de la reina vampira de Louisiana, resulta que era también íntimo amigo del abuelo de Sookie (el de verdad, Fintan el hada), y visitó al nacer tanto al padre y la tía de Sookie, así como a ella misma y su hermano Jason. ¿Qué buscaba?, pues parece ser que algunos humanos al nacer tienen algo llamado chispa esencial, que les permite tener más sensibilidad hacia el mundo sobrenatural. La abuela de Sookie la tenía, y era herencia es lo que Cataliades buscaba, porque hizo un regalo a Fintan, aquel de sus descendientes medio humanos que tuvieran la chispa esencial, heredaría la capacidad de ser telépata, capacidad que no procede de las hadas, sino del propio Cataliades. Así descubrimos que el don de Sookie, no procede de su herencia como hada, sino de un regalo de un demonio al nacer. También entendemos como Niall y el resto de hadas de su familia, no se han puesto en contacto con Jason, él no posee la chispa esencial, y por tanto, no es interesante desde su punto de vista.

En el lado de las tramas vampíricas, Eric sigue tirándose a Sookie (en este libro sólo hay un polvo salvaje, ¿se estará volviendo la Harris mayor?), pero tienen problemas con el lugarteniente del nuevo rey vampiro Felipe de Castro. Así que resumiendo mucho, deciden cargárselo, protagonizando todos en Fangtasia una de esas escenas de violencia que tanto gustan a la autora. Sookie acaba horrorizada... vamos a ver, si en cada libro hay al menos un par de esas escenas, si tenía que estar ya curada de espanto. En fin... americanos sureños.

También descubrimos que el creador de Eric, Apio Ocella, antes de morir arregló el matrimonio entre Eric y la reina de Oklahoma, y Eric se ve obligado por las leyes vampíricas a casarse con ella, y por tanto anular su matrimonio con Sookie. Lo deja así en el aire, ¿cómo acabará? nuevamente habrá que esperar al siguiente libro (esto empieza a parecer la Historia Interminable, ya sabeis "esto es otra historia y deberá ser contada en otro momento"). Lo mejor es que Sookie, que gracias a la magia de Amelia ha conseguido romper el vínculo de sangre con Eric, se entera por Pam, lo que refuerza su amistad. Me gusta mucha su amistad.

Hay una escena que no quiero dejar de mencionar, y es que en un momento en que Sookie huye de unos matones mandados por Sandra Pelt (si, otra vez los Pelt, pero vamos en este libro ya los liquida para siempre), se refugia en casa de Bill. Como llueve, y para no dejar rastros de agua, se quita la ropa, y se mete así, como vino al mundo, en la guarida diurna del vampiro, que claro cuando despierta se la encuentra desnuda y a su lado. ¿¿¿??? vamos a ver, vamos a ver, Señora Harris, ¿a qué viene ésto? se supone que el triángulo Bill, Sookie, Eric, lo habíamos dejado atrás hace varios libros. No volvamos locos a los lectores. Además, ya sabemos que los seguidores de la serie de TV, que no saben de la misa a la media, porque la serie va por el cuarto libro y no saben lo que pasa a continuación, a lo que hay que sumar la manipulación que están haciendo los guionistas de la trama, son muy pro-Bill, pero los que leemos los libros, y sabemos toda la historia, somos por-Eric. Vale que últimamente Bill ha remediado un poco sus pecados, se ha disculpado mil veces, y parece que nos vuelve a caer bien, pero vamos que no nos vuelvan locos.

Para terminar, comentar algo que creo adivinar como lo va a desarrollar la autora en los próximos libros. Oculto en un mueble viejo de su desván, Sookie descubre un cludiel dor, un regalo de Fintan a su abuela. Cataliades la cuenta que es un objeto muy raro, creado por la magia de las hadas, que se suele regalar a los enamorados. Permite que se cumpla un único deseo, relacionado con el amor. ¿Cuánto nos jugamos a que Sookie acaba pidiendo que Eric vuelva a ser humano? así podrán envejecer juntos, y ser felices. Porque para vivir el resto de la eternidad juntos, bastaba con perdirle a Eric que la haga vampiro (vamos lo que había pedido yo, hace ya como siete libros), pero me da en la nariz que la autora, no es tan pro vampiro como yo (como me gustaría vivir para siempre, no envejecer... creo que he leido demasidos libros de vampiros, jeje) y va por esos derroteros. Ya veremos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Septiembre

Este mes de septiembre está siendo muy raro para mi. Normalmente soy una persona extraordinariamente optimista, que siempre ve el lado positivo de las cosas, como si jugara permanentemente al juego de la alegría de Pollyanna, lo que me permite en la mayoría de las ocasiones encarar la vida con una sonrisa.

Pero ahora es diferente. Estoy triste, y es un estado de ánimo tan inusual en mi, que no sé como encararlo. Diversos problemas de salud a mi alrededor, que no vienen al caso enumerar, unido al estado general del mundo, hace que por primera vez en mi vida encuentre pocas cosas por las que estar alegre.

Mi madre dice que es porque pertenezco a una generación que nunca ha tenido problemas reales, que hemos crecido teniendo de todo, y con todas las oportunidades al alcance de nuestras manos. Y que por eso, la situación que vivimos actualmente nos desborda emocionalmente. No sé si será porque mi madre está en lo cierto, o porque odio la incertidumbre que rodea desde hace meses nuestras vidas, que se acredienta semana a semana, pero miro el futuro con unos ojos que parecen ajenos a mi. 

En febrero de no recuerdo si hace dos o tres años (lo siento, siempre he tenido muy mala memoria temporal) falleció de repente un primo mío a la edad de 35 años. Tuvo un infarto que le hizo fallecer en el acto. Aquello fue muy duro, no solo por el terrible hecho que supone perder a una persona querida, con la que has crecido, sino también porque me supuso por primera vez, tener concienza certera, tangible, inequívoca, de la absoluta fugacidad de la vida.

Polvo eres, y en polvo te convertirás.

Y siento como esa vida limitada se me escapa entre los dedos. Tengo 33 años, en enero cumpliré 34, y ¿qué tengo?: una casa que no es mía, y que no se me permite decorar porque se supone que pese a llevar aquí viviendo 4 años es un acomododo temporal. Sin por supuesto perspectivas de poder acceder a una vivienda propia (cuando teníamos dinero y trabajo, estaba el boom, ahora que bajan los precios, no tenemos dinero ni trabajo). Una pareja que lleva más de un año en paro, y que ya tiene planes para irse a trabajar al extranjero (por lo menos se quedaría en Europa. No hago más que pensar que los sudamericanos que dejan a sus familias al otro lado del mundo, y pasan años sin verlos. Ahora entiendo lo duro que resulta), se me parte el alma cada vez que lo pienso. Y si bueno, yo tengo un buen puesto de trabajo, en lo mío como se suele decir, ejerciendo la profesión para la que estudie, y en una empresa en la que me siento valorada, pero ya nada es eterno, en un segundo todo cambia, el mundo se derrumba a tu alrededor, la empresa puede empezar a ir mal, y todo a la porra.

En cuanto me quiera dar cuenta tendré 40 años, y me veo ... mejor no pensarlo.

Ya ni siquiera me queda la Literatura, que era mi eterno salvavidas. Hace meses que no escribo una palabra, no sé si es un bloqueo, o la vida me ha matado la inspiración. Ah, y nadie quiere publicar mi libro, claro, que quién iba a querer publicar con la que está cayendo un libro de relatos de una autora desconocida, y que seamos francos, a lo mejor es que no tiene talendo ninguno.

Tras escribir estas palabras, asoma tenuemente ni antiguo yo, y me recuerda, que tengo una familia estupenda, y un montón de amigos.  Supongo que no todo es tan malo a mi alrededor.

Por otro lado, hoy en leído en un periódico digital, que Grecia ha presentado de una vez quiebra. ¿Es el principio del fin de Europa? Hasta este año no había sido consciente de lo mucho que la economía influía en nuestras vidas. Tengo 33 años y quisiera tener un bebé, pero si tengo a mi pareja en el extranjero, y la puta economía no se recupera, ¿será posible? bueno, mi suegra (berlinesa) nació en pleno bombardeo aliado, supongo que a todo se puede sobrevivir.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Moderna de pueblo

El otro día estuve leyendo un comic, "Moderna de pueblo", que me hizo reir con ganas, algo que les aseguro tiene mucho mérito, pues una es seria como solo podemos serlo los castellanos.

Este comic cuenta las andanzas de una chica de pueblo que se muda a la gran ciudad (no dicen cual, pero creo que se trata de Barcelona), y todo su empeño es que no se la note que es de pueblo. Me hizo mucha gracias porque muestra detalles sobre la vida en las ciudades, que a aquellos que nacimos en una, se nos escapan por completo, amen de señalar pequeños vicios de los que se han mudado a una, habiendo nacido en un lugar más pequeño.

Por ejemplo, da el consejo de que cuando te pregunten de donde eres digas la provincia, no el pueblo, porque nadie lo va a conocer. O se muestra a si misma saliendo por la boca de metro equivacada, porque no sabía que podía haber varias.

Un amiga mía de Bilbao, siempre cuenta que cuando se vino a vivir a Madrid, le sorprendía como los madrileños le decían, "si está ahí al lado", para señalar lugares que a ella le parecían que estaban lejísimos. Comenta que lo que más le costó, fue aprender a relativizar las distancias. Otro amigo de Valencia, dice que a él le estrañaba que la ciudad nunca se acabara, que detrás de unos edificios, siempre había otros, e inconscientemente buscaba el mar en el horizonte.

Los que hemos nacido en grandes ciudades, yo creo que nunca nos planteamos estos temas. Para nosotros todo es natural y siempre ha sido así. Además, estamos tan acostumbrados a conocer gente de fuera que se ha mudado aquí, que tampoco nos llama la atención. Jamás, pensé que para ellos era un gran cambio, que tuvieran que cambiar costumbres, y amoldarse a nuestra forma de comportarnos para pasar desapercibidos.

En el comic, la protagonista se lanza a la aventura de aprovechar la máximo las oportunidades (de ocio) de la ciudad. Sobre todo las moderneces. Jamás pensé que una ciudad española hubiera tantas cosas, si parecía NY (de hecho, por momentos parecía Sexo en NY). Será cuestión de salir más, aunque una no es especialmente moderna, sino más bien del montón, tirando a bohemia.

Al final, la ciudad se le queda pequeña y se muda Londres. Que envidia. Supongo que el siguiente paso será NY. Son dos ciudades, que a una servidora, urbanita militante, siempre le han fascinado.

Hubo muchos otros detalles que me hicieron reir, como la protagonista y un amigo en la cola de un cine de reposición, cantando, Movirecord, que nostalgia.

Por cierto, de toda la fauna y flora urbanita que muestra, yo sería el amigo/a cultureta jajaja. Si hasta la lleva a un cine de versión original, no me pude sentir más identificada.

martes, 6 de septiembre de 2011

El fin del mundo

Hoy los titulares de los periódicos, decían que el temor ante una quiebra de Grecia, hacía caer de nuevo los mercados, y amenazaba con haber una nueva recesión.

Todo son buenas noticias.

Llevo unos días en los que me he refugiado en mi burbujita, huyendo del mundanal ruido, sin que nada me perturbe. ¿Por qué? porque parece que estemos a las puertas del fin del mundo. No quiero ver el telediario, ni leer los periódicos, ni hablar con nadie de la actualidad. Si por casualidad enciendo la televisión y sale por ejemplo, un político, cambio inmediatamente de canal.

Si te abstraes de las noticias, ves que el mundo continúa, que no se ha detenido en ningún instante. Que en los bares hay gente, en los parques niños, que la vida sigue, mal que pese a muchos. Sin embargo, unos pocos se empeñan en que pensemos lo contrario, y lo que es más, como según su parecer estamos mal, no van a parar hasta que lo estemos realmente, hasta conseguir vernos donde quieren, hundidos.

Estoy harta, a partir de ahora buscadme en mi burbuja.

domingo, 28 de agosto de 2011

Tempus fugit

Recientemente, han aparecido en el trastero de casa de mis padres, dos cajas grandes con cientos de películas en VHS. Son mías, de mi época de adolescente. Este hallazgo me ha supuesto una vuelta sensorial al pasado.

Es increible como pasa el tiempo. Sé que es una frase harto manida, pero es un pensamiento que en los últimos días no para de rondarme la cabeza. Cierro los ojos, y estoy sentada en el salón de casa de padres, con una decoración que ya no conserva, merendando un bocadillo de membrillo mientras veo Verano Azul, o Dartacan, o El equipo A. Mi madre es joven, lleva un cardado imposible, y las uñas pintadas de un rojo furioso. Me manda a hacer los deberes, y yo protesto porque quiero ver la televisión, Luz de Luna, Aquellos maravillosos años, o ya más mayor Sensación de vivir. Mi madre dice que no puede ser, que tengo que estudiar, pero que si saco buenas notas, compraran un video para que pueda grabar todo lo que no veo cuando tengo que estudiar.

Primero fueron los Beta, y luego los VHS, posteriormente desbancados por el DVD, claro que para entonces yo ya estaba en la Universidad. En mi casa entró directamente el VHS, solo unos años después de que mis padres se decidieran de una vez a comprar un televisor en color. Yo era la única niña del colegio que aún tenía tele en blanco y negro ¡a mediados de los 80! Claro que luego leía las viñetas de Mafalda, y como ella directamente era la única niña de su clase que no tenía televisor, eso me consolaba bastante.

Con el tiempo llegamos a tener, dos televisores, dos videos y un DVD. Cuando me fui de casa me llevé uno de los videos conmigo, pero se estropeo al poco tiempo, así que me compré un combo, pese a las burlas de todo el mundo, que me decían que me comprara un DVD grabador y me dejara de antiguallas.

El caso es que hoy he terminado de colocar todas las cintas de video que han aparecido. Muchas compradas, pero la mayoría grabadas de la televisión. Va a ser gracioso ver los anuncios de la época.  Veis, si no tuviera el combo ahora no las podría ver, y habría sido un hallazgo algo soso.

Lo más curioso del caso, es que comentándolo con amigos, me he encontrado con la para mi incomprensible actitud, de que la gente no entiende porque no las tiro. Que si no se ve como el DVD (las he probado, y se ven bastante bien), que si hay que ajustar el tracking (algo que yo no hecho en mi vida), y si las iba a tener que rebobinar con un boli bic (aquí es donde me he dado cuenta de que algunas personas padecen lagunas, porque lo que se rebobinaba con un boli eran las cintas de casette, no las de video), y un sin fin de comentarios parecidos.

Esta claro que los listos son ellos, que su día se compraron el video Beta, y las películas Beta, luego el video VHS, tiraron las películas Beta y compraron las mismas VHS, después compraron el DVD, tiraron todas las cintas de VHS, y por tercera vez compraron las mismas películas en DVD. Y ahora viene el Blue-ray, y así hasta el infinito y más allá.

Hay quien directamente no tiene reproductor de nada, graba lo que quiere de la tele en el disco duro del televisor, y las películas se las baja de internet (odio la piratería, ya le dedicaré otro post), o quien ya ni ve la televisión y se baja todo, las películas, las series (aunque a la misma hora las estén emitiendo en antena) todo... los tiempos cambian.

Fuera lo viejo, y viva lo nuevo, parece ser la consigna vital de muchas personas, que además se rien de quienes no nos avergonzamos de tener recuerdos, y asumir que hemos vivido otras épocas, porque ya no tenemos 20 años. Quien estas líneas escribe, no aborrece la tecnología, la prueba más evidente, es que estoy escribiendo un blog, signo inequívoco de los tiempos que vivimos, pero no creo que ésta tenga que barrer de un plumazo todo lo anterior.

Tengo un ordenador y navego por internet, si, pero también tengo cintas de video que no tengo porque tirar y adquirir en otro formato.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Endeudamiento público

De un tiempo a esta parte, no paramos de oir hablar del endeudamiento de las Administraciones Públicas en este país. Especialmente de los casos de la Generalitat de Cataluña y la Junta de Castilla La Mancha.

Pues bien, que sepan todos ustedes que no es algo debido a la crisis, es que en este país el Estado no paga, ni ahora ni nunca. Quien escribe estas líneas ha trabajado muchos años con Administraciones Públicas, más concretamente, aclara que la empresa para la que trabajo era proveedor habitual del Estado (de todo tipo de organismos), y yo gestionaba esas cuentas.

Era un horrror. Y no ya, porque hablar con la persona de contacto era casi imposible porque cuando no estaba en el médico, estaba desayunando, o de moscosos, o vete tú a saber donde, o porque tenía que luchar contra una más que absurda burocracia, es que después de realizar todo el trabajo, no pagaban.

Parece que ahora con la crisis ha salido todo a la luz, muy probablemente porque las empresas se han negado en firme a continuar prestando sus servicios y mercancias de forma gratuita. Pero es algo que viene de muy antiguo.

Recuerdo, que primero tenías que luchar para comprobar si les había llegado la factura, porque obviamente si se perdía, nadie la reclamaba. Luego, intentar por todos los medios que el servicio que tenía asignado el suministro la visara y la pasara al departamento de intervención, donde solían dormir el sueño de los justos a la espera de pasar a tesorería, donde al final te decían que no pagaban porque se habían quedado sin presupuesto. Y ¿qué pasa si por ejemplo un Ayuntamiento se queda sin presupuesto? pues que no puede pagar las facturas de ese año, así que al siguiente año tiene que celebrar una junta extraordinaria para aprobar el pago de las facturas pendientes (remanente de años anteriores, le llaman) con cargo al nuevo presupuesto anual, que se ve mermado, y así hasta el infinito y más allá. En el camino han transcurrido ni se sabe los meses, y tú no cobras, pero tampoco se te ocurra intentar cobrarles intereses de demora.

Señores hay que decirlo bien alto, el principal moroso de este país es el Estado.

Pero como digo no es algo propiciado por la crisis, es como trabajan de forma habitual. Detrás de cuantos cierres de pequeñas y medianas empresas estará esta actitud.

Lo mejor de todo son las perlas que te dicen, que si de que te quejas que da mucha imagen trabajar con ellos, que son el Estado y no puedes hacer nada, que no te impacientes que todo el mundo sabe que la Administración acaba pagando aunque sea dentro de cinco años (claro y mientras como aire)...  y así día tras día.

Tengo que decir que acabé hasta las narices, que odio profundamente al funcionariado español, que para reducir el deficit público acababa de un plumazo con tanta Comunidad Autónoma, con sus 17 parlamentos, con las diputaciones provinciales, y gran parte de las empresas públicas. Lo digo, lo afirmo, y lo reitero, no hay nada peor que trabajar con la Administración. Llegué a tal estado de desesperación que un día acabé gritando y diciéndole de todo a una empleada de la Tesorería central de la Generalitat de Cataluña, que me recorrí todas las Consejerías de la Comunidad de Madrid, factura en mano cual cobrador del frac, y que le dije a un jefe de servicio del Ayuntamiento de Jérez, que por mi madre, que o me pagaban o me presentaba allí con una grúa y me llevaba todo lo que les habíamos suministrado.

Además, que lo mejor de todo es que cuando licitas, para la adjudicación del contrato, figura por todos lados que ese concurso está ligado a una partida presupuestaria, entonces me pregunto ¿a dónde va a parar ese presupuesto? ¿cómo es que después no te pueden pagar?

Lo mejor además, es que como son contratos ligados la p... Ley de contratos del sector público, no puedes hacer nada, bueno, no podías. Antes una administración podía estar hasta 8 meses sin pagar y quedarse tan contento, solo te quedaba el recurso de la pataleta. Sin embargo, la Ley 15/2010 de reforma de la Ley 3/2004 de medidas de lucha contra la morosidas, implantó el año pasado que la Administración tiene que pagar a 30 días (ay que me troncho), y que si no lo hace el proveedor puede reclamar, y si a esa reclamación no contestan, se revierte el silencio positivo a favor del acreedor, de manera que la Administración asume la deuda, y ya se puede reclamar ante un Juzgado. Por un lado es un primer avance, ya que te da un mínimo de herramientas para defenderte, pero por otro es una quimera, porque teniendo en cuenta como funcionan los Juzgados en este país (ya hablaré otro día de ello), para cuando quieras ejecutar una posible sentencia estimatoria, ya casi hasta te has jubilado.

De todas maneras, lo que si que es probable, es que el cambio de actitud que se está viendo en los últimos días por parte de los proveedores, como la farmacias manchegas, si que se deba al hecho de que ya por lo menos puedes reclamar, o a que con la que está cayendo en este país han decidido no dar más crédito a interés cero.