Hoy iba a escribir sobre el Euro, y como los intereses de unos pocos están haciendo caer la moneda única, y puede que con ellos a la Unión Europea. Lástima del gran sueño de Erasmo de Rotterdam, y de todos aquellos que ya no nos considerábamos ciudadanos de un país, sino europeos con mayúsculas. Pero me ha deprimido tanto, que he decidido cambiar de tercio y hablar de Literatura, que eso siempre me anima.
Doris Lessing, es una escritora inglesa maravillosa, que todas las mujeres deberían leer. Sus libros, siempre protagonizados por mujeres, hablan de no conformarse con aquello que nos da la vida sin más, y sobre todo, como sobreponerse al triste estigma que en muchos casos significa ser mujer, y luchar con todas nuestras fuerzas por ser libres.
Su libro más reconocido es "El cuaderno dorado", donde una mujer narra a través de distintos escritos en cuadro cuadernos de diferentes colores, su desencando con el partido comunista, con la vida convencional, y con un amante que deja de serlo.
Sin embargo, mi libro favorito de Lessing es "Diario de una buena vecina", un libro escrito hace más de tres décadas y que sigue estando tan vigente como el primer día.
"Diario de una buena vecina", no es una novela al uso, como no lo es ninguna de las escritas por la autora. Como ocurre en toda su obra, este es un libro protagonizado por mujeres muy alejadas de los usos sociales que su género se supone habría de imponerles (tengamos en cuenta que se sitúa en los años 70, cuando la liberación de la mujer es un hecho incipiente, aunque imparable); mujeres que, aunque libres y dueñas de su propio destino, no dejan de sentirse culpables por aquello a lo que renuncian, o que la sociedad les hace creer que han renunciado.
Estos personajes femeninos, no son sino un reflejo de la propia autora. Hija de un militar inglés, nace en Irán y pasa la primera parte de su vida en África, experiencia que le marca para siempre, y le hace ver la vida con una mirada muy alejada de lo que cabría esperar de una mujer europea de su generación. Sin embargo, durante un tiempo se deja llevar por lo que le han enseñado que debe hacer; así, se casa y tiene dos hijos, aunque no tardará en abandonarlo todo, incluidos a sus hijos, para dedicarse en cuerpo y alma a su verdadera pasión, la Literatura.
La mayoría de los libros escritos por Lessing (uno de los premios Nobel, junto con el de Vargas Llosa, más merecidos de los últimos años) están poblados de mujeres entregadas a su carrera profesional, que se enfrentan a la vida "solas", es decir, sin una pareja que las coarte, aunque en cierta manera no dejan de anhelar el amor, pero un amor ideal que no trate de cambiarlas, sino que las acepte tal y como son.
En "Diaro de una buena vecina", la protagonista, Janna, es una mujer de mediana edad que se ha quedado viuda hace unos años, y aunque ha tenido ciertas aventuras de índole sexual, no ha vuelto a sentirse unida a otro hombre. Es muy atractiva, estremadamente elegante y codirige una revista de gran éxito junto con su mejor amiga. Es libre en el más amplio sentido de la palabra, tiene un trabajo con el que se siente realizada, que le otorga una desahogada posición social, sin marido, ni hijos, sin apenas contacto con su familia (su hermana, cuñado y sobrinos, que viven en un típico suburbio inglés), y con amigos que le proporcionan la vida social que necesita. Todo parece perfecto.
Pero todo cambia cuando por casualidad entra en su vida una antipática, horrenta y desaseada anciana, que representa todo aquello de lo que ha pretendido huir en la vida. Sin embargo, el azar querrá que unan sus caminos y traben una curiosa amistad.
Maudie está sola, también es viuda, y tiene un hijo que vive en América al que hace años que no ve. Apenas tiene contacto con una hermana cargada de hijos, y durante años ha vivido volcada en su trabajo. Así se nos plantea la antítesis de Janna, que por otro lado no es sino el reflejo de lo que podría ser su propio futuro.
Maudie, como digo, vive sola, como muchas otras ancianas a las que Janna irá conociendo. Ha rechazado todas las ayudas de las que el gobierno dispone para las peronas de la tercera edad: comida domiciliaria, asistencia, e incluso visitas de lo que se conoce como "buenas vecinas", mujeres que se dedican a visitar ancianos y hacerles compañía. Maudie solo quiere que la dejen en paz; todos menos Janna, con quien por primera vez en muchos años entabla una relación de amistad.
Hasta ese momento el mundo de Janna ha estado rodeado de glamour, como editora de una revista para mujeres, escribe sobre cosas totalmente superfluas, y lo que más le preocupa en su vida es su aspecto, no está preparada para el impacto que la vejez, en su forma más cruda va a tener en su vida. Así, y sin apenas buscarlo, Janna se convertirá en una buena vecina para Maudie, a la que acabará prestando unos cuidados personales que ni siquiera tuvo con su propia madre.
Con la lectura de este libro, Doris Lessing nos adentra en los aspectos más crudos de la vejez y el trato que la sociedad le da. Maude es una anciana enferma y sucia, que apenas puede valerse por sí misma, de la que el mundo se ha olvidado por completo, mostrándonos así el inexorable abandono al que se ven abocados muchas personas en la última parte su vida. Asimismo, asistimos a la paulatina transformación de Janna, que quizá por la brutal toma de contacto con la realidad que le supone visitar a las ancianas, o tal vez por lo mucho que ellas le aportan, transforma su vida hasta convertise en aquello que realmente siempre quiso ser, ella misma.
La autora nos muestra, con la claridad presente en toda su obra, no sólo el abandono a los ancianos, sino también lo escasas y superficiales que son las ayudas en su país, o la mala calidad de la asistencia sanitaria pública inglesa; en resumen, nos enseña sin tapujos lo más sórdido del comportamiento humano hacia esos seres tan desvalidos que son los ancianos.
Sin lugar a dudas, "Diario de una buena vecina" es uno de esos libros que no deja indiferente a nadie. Puede que la reacción que tenga mucha gente al leerlo sea de rechazo, ya que hay quien no quiere ver la realidad tan de frente, o bien puede que impulse a llamar a esa abuela a la que no se visita nunca, quién sabe, de lo que estoy segura es de que por lo menos le arrancará un minuto de reflexión sobre ese momento de la vida al que inexorablemente todos llegaremos algún día.
martes, 14 de febrero de 2012
domingo, 12 de febrero de 2012
Me duele Europa
Parafraseando a los autores del 98, y su mítica cita "me duele España", hoy más que nunca tengo que decir que me duele Europa.
Y me duele porque pasa por uno de sus peores momentos desde el final de la II Segunda Guerra Mundial. Estamos asistiendo a acontecimientos históricos que sin duda algún día hará que nos volvamos a nuestros nietos y les digamos, yo lo viví.
Pero también me da miedo por las alas que esta crisis está dando a la derecha más rancia y apolillada. Ya ocurrió otra vez, ya hubo otro momento en el que otra crisis, y otras circunstancias, llevaron al avance imparable de los totalitarismos en sus distintas modalidades. Y todos sabemos como acabó. Sin duda, ahora más que nunca, se hace buena aquella frase de Cánovas del Castillo que decía que hay que conocer bien la Historia para no volver a cometer los errores del pasado.
Es un hecho objetivo que en la mayoría de países de Europa gobiernan partidos de índole conservadora, algo que por si mismo no es malo, ni bueno, simplemente es. El problema viene cuando los conservadores se mezclan con los derechistas más ultras.
Y cuando digo ésto no hablo del gobierno de Mariano Rajoy, ni de España. Este país más que miedo, me da vergüenza, pero de la buena. No voy a hablar de la condena a Garzón (curioso que el primer condenado por una trama de corrupción, sea el juez encargado de enjuiciarla, justo cuando el partido involucrado en la misma ha llegado al poder), ni de la otra Sentencia que tiene pendiente Garzón (de verdad es tan terrible que unos ciudadanos traten de enterran a sus muertos, de cerrar heridas. O será que hay personas que creen que esas heridas están mejor abiertas, o que no quieren saber/reconocer que sus abuelos fueron lo que fueron, o lo que es peor, que los rojos como mejor están es muertos), tampoco voy a hablar de la reforma laboral...
Bueno, si, de la reforma laboral si que voy a hablar:
Sr. Rajoy, así en Tribuna abierta, desde la red, le pregunto ¿en serio considera que la mejor forma de crear empleo es facilitar la manera de destruirlo? ¿no se ha planteado que en lugar de limitar derechos laborales en pro del aumento de poder de la patronal, sería más beneficioso para el país ayudar a la creación de empresas?
La reforma laboral permite, entre otras cosas, flexibilizar los contratos de trabajo, ya sea en horario y/o salario y condiciones. Eso es algo que ya existe en otros países como Alemania, donde se han tratado de salvar puestos de trabajo reducciendo jornadas, pero es que ésto no es Alemania, es España, el país de Rinconete y Cortadillo y El Lazarillo de Tormes, y lo que va a ocurrir es que se va a aprovechar por las empresas para exprimir hasta el infinito a los trabajadores. Porque en España hay mucho paro, pero los que estamos trabajando, estamos haciendo el trabajo de cinco.
Alemania, el destino soñado de muchos españolitos de a pie desde hace décadas. Como si pavimentaran las aceras con ladrillos de oro. Y no es el caso. Bueno, Alemania y recientemente Noruega, donde muchas personas sin cualificación, esos que se han quedado descolgados del "ladrillo" se han marchado en busca de trabajo, y al llegar se han topado con que sin estudios, ni, sobre todo idiomas, no van a ninguna parte.
Allí gobierna la omnipresente Angie, quien parece decidir el destino de nuestras vidas, haciéndolo desde el más absoluto de los desconocimientos, o quien sabe, quiza desde el más absoluto de los sentimientos de superioridad. Pues acabo no criticó a España porque según su opinión teníamos demasiados días de vacaciones. Cómo es posible que se nos ataque por algo así cuando la propia Alemania supera los 30 días laborales de vacaciones anuales, y hay países como Francia que llegan hasta los 43 días hábiles. Pero claro, nosotros somos mediterráneos, y debe ser que valemos menos, o que nuestras vacaciones deben ser menos, para así estar disponibles cuando vengan sus conciudadanos a nuestro país a gastar cuanto menos dinero sea posible, en beber cuanto más sea posible.
Pero el resto de Europa no está mejor. No hablemos ya de Grecia, donde por pagar la deuda contraída por su Estado los ciudadanos se ven abocados a la pobreza, así sin más, como si no valieran nada, como si salvar a los bancos que compraron su deuda soberana, valiera más que sus propias vidas. Y si no, que se salgan del Euro, porque ese es el quiz de la cuestión, el Euro. ¿Soy la única que piensa que todo esto que nos ocurre es un ardiz, porque una Europa fuerte y unida no interesa al resto del mundo?
Lo más curioso es que de Irlanda, Portugal e Italia, ya no se ha vuelto a hablar. Como si no existieran. ¿Les va mal? ¿les va bien? ¿pagan su deuda? ¿la gente come? a saber. Tendremos que esperar al próximo capítulo.
Y luego está Francia. La arrogante Francia, que se creía superior a sus vecinos, y un día de golpe y porrazo le desapareció una A. Ahora celebran elecciones, estoy espectante, puede que nuestros vecinos marquen un cambio de gobierno, o no. Sigo sus elecciones con especial interés, porque, y así vuelvo al tema inicial de esta entrada, el problema principal viene cuando se mezclan los políticos conservadores, con la extrema derecha.
Dentro del gobierno francés, el ministro de Interior, Inmigración y Culto, Claude Guéant, pertenece a ese peligroso grupo que es el fascismo de rancio abolengo. No sólo es racista y xenófogo, e intenta con sus políticas blindar Francia de inmigrantes (ha llegado a remitir circulares a las empresas para que den prioridad a becarios franceses), y además no se oculta, pronunciando abiertamente frases como la publicada en Le Figaro: " A diferencia de los relativistas de izquierda, nosotros pensamos que no todas las civilizaciones valen lo mismo", sino que además, lo que es más triste, Nicolás Sarkozy (hijo de inmigrantes) si gana las próximas elecciones le volverá a nombrar ministro. De hecho, recientemente, delante de Ángela Merkel, defenció la frase de Guéant publicada en Le Figaro, diciendo que era de sentido común.
Y no contentos con eso, la candidata a la presidencia francesa, Marine Le Pen, junto con Martin Graf, uno de los líderes del extremista Partido de la Libertad austriaco, asistió el pasado 27 de enero, en Viena, a una celebración neonazi que conmemoró, con un claro tono festivo, el holocausto judio.
¿Qué le ocurre a Francia? el país de la República basada en la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, el país de la primera declaración de derechos del hombre y del ciudadano, la nación pionera en libertades individuales. ¿Qué futuro le espera a Europa si el primer país que se levantó contra el yugo del absolutismo, cae ahora, a consecuencia de crisis económica, en manos de la ultra derecha?
¿Qué nos quedará al resto?
Y me duele porque pasa por uno de sus peores momentos desde el final de la II Segunda Guerra Mundial. Estamos asistiendo a acontecimientos históricos que sin duda algún día hará que nos volvamos a nuestros nietos y les digamos, yo lo viví.
Pero también me da miedo por las alas que esta crisis está dando a la derecha más rancia y apolillada. Ya ocurrió otra vez, ya hubo otro momento en el que otra crisis, y otras circunstancias, llevaron al avance imparable de los totalitarismos en sus distintas modalidades. Y todos sabemos como acabó. Sin duda, ahora más que nunca, se hace buena aquella frase de Cánovas del Castillo que decía que hay que conocer bien la Historia para no volver a cometer los errores del pasado.
Es un hecho objetivo que en la mayoría de países de Europa gobiernan partidos de índole conservadora, algo que por si mismo no es malo, ni bueno, simplemente es. El problema viene cuando los conservadores se mezclan con los derechistas más ultras.
Y cuando digo ésto no hablo del gobierno de Mariano Rajoy, ni de España. Este país más que miedo, me da vergüenza, pero de la buena. No voy a hablar de la condena a Garzón (curioso que el primer condenado por una trama de corrupción, sea el juez encargado de enjuiciarla, justo cuando el partido involucrado en la misma ha llegado al poder), ni de la otra Sentencia que tiene pendiente Garzón (de verdad es tan terrible que unos ciudadanos traten de enterran a sus muertos, de cerrar heridas. O será que hay personas que creen que esas heridas están mejor abiertas, o que no quieren saber/reconocer que sus abuelos fueron lo que fueron, o lo que es peor, que los rojos como mejor están es muertos), tampoco voy a hablar de la reforma laboral...
Bueno, si, de la reforma laboral si que voy a hablar:
Sr. Rajoy, así en Tribuna abierta, desde la red, le pregunto ¿en serio considera que la mejor forma de crear empleo es facilitar la manera de destruirlo? ¿no se ha planteado que en lugar de limitar derechos laborales en pro del aumento de poder de la patronal, sería más beneficioso para el país ayudar a la creación de empresas?
La reforma laboral permite, entre otras cosas, flexibilizar los contratos de trabajo, ya sea en horario y/o salario y condiciones. Eso es algo que ya existe en otros países como Alemania, donde se han tratado de salvar puestos de trabajo reducciendo jornadas, pero es que ésto no es Alemania, es España, el país de Rinconete y Cortadillo y El Lazarillo de Tormes, y lo que va a ocurrir es que se va a aprovechar por las empresas para exprimir hasta el infinito a los trabajadores. Porque en España hay mucho paro, pero los que estamos trabajando, estamos haciendo el trabajo de cinco.
Alemania, el destino soñado de muchos españolitos de a pie desde hace décadas. Como si pavimentaran las aceras con ladrillos de oro. Y no es el caso. Bueno, Alemania y recientemente Noruega, donde muchas personas sin cualificación, esos que se han quedado descolgados del "ladrillo" se han marchado en busca de trabajo, y al llegar se han topado con que sin estudios, ni, sobre todo idiomas, no van a ninguna parte.
Allí gobierna la omnipresente Angie, quien parece decidir el destino de nuestras vidas, haciéndolo desde el más absoluto de los desconocimientos, o quien sabe, quiza desde el más absoluto de los sentimientos de superioridad. Pues acabo no criticó a España porque según su opinión teníamos demasiados días de vacaciones. Cómo es posible que se nos ataque por algo así cuando la propia Alemania supera los 30 días laborales de vacaciones anuales, y hay países como Francia que llegan hasta los 43 días hábiles. Pero claro, nosotros somos mediterráneos, y debe ser que valemos menos, o que nuestras vacaciones deben ser menos, para así estar disponibles cuando vengan sus conciudadanos a nuestro país a gastar cuanto menos dinero sea posible, en beber cuanto más sea posible.
Pero el resto de Europa no está mejor. No hablemos ya de Grecia, donde por pagar la deuda contraída por su Estado los ciudadanos se ven abocados a la pobreza, así sin más, como si no valieran nada, como si salvar a los bancos que compraron su deuda soberana, valiera más que sus propias vidas. Y si no, que se salgan del Euro, porque ese es el quiz de la cuestión, el Euro. ¿Soy la única que piensa que todo esto que nos ocurre es un ardiz, porque una Europa fuerte y unida no interesa al resto del mundo?
Lo más curioso es que de Irlanda, Portugal e Italia, ya no se ha vuelto a hablar. Como si no existieran. ¿Les va mal? ¿les va bien? ¿pagan su deuda? ¿la gente come? a saber. Tendremos que esperar al próximo capítulo.
Y luego está Francia. La arrogante Francia, que se creía superior a sus vecinos, y un día de golpe y porrazo le desapareció una A. Ahora celebran elecciones, estoy espectante, puede que nuestros vecinos marquen un cambio de gobierno, o no. Sigo sus elecciones con especial interés, porque, y así vuelvo al tema inicial de esta entrada, el problema principal viene cuando se mezclan los políticos conservadores, con la extrema derecha.
Dentro del gobierno francés, el ministro de Interior, Inmigración y Culto, Claude Guéant, pertenece a ese peligroso grupo que es el fascismo de rancio abolengo. No sólo es racista y xenófogo, e intenta con sus políticas blindar Francia de inmigrantes (ha llegado a remitir circulares a las empresas para que den prioridad a becarios franceses), y además no se oculta, pronunciando abiertamente frases como la publicada en Le Figaro: " A diferencia de los relativistas de izquierda, nosotros pensamos que no todas las civilizaciones valen lo mismo", sino que además, lo que es más triste, Nicolás Sarkozy (hijo de inmigrantes) si gana las próximas elecciones le volverá a nombrar ministro. De hecho, recientemente, delante de Ángela Merkel, defenció la frase de Guéant publicada en Le Figaro, diciendo que era de sentido común.
Y no contentos con eso, la candidata a la presidencia francesa, Marine Le Pen, junto con Martin Graf, uno de los líderes del extremista Partido de la Libertad austriaco, asistió el pasado 27 de enero, en Viena, a una celebración neonazi que conmemoró, con un claro tono festivo, el holocausto judio.
¿Qué le ocurre a Francia? el país de la República basada en la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, el país de la primera declaración de derechos del hombre y del ciudadano, la nación pionera en libertades individuales. ¿Qué futuro le espera a Europa si el primer país que se levantó contra el yugo del absolutismo, cae ahora, a consecuencia de crisis económica, en manos de la ultra derecha?
¿Qué nos quedará al resto?
lunes, 23 de enero de 2012
Bloqueo
Tengo un bloqueo. Por desgracia no es algo nuevo.
Cuando terminé mi libro de relatos cortos, ese que anda en busca de editor, comencé una novela. Han pasado casi dos años y apenas he escrito dos folios. Es horrible, la historia está en mi cabeza, sé el final al que quiero llegar, veo a los personajes, el escenario... pero me siento incapaz de plasmarlo sobre la pantalla del ordenador.
Desde que comencé este blog, las entradas que publico aquí son lo único que escribo. Y lo peor es que llevo una semana pensando sobre que escribir, que noticia de la sobrecogedora actualidad que nos está tocando vivir, iba a comentar, y eran tantas las que atraían mi atención, que al final no he escrito sobre ninguna.
Tengo que superar el bloqueo, o terminará afectandome completamente.
Cuando comencé los cursos de relato breve en la Escuela de Escritores de Madrid, el primer ejercicio del primer curso del primer año (cursé tres), consistió precisamente en un ejercicio de desbloqueo, que en aquel momento me sirvió de mucho, puede que tenga que repetir ese ejercicio, quien sabe...
El último ejercicio, del último curso, del último año, consistió en hablar de aquello que nos impulsaba a escribir. En ese ejercicio, plasmé aquello que suponía para mi la Literatura, y hablé de mis eventuales bloqueos. Fue como vomitar todos mis miedos.
Ahora, quiero recuperarlo, y compartirlo, a ver si con eso consigo conjurar a todos mis demonios creativos.
Cuando terminé mi libro de relatos cortos, ese que anda en busca de editor, comencé una novela. Han pasado casi dos años y apenas he escrito dos folios. Es horrible, la historia está en mi cabeza, sé el final al que quiero llegar, veo a los personajes, el escenario... pero me siento incapaz de plasmarlo sobre la pantalla del ordenador.
Desde que comencé este blog, las entradas que publico aquí son lo único que escribo. Y lo peor es que llevo una semana pensando sobre que escribir, que noticia de la sobrecogedora actualidad que nos está tocando vivir, iba a comentar, y eran tantas las que atraían mi atención, que al final no he escrito sobre ninguna.
Tengo que superar el bloqueo, o terminará afectandome completamente.
Cuando comencé los cursos de relato breve en la Escuela de Escritores de Madrid, el primer ejercicio del primer curso del primer año (cursé tres), consistió precisamente en un ejercicio de desbloqueo, que en aquel momento me sirvió de mucho, puede que tenga que repetir ese ejercicio, quien sabe...
El último ejercicio, del último curso, del último año, consistió en hablar de aquello que nos impulsaba a escribir. En ese ejercicio, plasmé aquello que suponía para mi la Literatura, y hablé de mis eventuales bloqueos. Fue como vomitar todos mis miedos.
Ahora, quiero recuperarlo, y compartirlo, a ver si con eso consigo conjurar a todos mis demonios creativos.
Ejercicio 18:
Este año, como último ejercicio del curso de relato avanzado, nos han pedido hacer un ejercicio que se me antoja bastante peculiar. Al hilo del famoso bloqueo de escritor, que yo creo hemos sufrido todos en alguna ocasión, tenemos que hablar del motivo que nos impulsa a escribir.
¿Qué por qué escribo? Esa es una pregunta que yo misma me he formulado en multitud de ocasiones. Sinceramente creo que no tengo respuesta. Supongo que todo comenzó antes siquiera de que yo tuviera conciencia de mi misma. Me crié en una casa rebosante, abarrotada de películas y libros, que a falta de espacio se apilaban en muchas ocasiones por el suelo. Con una madre que leía a todas horas todo lo que caía en sus manos y, un padre cinéfilo que me hacía ver todo tipo de películas, mientras me hablaba de movimientos de cámara y repetía que él habría sido un gran director de cine, de haberlo intentado, claro.
Los libros siempre estuvieron a mi alcance. Nunca me vetaron alguno por su temática o género. Tampoco les habría resultado fácil. El único orden en el que estaban colocados era el del caos más absoluto, no habrían sabido decirme a que estantería no acercarme. Así apenas aprendí a leer, supongo que imitando a mi madre, me dediqué a abrir y leer todos los libros que tenía al alcance de mi altura.
No recuerdo el momento en el que comencé a escribir mis propias historias, pero era muy pequeña. Para mi fue algo natural. Si me gustaba lo que contaban los libros, por qué no empezar a escribirlos yo. Aquello fue mi perdición. Me adentré en un mundo que me atrapó por completo, y del que ya nunca me he podido escapar.
En ocasiones la escritura ha sido mi tabla de salvación, aquello a lo que aferrarme cuando todo lo demás falla, siempre será mi refugio. Pero otras veces también me ha hecho sufrir, como una tortura interior que yo misma me infligiera.
Durante mi adolescencia me hizo ser diferente, con lo que eso conlleva. En el colegio hacía que me castigaran, porque eso implicaba pasar el recreo en la biblioteca, y cuando no lo conseguía me bajaba un libro al patio. Era rara. Además, en lugar de salir con las pocas amigas que tenía, prefería quedarme en casa, atada a aquella primera máquina de escribir que tanto me había costado conseguir. Era una rara aislada. Un día, se me ocurrió enseñar uno de mis relatos a mi profesora de Literatura, no sé muy bien porque lo hice, fue un impulso. A la semana me lo devolvió con algunas correcciones de sintaxis y ortografía (soy profundamente disléxica) y me dijo que a partir de ese día los viernes no habría clase, que en su lugar yo me dedicaría a leer a mis compañeras lo que iba escribiendo. El que gracias a mi no hubiera clase de Literatura los viernes, me hizo un poco más popular.
Al acabar el bachillerato mi profesora, que había trabajado con ahínco para que aprendiera gramática y por fin me había orientado sobre que libros debía leer, me empezó a hablar de los concursos. No sé para que, me he presentado a cientos y nunca que ganado uno. Luego me habló de las editoriales. No sé para que, nunca he publicado nada.
Así me llegó el bloqueo.
Una hoja en blanco es algo terrible. Hay que llenarla con palabras, y que éstas cuenten una historia, y además que sea verosímil, y que haya a quien le interese. Difícil tarea. Los rechazos me llevaron a no tener con que llenar esa hoja en blanco, y mi máquina de escribir enmudeció por años. Para mi desgracia me volví normal.
Fui a la Universidad , hice amigos, salí mucho, me eché novio, empecé a trabajar… Sin más. Sin nada más. Sin la Literatura todo era un inmenso vacío, tanto que hasta dejé de leer. Me dejaba arrastrar por lo que la sociedad que dictaba tenía que hacer, pensar o decir. Me perdí. Aunque supongo que algo quedaba dentro de mi, no en vano me matriculé en Derecho porque era la carrera que habían estudiado todos los escritores que más admiraba, con lo que yo no contaba era que al acabar me tenía que hacer abogado, profesión que mata toda inspiración artística.
Pasaron los años y un día sin darme cuenta volví a leer. “La casa de los espíritus” no es que me parezca un gran libro, pero me devolvió a mi antiguo vicio. Mi madre estaba realmente preocupada porque había dejado de leer, pensó que era lo suficientemente interesante como para engancharme de nuevo. Y así fue. Pero no volví a escribir.
Hace cuatro años en unas clases de inglés pagadas por mi empresa, comencé a hablar con una compañera a la que apenas había prestado atención hasta ese día. Era simpática. En un momento dado el profesor nos hizo la típica pregunta de que hacemos en nuestro tiempo libre, y ella respondió que escribía poesía. Parafraseando a Bogart, aquel fue el comienzo de una gran amistad.
Mi compañera, que curiosamente se llama igual que mi madre, fue la primera en hablarme de las escuelas de escritores, yo ni sabían que existían. Me dio el enlace para la Web de la escuela, y me animó a apuntarme a un curso anual de relato. Casualmente el primer ejercicio que nos mandaron fue de desbloqueo.
Han pasado tres años y desde ese día no he parado de escribir. Creo que ya nunca lo haré. A veces me cuesta encontrar tiempo, y no avanzó todo lo que me gustaría. Compaginarlo con mi vida cotidiana me resulta complicado, pero gratificante a la vez. Me regaño a mi misma el día que no me siento delante del ordenador (pasó ya el tiempo de la máquina de escribir) y trato de escribir al menos una línea.
No sé adonde me llevará esto. Si se quedará en una mera ocupación de mi escaso tiempo libre, o si por el contrario la Literatura llegará un día a lomos de un caballo blanco para salvarme de mi propia vida, quien sabe. Lo que si tengo claro es que no puedo dejarlo porque me resultaría más sencillo dejar de respirar. He llegado a un punto en el que miro a mi alrededor continuamente buscando historias, veo la realidad con otros ojos, todo me parece digno de ser contado.
No sé si algún día ganaré un concurso, publicaré un libro, o quizá alcance ese sueño dorado de ser profesional, pero lo que si sé es que por lo menos lo habré intentado. Puede que no tenga talento suficiente para dedicarme a ésto, no lo sé, pero lo que si tengo claro es que escribir me mantiene viva.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Una cuestión de respeto
Hace un rato he oído en el telediario que el nuevo gobierno de Mariano Rajoy va a eliminar el canon digital. ¿Error o acierto? yo más bien diría que populismo.
La medida de implantar un canon digital, ha sido desde un inicio muy impopular entre determinados sectores de población. Entre todos aquellos que creen que tienen derecho a obtenerlo todo gratis, cuando sólo trataba de regular una novedosa situación, y coordinar la coexistencia de dos derechos, el de los derechos de autor, y el acceso a la cultura.
Supongo que el nuevo gobierno lo habrá hecho para intentar relanzar el consumo de determinados aparatos, abaratándolos de alguna manera. Aunque eso perjudique otras economías, en concreto la de los autores. Es obvio que nadie se convierte en autor, ya sea musical o literario, para hacerse rico, sino como respuesta a una necesidad vital de expresarse, pero como el resto de los trabajadores merecen una remuneración a cambio.
Cuando comenzó la revolución digital y Apple lanzó al mercado el primer MP3, los primeros, y durante mucho tiempo, únicos afectados, fueron los músicos. Comenzó una inagotable descarga ilegal de música por internet. Claro que a ellos siempre les quedan las actuaciones en directo, que también generan derechos a los compositores. Luego les siguio el séptimo arte, es cierto que muchas películas siguen llenando las salas, pero han sido muchos los cines que han tenido que cerrar. A continuación fueron las series de televisión, aunque éstas recaudan dinero con la publicidad en la primera emisión. Tras la llegada del ibook, le ha tocado el turno a la Literatura.
Parece un poema de Berton Bech.
Odio el ibook.
No comprendo como nadie puede leer un libro entero a través de esa pantalla. Es algo inmaterial. Los libros hay que tocarlos, sentirlos, pasar las páginas conforme avanza la historia, y luego depositarlos en una estantería para poder contemplarlo. Por no hablar del inmenso placer que supone bucear en una librería, eso no lo puedes hacer en internet, no es lo mismo.
Quien usa el ibook, no ama la Literatura. Bueno, puede que me haya quedado ya desfasada, quien sabe, o puede que al final el papel resista, el tiempo lo dirá.
Claro que digo lo mismo que de los bestseller (ya les dedicaré una entrada), mientras la gente lea, malo del todo no puede ser. Siempre que el libro que se lea en el ibook, o el ordenador se lea de forma legal.
No es la primera vez que alguien me enseña una carpeta (informática) repleta de títulos pirateados, diciendo mira, que esto a ti te va a gustar. Pero en que cabeza cabe, por Dios. Es como si de alguna manera me estuvieran robando. Y no es porque quiera hacerme rica con la Literatura, tengo más posibilidades de que me toque el gordo de la lotería de Navidad, pero es que un libro supone muchas horas de trabajo de su autor, muchas, y ese trabajo merece ser reconocido y apreciado, y descargárselo ilegalmente supone una terrible falta de respeto hacia el escritor, porque expone que su trabajo no tiene ningún valor.
¿Qué le parecería a todos esos pirateadores que a ellos no les pagaran por su trabajo? si, que fueran todos los días a la oficina, y que al final de mes cuando tuvieran que cobrar la nómina, no les dieran nada, porque total que más da, el trabajo se da gratis.
Es una terrible falta de respeto, que me ofende profundamente.
Hay quien me dice que tienen derecho a acceder a la cultura libremente, es cierto, pero es que existen unos lugares llamados bibliotecas públicas, que parece que ya nadie se acuerda de ellas. Lo único que ocurre es que quieren todo gratis, y sin moverse de casa, da igual que sea música, películas, series de televisión, o libros, da igual todo gratis. Me voy a ir a una tienda a pedir gratis un ordenador nuevo, que tengo derecho porque lo necesito para navegar, a ver que me dicen.
Lo repito es una falta de respeto.
La medida de implantar un canon digital, ha sido desde un inicio muy impopular entre determinados sectores de población. Entre todos aquellos que creen que tienen derecho a obtenerlo todo gratis, cuando sólo trataba de regular una novedosa situación, y coordinar la coexistencia de dos derechos, el de los derechos de autor, y el acceso a la cultura.
Supongo que el nuevo gobierno lo habrá hecho para intentar relanzar el consumo de determinados aparatos, abaratándolos de alguna manera. Aunque eso perjudique otras economías, en concreto la de los autores. Es obvio que nadie se convierte en autor, ya sea musical o literario, para hacerse rico, sino como respuesta a una necesidad vital de expresarse, pero como el resto de los trabajadores merecen una remuneración a cambio.
Cuando comenzó la revolución digital y Apple lanzó al mercado el primer MP3, los primeros, y durante mucho tiempo, únicos afectados, fueron los músicos. Comenzó una inagotable descarga ilegal de música por internet. Claro que a ellos siempre les quedan las actuaciones en directo, que también generan derechos a los compositores. Luego les siguio el séptimo arte, es cierto que muchas películas siguen llenando las salas, pero han sido muchos los cines que han tenido que cerrar. A continuación fueron las series de televisión, aunque éstas recaudan dinero con la publicidad en la primera emisión. Tras la llegada del ibook, le ha tocado el turno a la Literatura.
Parece un poema de Berton Bech.
Odio el ibook.
No comprendo como nadie puede leer un libro entero a través de esa pantalla. Es algo inmaterial. Los libros hay que tocarlos, sentirlos, pasar las páginas conforme avanza la historia, y luego depositarlos en una estantería para poder contemplarlo. Por no hablar del inmenso placer que supone bucear en una librería, eso no lo puedes hacer en internet, no es lo mismo.
Quien usa el ibook, no ama la Literatura. Bueno, puede que me haya quedado ya desfasada, quien sabe, o puede que al final el papel resista, el tiempo lo dirá.
Claro que digo lo mismo que de los bestseller (ya les dedicaré una entrada), mientras la gente lea, malo del todo no puede ser. Siempre que el libro que se lea en el ibook, o el ordenador se lea de forma legal.
No es la primera vez que alguien me enseña una carpeta (informática) repleta de títulos pirateados, diciendo mira, que esto a ti te va a gustar. Pero en que cabeza cabe, por Dios. Es como si de alguna manera me estuvieran robando. Y no es porque quiera hacerme rica con la Literatura, tengo más posibilidades de que me toque el gordo de la lotería de Navidad, pero es que un libro supone muchas horas de trabajo de su autor, muchas, y ese trabajo merece ser reconocido y apreciado, y descargárselo ilegalmente supone una terrible falta de respeto hacia el escritor, porque expone que su trabajo no tiene ningún valor.
¿Qué le parecería a todos esos pirateadores que a ellos no les pagaran por su trabajo? si, que fueran todos los días a la oficina, y que al final de mes cuando tuvieran que cobrar la nómina, no les dieran nada, porque total que más da, el trabajo se da gratis.
Es una terrible falta de respeto, que me ofende profundamente.
Hay quien me dice que tienen derecho a acceder a la cultura libremente, es cierto, pero es que existen unos lugares llamados bibliotecas públicas, que parece que ya nadie se acuerda de ellas. Lo único que ocurre es que quieren todo gratis, y sin moverse de casa, da igual que sea música, películas, series de televisión, o libros, da igual todo gratis. Me voy a ir a una tienda a pedir gratis un ordenador nuevo, que tengo derecho porque lo necesito para navegar, a ver que me dicen.
Lo repito es una falta de respeto.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Poeta sucumbiendo bajo un alud de ollas de acero inoxidable
El singular título que da nombre a esta entrada, corresponde al libro de Manuel de Mágina publicado por la editorial El desván de la memoria.
Recientemente tuve ocasión de acudir a una doble presentación, que correspondía tanto al libro como a la editorial, puesto que se trata de la primera publicación para ambos. La editorial El desván de la memoria, nace del taller literario virtual del mismo nombre, que dirige Ramón Alcaraz desde el año 2003.
Conocí a Ramón hace un par de años, en un curso de redacción de guiones que él mismo impartía a través de la Escuela de escritores Alonso Quijano de Alcazar de San Juan. Posteriormente he acudido a sus cursos de relato breve, en esta ocasión impartidos a través del Taller de Redacción y Escritura Creativa Tomás Gallego, organizado por mi querida amiga, la poetisa Teresa Gallego. Ramón, también fue quien corrigió mi libro de relatos cortos, aún inédito.
Le quería dedicar esta entrada, porque en el discurso de la presentación explicó que el motivo que le había llevado a fundar una editorial era conseguir que de una vez por todas, algunos de los libros de sus alumnos vieran por fin la luz. Nos explicó algo que muchos de los estábamos allí sabíamos, que si no eres comercial no te publican, y no eres comercial porque no eres conocido, y no eres conocido porque no has publicado, y no publicas nada porque no eres conocido... y así hasta el infinito. Parecía la historia de mi vida.
El mercado editorial es una especia de bunker de alta seguridad, al que nadie puede acercarse salvo que ya esté dentro.
Personalmente (que he enviado mi libro a casí 40 editoriales sin resultado), no creo que el hecho de publicar o de no hacerlo, sea sinónimo de mayor o menor calidad. De hecho, leyendo las obras que su publican, y que ganan premios, puede que incluso sea un síntoma inequívoco de calidad literaria. Pero el caso es que algunos lo consiguen y otros no, ¿cuál es la fórmula del éxito? que un editor piense que puede ganar mucho dinero con lo que tú has escrito. Y es que no nos engañemos, la Literatura hace mucho que dejó de ser un arte para convertirse en un negocio.
Sin embargo, todo eso nos deja fuera a muchos autores que amamos este Arte, porque para nosotros si que lo sigue siendo, por encima de cualquier cosa, y que más que pensar o respirar, fabulamos historias.
Las excusas que te dan las editoriales son de lo más variopintas, que si el relato breve no tiene salida en el mercado y les mandes una novela (claro, luego si eso me saco cinco de la chistera), que si no publican libros de relatos de un sólo autor (aunque tú tengas en tu casa publicaciones suyas de un único escritor), que si sólo publican a mujeres muertas (bueno, de momento espero no entrar en ese grupo)... en fin, cualquier cosa, pero debajo de cada carta siempre subyace lo mismo, que no has publicado nada, que no eres conocido, y por tanto nadie va a apostar por ti, y como nadie lo hace vas a seguir siempre en el mismo punto muerto.
Bueno, me olvidaba de mi favorita, las editoriales que cuelgan en su web que por favor, nadie les mande nada por correo electrónico, que solo quieren papel. Vamos a ver, tanta era digital, tanto ibook, y tanta historia y al final me tengo que seguir gastando el dinero en reprografía y correo postal. Y que conste que esto lo dice una ferviente defensora del papel, del libro tradicional, pero eso no obsta para que sepa apreciar las ventajas de determinados aspectos de la tecnología actual.
Por todo ésto, las iniciativas como la de Ramón Alcaraz, que nacen del simple amor a la buena Literatura con mayúsculas, y del deseo de dar conocer esas obras rechazadas por el mercado, pero dignas de la atención de los mejores lectores, son una bocanada de aire fresco dentro de un mundo que hace décadas olvidó sus orígenes artísticos, para dejarse seducir por las mieles del capitalismo.
Ahora solo falta la distribuidora.
Recientemente tuve ocasión de acudir a una doble presentación, que correspondía tanto al libro como a la editorial, puesto que se trata de la primera publicación para ambos. La editorial El desván de la memoria, nace del taller literario virtual del mismo nombre, que dirige Ramón Alcaraz desde el año 2003.
Conocí a Ramón hace un par de años, en un curso de redacción de guiones que él mismo impartía a través de la Escuela de escritores Alonso Quijano de Alcazar de San Juan. Posteriormente he acudido a sus cursos de relato breve, en esta ocasión impartidos a través del Taller de Redacción y Escritura Creativa Tomás Gallego, organizado por mi querida amiga, la poetisa Teresa Gallego. Ramón, también fue quien corrigió mi libro de relatos cortos, aún inédito.
Le quería dedicar esta entrada, porque en el discurso de la presentación explicó que el motivo que le había llevado a fundar una editorial era conseguir que de una vez por todas, algunos de los libros de sus alumnos vieran por fin la luz. Nos explicó algo que muchos de los estábamos allí sabíamos, que si no eres comercial no te publican, y no eres comercial porque no eres conocido, y no eres conocido porque no has publicado, y no publicas nada porque no eres conocido... y así hasta el infinito. Parecía la historia de mi vida.
El mercado editorial es una especia de bunker de alta seguridad, al que nadie puede acercarse salvo que ya esté dentro.
Personalmente (que he enviado mi libro a casí 40 editoriales sin resultado), no creo que el hecho de publicar o de no hacerlo, sea sinónimo de mayor o menor calidad. De hecho, leyendo las obras que su publican, y que ganan premios, puede que incluso sea un síntoma inequívoco de calidad literaria. Pero el caso es que algunos lo consiguen y otros no, ¿cuál es la fórmula del éxito? que un editor piense que puede ganar mucho dinero con lo que tú has escrito. Y es que no nos engañemos, la Literatura hace mucho que dejó de ser un arte para convertirse en un negocio.
Sin embargo, todo eso nos deja fuera a muchos autores que amamos este Arte, porque para nosotros si que lo sigue siendo, por encima de cualquier cosa, y que más que pensar o respirar, fabulamos historias.
Las excusas que te dan las editoriales son de lo más variopintas, que si el relato breve no tiene salida en el mercado y les mandes una novela (claro, luego si eso me saco cinco de la chistera), que si no publican libros de relatos de un sólo autor (aunque tú tengas en tu casa publicaciones suyas de un único escritor), que si sólo publican a mujeres muertas (bueno, de momento espero no entrar en ese grupo)... en fin, cualquier cosa, pero debajo de cada carta siempre subyace lo mismo, que no has publicado nada, que no eres conocido, y por tanto nadie va a apostar por ti, y como nadie lo hace vas a seguir siempre en el mismo punto muerto.
Bueno, me olvidaba de mi favorita, las editoriales que cuelgan en su web que por favor, nadie les mande nada por correo electrónico, que solo quieren papel. Vamos a ver, tanta era digital, tanto ibook, y tanta historia y al final me tengo que seguir gastando el dinero en reprografía y correo postal. Y que conste que esto lo dice una ferviente defensora del papel, del libro tradicional, pero eso no obsta para que sepa apreciar las ventajas de determinados aspectos de la tecnología actual.
Por todo ésto, las iniciativas como la de Ramón Alcaraz, que nacen del simple amor a la buena Literatura con mayúsculas, y del deseo de dar conocer esas obras rechazadas por el mercado, pero dignas de la atención de los mejores lectores, son una bocanada de aire fresco dentro de un mundo que hace décadas olvidó sus orígenes artísticos, para dejarse seducir por las mieles del capitalismo.
Ahora solo falta la distribuidora.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Españoles por el mundo
Parafraseando el título de un programa de televisión, quería plasmar en esta entrada la actual situación que vivimos en nuestro país, y que está llevando a muchos miembros de mi generación a emigrar. Emigrar, si, hay que comenzar a utilizar esa palabra sin tapujos, porque las personas no se están marchando a ver mundo, ni a vivir aventuras, sino a buscar trabajo, y eso es emigración.
No puedo evitar pensar que dentro de la gravedad, es algo que no le viene mal a mucha gente. A aquellos que llamaban sudacas y panchitos (como odio esa expresión) a los sudamericanos, y miran con recelo a su alrededor cada vez que se cruzan con un árabe o un negro, aunque lleven traje y corbata. Los mismos que olvidaron que sus padres y abuelos, se habían tenido que buscar la vida en Alemania, Francia, Argentina, México.... eso pasa por desmemoriados.
Porque como dice el refrán "ni pidas a quien pidio, ni sirvas a quien sirvio". Porque en lugar de convertirnos en tierra de acogida para aquellos que buscan un futuro mejor, haciendo uso de nuestra memoria colectiva, España fue en muchos casos un lugar de recelo y abusos laborales.
Hay quien dice que es que antes los españoles se iban con un contrato, y ahora los inmigrantes no tienen papeles. Mentira. Como familiar de emigrantes, puedo afirmar que se iban con un billete de ida, un conocido que les ayudara los primeros días, y a buscarse la vida. Y quien no me crea, no tiene más que ver la tan manida "Vente pa Alemania, Pepe", para contemplar a un Alfredo Landa escondiéndose de la policía alemana porque no tiene papeles.
Es cierto que desde aquellos tiempos este país ha cambiado mucho, pero eso no justifica que también nos hayamos vuelto amnésicos.
Abandonar tu país en busca de un supuesto futuro mejor, es algo más duro de lo que muchos piensan. No solo implica dejar atrás tu ciudad, tus amigos, tu familia, tu idioma y costumbres, sino que te aboca a un perpetuo desarraigo si el retorno se dilata en el tiempo. No quiero ni pensar, lo que debe suponer dejar como muchos hijos pequeños, con todo un océano por medio.
Mi pareja lleva año y medio en paro, a pesar de ser licenciado universitario, hablar dos idiomas, y tener más de una década de experiencia laboral. Y como él mucha gente. Somos una generación que en un momento tildaron de X, pero que más bien se debería haber bautizado con un signo de interrogación; el símbolo del futuro que nos espera.
Está pensando muy seriamente irse al extranjero, como otros muchos hicieron antes que él, como otros tantos lo harán después. En su caso, es un viaje de ida y vuelta, pues ya vivio la experiencia hace muchos años. Y yo me planteo, ¿cómo sería mi vida en otro lugar? un lugar cuyo idioma desconozco, cuyas costumbres me son ajenas, y en el que sería, no nos engañemos, una ciudadana de segunda. Eso sin contar con el hecho de tener que abandonar mi amado Madrid, mis calles, mis colores, mis olores, mis recuerdos, mi familia... sin una fecha de regreso por obra y gracia de la economía.
Porque no es lo mismo ser un eramus veinteañero que se marcha un año a vivir la fiesta por Europa, que un treinteañero con sensación de derrota cuando apenas le han dejado iniciar la batalla.
Para terminar, quisiera compartir con todos vosotros, un artículo publicado en El País, que me ha enviado esta mañana una buena amiga desde Frankurt, una de esos Españoles por el mundo.
No puedo evitar pensar que dentro de la gravedad, es algo que no le viene mal a mucha gente. A aquellos que llamaban sudacas y panchitos (como odio esa expresión) a los sudamericanos, y miran con recelo a su alrededor cada vez que se cruzan con un árabe o un negro, aunque lleven traje y corbata. Los mismos que olvidaron que sus padres y abuelos, se habían tenido que buscar la vida en Alemania, Francia, Argentina, México.... eso pasa por desmemoriados.
Porque como dice el refrán "ni pidas a quien pidio, ni sirvas a quien sirvio". Porque en lugar de convertirnos en tierra de acogida para aquellos que buscan un futuro mejor, haciendo uso de nuestra memoria colectiva, España fue en muchos casos un lugar de recelo y abusos laborales.
Hay quien dice que es que antes los españoles se iban con un contrato, y ahora los inmigrantes no tienen papeles. Mentira. Como familiar de emigrantes, puedo afirmar que se iban con un billete de ida, un conocido que les ayudara los primeros días, y a buscarse la vida. Y quien no me crea, no tiene más que ver la tan manida "Vente pa Alemania, Pepe", para contemplar a un Alfredo Landa escondiéndose de la policía alemana porque no tiene papeles.
Es cierto que desde aquellos tiempos este país ha cambiado mucho, pero eso no justifica que también nos hayamos vuelto amnésicos.
Abandonar tu país en busca de un supuesto futuro mejor, es algo más duro de lo que muchos piensan. No solo implica dejar atrás tu ciudad, tus amigos, tu familia, tu idioma y costumbres, sino que te aboca a un perpetuo desarraigo si el retorno se dilata en el tiempo. No quiero ni pensar, lo que debe suponer dejar como muchos hijos pequeños, con todo un océano por medio.
Mi pareja lleva año y medio en paro, a pesar de ser licenciado universitario, hablar dos idiomas, y tener más de una década de experiencia laboral. Y como él mucha gente. Somos una generación que en un momento tildaron de X, pero que más bien se debería haber bautizado con un signo de interrogación; el símbolo del futuro que nos espera.
Está pensando muy seriamente irse al extranjero, como otros muchos hicieron antes que él, como otros tantos lo harán después. En su caso, es un viaje de ida y vuelta, pues ya vivio la experiencia hace muchos años. Y yo me planteo, ¿cómo sería mi vida en otro lugar? un lugar cuyo idioma desconozco, cuyas costumbres me son ajenas, y en el que sería, no nos engañemos, una ciudadana de segunda. Eso sin contar con el hecho de tener que abandonar mi amado Madrid, mis calles, mis colores, mis olores, mis recuerdos, mi familia... sin una fecha de regreso por obra y gracia de la economía.
Porque no es lo mismo ser un eramus veinteañero que se marcha un año a vivir la fiesta por Europa, que un treinteañero con sensación de derrota cuando apenas le han dejado iniciar la batalla.
Para terminar, quisiera compartir con todos vosotros, un artículo publicado en El País, que me ha enviado esta mañana una buena amiga desde Frankurt, una de esos Españoles por el mundo.
CONCHA CABALLERO
Las ilusiones perdidas
Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.
No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.
Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.
No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.
En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.
No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.
No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.
martes, 29 de noviembre de 2011
El gordo
He leído que Mariano Rajoy va a tomar posesión de su cargo el 22 de diciembre. Mira por donde, este año la lotería de Navidad nos trae un nuevo Presidente del Gobierno.
Muchos creen que con el cambio de Gobierno, o mejor dicho con el cambio de signo político del Gobierno, vamos a salir de la crisis. Ójala fuera tan sencillo, y no lo digo porque no desearía que fuera así, de verdad desearía que fuera tan fácil, pero hace falta mucho más que un cambio en la dirección del país para que mejore la economía.
Además, durante los ocho años que Rajoy ha estado en la oposición, no ha aportado ninguna solución, no le ha dicho a Zapatero yo haría esto o lo otro, no, simplemente se ha limitado decir no a todo, y a crispar más el ambiente.
Con ésto no estoy diciendo que Zapatero haya gestionado bien la crisis, que va a ser que no, vamos a contribuido bastante a hundirmos más si cabe.
Por otro lado, y aunque es innegable que la economía española está por los suelos, no creo que la cifra de parados sea real, ya que si fuera así habría habido un estallido social, y no me refiero a un 15 M, sino más bien a una revolución. Lo que creo que es tenemos mucha economía sumergida, y mucha picaresca, que nos olvide que estamos en el país de Rinconete y Coradilo.
En fin, que a ver si la lotería de Navidad, este año nos trae algo más que un cambio en el Gobierno.
Muchos creen que con el cambio de Gobierno, o mejor dicho con el cambio de signo político del Gobierno, vamos a salir de la crisis. Ójala fuera tan sencillo, y no lo digo porque no desearía que fuera así, de verdad desearía que fuera tan fácil, pero hace falta mucho más que un cambio en la dirección del país para que mejore la economía.
Además, durante los ocho años que Rajoy ha estado en la oposición, no ha aportado ninguna solución, no le ha dicho a Zapatero yo haría esto o lo otro, no, simplemente se ha limitado decir no a todo, y a crispar más el ambiente.
Con ésto no estoy diciendo que Zapatero haya gestionado bien la crisis, que va a ser que no, vamos a contribuido bastante a hundirmos más si cabe.
Por otro lado, y aunque es innegable que la economía española está por los suelos, no creo que la cifra de parados sea real, ya que si fuera así habría habido un estallido social, y no me refiero a un 15 M, sino más bien a una revolución. Lo que creo que es tenemos mucha economía sumergida, y mucha picaresca, que nos olvide que estamos en el país de Rinconete y Coradilo.
En fin, que a ver si la lotería de Navidad, este año nos trae algo más que un cambio en el Gobierno.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Nos hundimos en el Mediterráneo
El Mare Nostrum, que decían los romanos, es más nostrum que nunca, y es que parece que los paises mediterráneos nos hundimos inexorablemente.
De un tiempo a esta parte no veo la televisión, no leo el periódico, y en la radio solo oigo música, porque en el reino de la inopia soy mucho más féliz. Sin embargo, en los tiempos que corren es imposible mantenerse al margen de todo lo ocurre a nuestro alrededor, y entonces es cuando te deprimes.
Mientras escribo estas líneas mi pareja está viendo un reportaje sobre la II Guerra Mundial, que me está terminando de arreglar el estado de ánimo. Porque los fallecidos eran personas que vivían en Europa, no hace muchos años, y que antes de que estallara llevaban vidas muy parecidas a las nuestras. Mi profesor de economía decía que no hay nada como una guerra para acabar con una crisis económica, y ese pensamiento me da miedo. ¿Cómo acabará todo ésto? solo el tiempo lo sabrá.
Dicen que el s. XX fue el más convulso de la Historia, pero el XXI ha empezado cojonudo.
De un tiempo a esta parte no veo la televisión, no leo el periódico, y en la radio solo oigo música, porque en el reino de la inopia soy mucho más féliz. Sin embargo, en los tiempos que corren es imposible mantenerse al margen de todo lo ocurre a nuestro alrededor, y entonces es cuando te deprimes.
Mientras escribo estas líneas mi pareja está viendo un reportaje sobre la II Guerra Mundial, que me está terminando de arreglar el estado de ánimo. Porque los fallecidos eran personas que vivían en Europa, no hace muchos años, y que antes de que estallara llevaban vidas muy parecidas a las nuestras. Mi profesor de economía decía que no hay nada como una guerra para acabar con una crisis económica, y ese pensamiento me da miedo. ¿Cómo acabará todo ésto? solo el tiempo lo sabrá.
Dicen que el s. XX fue el más convulso de la Historia, pero el XXI ha empezado cojonudo.
lunes, 14 de noviembre de 2011
La Montaña mágica
Hola de nuevo,
He estado más de un mes sin ordenador en casa, así que no he podido escribir nada aquí. Madre mía que mono tenía, jamás pensé que esto de tener un blog me iba a enganchar tanto, estaba deseando volver a "desahogarme" cibernéticamente.
Para celebrar este nuevo comienzo, os dejo una reseña que publiqué hace tiempo en la Web literaria, Mundo Palabras, sobre el libro que da título al blog, la Montaña mágica de Thomas Mann.
La Montaña mágica:
La Montaña mágica, es la gran obra maestra de Thomas Mann, y sin duda alguna una de las cumbres de la narrativa del siglo XX. A Mann le fue concedido el premio Nobel por su primera novela Los Buddenbrook, ya que en aquel momento se concedía a una obre concreta, pese a lo cual la fama internacional le llegó tras la magnífica adaptación al cine, por parte de Visconti, de su novela corta La Muerte en Venecia; sin embargo, ha sido gracias a este libro que su nombre figura con mayúsculas en la historia de la Literatura.
Escrita durante el periodo de entreguerras, pero situada en los años previos a la Primera Guerra Mundial, nos cuenta la historia de Hans Castorp un ingeniero de Munich de familia acomodada, que decide pasar unas vacaciones visitando a su primo Joachim, que aquejado de tuberculosis se encuentra ingresado en un hospital de los Alpes suizos. Una vez allí, los médicos descubren que el propio Hans padece la misma enfermedad, y le recomiendan el ingreso, pasando así a formar parte de la curiosa familia que habita en aquel lugar.
Esta sencilla premisa argumental, no es más que un astuta excusa del autor para situar a los personajes en un entorno que nada aporta al desarrollo de la historia, envueltos por una rutina presa de un sin fin de comidas y reposos envueltos en mantas sobre una chaise longe al aire libre, donde las voces de los protagonistas se convierten en dueños absolutos de la acción.
Durante más de 700 páginas, literalmente oiremos los diálogos entre Joachim y su primo, con los inolvidables Nafta, Septembrini, el señor Alvín… Así en un lugar, con personas procedentes del todo el continente europeo, donde los rusos comen por separado en función de si son ordinarios o refinados, y el arte de envolverse en mantas adquiere dimensiones casi sagradas, se nos irán mostrando las distintas corrientes filosóficas o artísticas, que hacen que la cultura occidental sea lo que es, y no otra cosa, llegando a desgranar que es lo que nos une y nos separa a los distintos europeos como pueblo único.
Sin embargo, este libro encierra una trampa agazapada entre sus últimas páginas, y es que esas personas tan cultivadas, que no tienen nada mejor que hacer que entregarse a interminables diatribas, verán alterado todo su mundo ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, que les obligará a abandonar su aislado refugio y enfrentarse al mundo real.
Con este magistral cambio de registro, Mann le da, en apenas dos hojas, la vuelta al significado completo del libro, mostrándonos que todo aquello que hasta ese momento parecía querer ensalzar, no era sino una feroz crítica de los planteamientos y actitudes que llevaron a la entonces conocida como Gran Guerra.
He estado más de un mes sin ordenador en casa, así que no he podido escribir nada aquí. Madre mía que mono tenía, jamás pensé que esto de tener un blog me iba a enganchar tanto, estaba deseando volver a "desahogarme" cibernéticamente.
Para celebrar este nuevo comienzo, os dejo una reseña que publiqué hace tiempo en la Web literaria, Mundo Palabras, sobre el libro que da título al blog, la Montaña mágica de Thomas Mann.
La Montaña mágica:
La Montaña mágica, es la gran obra maestra de Thomas Mann, y sin duda alguna una de las cumbres de la narrativa del siglo XX. A Mann le fue concedido el premio Nobel por su primera novela Los Buddenbrook, ya que en aquel momento se concedía a una obre concreta, pese a lo cual la fama internacional le llegó tras la magnífica adaptación al cine, por parte de Visconti, de su novela corta La Muerte en Venecia; sin embargo, ha sido gracias a este libro que su nombre figura con mayúsculas en la historia de la Literatura.
Escrita durante el periodo de entreguerras, pero situada en los años previos a la Primera Guerra Mundial, nos cuenta la historia de Hans Castorp un ingeniero de Munich de familia acomodada, que decide pasar unas vacaciones visitando a su primo Joachim, que aquejado de tuberculosis se encuentra ingresado en un hospital de los Alpes suizos. Una vez allí, los médicos descubren que el propio Hans padece la misma enfermedad, y le recomiendan el ingreso, pasando así a formar parte de la curiosa familia que habita en aquel lugar.
Esta sencilla premisa argumental, no es más que un astuta excusa del autor para situar a los personajes en un entorno que nada aporta al desarrollo de la historia, envueltos por una rutina presa de un sin fin de comidas y reposos envueltos en mantas sobre una chaise longe al aire libre, donde las voces de los protagonistas se convierten en dueños absolutos de la acción.
Durante más de 700 páginas, literalmente oiremos los diálogos entre Joachim y su primo, con los inolvidables Nafta, Septembrini, el señor Alvín… Así en un lugar, con personas procedentes del todo el continente europeo, donde los rusos comen por separado en función de si son ordinarios o refinados, y el arte de envolverse en mantas adquiere dimensiones casi sagradas, se nos irán mostrando las distintas corrientes filosóficas o artísticas, que hacen que la cultura occidental sea lo que es, y no otra cosa, llegando a desgranar que es lo que nos une y nos separa a los distintos europeos como pueblo único.
Sin embargo, este libro encierra una trampa agazapada entre sus últimas páginas, y es que esas personas tan cultivadas, que no tienen nada mejor que hacer que entregarse a interminables diatribas, verán alterado todo su mundo ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, que les obligará a abandonar su aislado refugio y enfrentarse al mundo real.
Con este magistral cambio de registro, Mann le da, en apenas dos hojas, la vuelta al significado completo del libro, mostrándonos que todo aquello que hasta ese momento parecía querer ensalzar, no era sino una feroz crítica de los planteamientos y actitudes que llevaron a la entonces conocida como Gran Guerra.
martes, 4 de octubre de 2011
Hasta el moño de la crisis
Estoy, como se suele decir, hasta el moño de la crisis. Y no es por las noticias que nos llegan día si, y día también, para decirnos lo mal que va todo, es que la gente que conozco no para de quedarse en paro.
Si la gente no tiene trabajo, no puede consumir, y por tanto el comercio se resiente, lo que acarrea más despidos, y más gente sin dinero, e hipotecas sin pagar, e industrias sin demanda... y así estamos en una espiral sin fin, que nos va a llevar a todos al desastre más absoluto.
Hoy tres personas, me han comunicado que se han quedado en paro. Estoy deseando que alguien me llame para darme una buena noticia, claro que al paso que vamos, las buenas noticias las van a catalogar como especie en peligro de extinción, junto con los linces ibéricos.
Este blog, iba a ser un blog literario. Jamás pensé que la economía, la actualidad, la vida sin más, iba a irrumpir como lo ha hecho.
Llevo un año y tres meses sin escribir una sola línea, justo desde el momento en el que la persona que comparte mi vida perdió su trabajo tras 10 años dejándose la piel en un banco, justo los mismos que llevamos juntos. Ese bloqueo era lo que quería conjurar. Desahogarme, para poder volver a crear. Parece que será un proceso largo y difícil.
Acabo de leer en un blog, que me ha remitido un compañero aspirante a escritor (somos tantos, ¿verdad?), una entrada muy curiosa titulada " Consejos para escritores noveles", no descubre nada nuevo para aquellos que llevamos años dándole a la tecla, aunque sea sin ningún resultado, pero uno de ellos me ha llamado la atención: escribe un blog, decía, te ayudará a conjurar los malos espíritus. Veo que no soy la única.
Este año se acaba, ¿qué nos deparará el 2012? quien sabe, solo esperemos que por lo menos el mundo no vaya a peor. Que cuando estemos peor, estemos como ahora.
Si la gente no tiene trabajo, no puede consumir, y por tanto el comercio se resiente, lo que acarrea más despidos, y más gente sin dinero, e hipotecas sin pagar, e industrias sin demanda... y así estamos en una espiral sin fin, que nos va a llevar a todos al desastre más absoluto.
Hoy tres personas, me han comunicado que se han quedado en paro. Estoy deseando que alguien me llame para darme una buena noticia, claro que al paso que vamos, las buenas noticias las van a catalogar como especie en peligro de extinción, junto con los linces ibéricos.
Este blog, iba a ser un blog literario. Jamás pensé que la economía, la actualidad, la vida sin más, iba a irrumpir como lo ha hecho.
Llevo un año y tres meses sin escribir una sola línea, justo desde el momento en el que la persona que comparte mi vida perdió su trabajo tras 10 años dejándose la piel en un banco, justo los mismos que llevamos juntos. Ese bloqueo era lo que quería conjurar. Desahogarme, para poder volver a crear. Parece que será un proceso largo y difícil.
Acabo de leer en un blog, que me ha remitido un compañero aspirante a escritor (somos tantos, ¿verdad?), una entrada muy curiosa titulada " Consejos para escritores noveles", no descubre nada nuevo para aquellos que llevamos años dándole a la tecla, aunque sea sin ningún resultado, pero uno de ellos me ha llamado la atención: escribe un blog, decía, te ayudará a conjurar los malos espíritus. Veo que no soy la única.
Este año se acaba, ¿qué nos deparará el 2012? quien sabe, solo esperemos que por lo menos el mundo no vaya a peor. Que cuando estemos peor, estemos como ahora.
domingo, 25 de septiembre de 2011
El día del juicio mortal
Acabo de terminar de leer el último libro de Charlaine Harris, "El día del juicio mortal", que hace el número once de la saga de los libros de Sookie Stackhouse, y que ha inspirado la serie de televisión True blood.
SPOILER:
En este nuevo libro nos encontramos a Sookie viviendo con su primo Claude, y su tío abuelo Dermot, que se han mudado con ella después que Niall sellara el mundo feérico. Según dicen, es porque se han quedado solos y necesitan la cercanía a otras hadas. Huumm ¿tiene Claude algún plan oculto? en este libro se insinua, pero no lo desvela, habrá que esperar al siguiente.
Por otro lado, el antes loco Dermot, es ahora una amable persona que solo quiere vivir con su sobrina. ¿Otro plan oculto? en este caso creo que no.
Además, Sookie descubre que en el Hooligans, el bar de Claude, se han reuniendo todas las criaturas feéricas (descubrimos que solo hay hadas, también están los siniestros elfos) que se han quedado fuera de su mundo. ¿Eso es por qué realmente necesitan estar juntas o por qué traman algo? nuevamente habrá que esperar al siguiente libro.
Fiel a su tradición durante los diez libros anteriores, Harris habre interrogantes que no responde, para dejarnos con la miel en los labios, y abalanzarnos a la siguiente entrega según se publique.
Pero si que descubrimos algo nuevo. El señor Cataliades, al que conocimos en libros anteriores por ser el abogado, medio demonio, de la reina vampira de Louisiana, resulta que era también íntimo amigo del abuelo de Sookie (el de verdad, Fintan el hada), y visitó al nacer tanto al padre y la tía de Sookie, así como a ella misma y su hermano Jason. ¿Qué buscaba?, pues parece ser que algunos humanos al nacer tienen algo llamado chispa esencial, que les permite tener más sensibilidad hacia el mundo sobrenatural. La abuela de Sookie la tenía, y era herencia es lo que Cataliades buscaba, porque hizo un regalo a Fintan, aquel de sus descendientes medio humanos que tuvieran la chispa esencial, heredaría la capacidad de ser telépata, capacidad que no procede de las hadas, sino del propio Cataliades. Así descubrimos que el don de Sookie, no procede de su herencia como hada, sino de un regalo de un demonio al nacer. También entendemos como Niall y el resto de hadas de su familia, no se han puesto en contacto con Jason, él no posee la chispa esencial, y por tanto, no es interesante desde su punto de vista.
En el lado de las tramas vampíricas, Eric sigue tirándose a Sookie (en este libro sólo hay un polvo salvaje, ¿se estará volviendo la Harris mayor?), pero tienen problemas con el lugarteniente del nuevo rey vampiro Felipe de Castro. Así que resumiendo mucho, deciden cargárselo, protagonizando todos en Fangtasia una de esas escenas de violencia que tanto gustan a la autora. Sookie acaba horrorizada... vamos a ver, si en cada libro hay al menos un par de esas escenas, si tenía que estar ya curada de espanto. En fin... americanos sureños.
También descubrimos que el creador de Eric, Apio Ocella, antes de morir arregló el matrimonio entre Eric y la reina de Oklahoma, y Eric se ve obligado por las leyes vampíricas a casarse con ella, y por tanto anular su matrimonio con Sookie. Lo deja así en el aire, ¿cómo acabará? nuevamente habrá que esperar al siguiente libro (esto empieza a parecer la Historia Interminable, ya sabeis "esto es otra historia y deberá ser contada en otro momento"). Lo mejor es que Sookie, que gracias a la magia de Amelia ha conseguido romper el vínculo de sangre con Eric, se entera por Pam, lo que refuerza su amistad. Me gusta mucha su amistad.
Hay una escena que no quiero dejar de mencionar, y es que en un momento en que Sookie huye de unos matones mandados por Sandra Pelt (si, otra vez los Pelt, pero vamos en este libro ya los liquida para siempre), se refugia en casa de Bill. Como llueve, y para no dejar rastros de agua, se quita la ropa, y se mete así, como vino al mundo, en la guarida diurna del vampiro, que claro cuando despierta se la encuentra desnuda y a su lado. ¿¿¿??? vamos a ver, vamos a ver, Señora Harris, ¿a qué viene ésto? se supone que el triángulo Bill, Sookie, Eric, lo habíamos dejado atrás hace varios libros. No volvamos locos a los lectores. Además, ya sabemos que los seguidores de la serie de TV, que no saben de la misa a la media, porque la serie va por el cuarto libro y no saben lo que pasa a continuación, a lo que hay que sumar la manipulación que están haciendo los guionistas de la trama, son muy pro-Bill, pero los que leemos los libros, y sabemos toda la historia, somos por-Eric. Vale que últimamente Bill ha remediado un poco sus pecados, se ha disculpado mil veces, y parece que nos vuelve a caer bien, pero vamos que no nos vuelvan locos.
Para terminar, comentar algo que creo adivinar como lo va a desarrollar la autora en los próximos libros. Oculto en un mueble viejo de su desván, Sookie descubre un cludiel dor, un regalo de Fintan a su abuela. Cataliades la cuenta que es un objeto muy raro, creado por la magia de las hadas, que se suele regalar a los enamorados. Permite que se cumpla un único deseo, relacionado con el amor. ¿Cuánto nos jugamos a que Sookie acaba pidiendo que Eric vuelva a ser humano? así podrán envejecer juntos, y ser felices. Porque para vivir el resto de la eternidad juntos, bastaba con perdirle a Eric que la haga vampiro (vamos lo que había pedido yo, hace ya como siete libros), pero me da en la nariz que la autora, no es tan pro vampiro como yo (como me gustaría vivir para siempre, no envejecer... creo que he leido demasidos libros de vampiros, jeje) y va por esos derroteros. Ya veremos.
SPOILER:
En este nuevo libro nos encontramos a Sookie viviendo con su primo Claude, y su tío abuelo Dermot, que se han mudado con ella después que Niall sellara el mundo feérico. Según dicen, es porque se han quedado solos y necesitan la cercanía a otras hadas. Huumm ¿tiene Claude algún plan oculto? en este libro se insinua, pero no lo desvela, habrá que esperar al siguiente.
Por otro lado, el antes loco Dermot, es ahora una amable persona que solo quiere vivir con su sobrina. ¿Otro plan oculto? en este caso creo que no.
Además, Sookie descubre que en el Hooligans, el bar de Claude, se han reuniendo todas las criaturas feéricas (descubrimos que solo hay hadas, también están los siniestros elfos) que se han quedado fuera de su mundo. ¿Eso es por qué realmente necesitan estar juntas o por qué traman algo? nuevamente habrá que esperar al siguiente libro.
Fiel a su tradición durante los diez libros anteriores, Harris habre interrogantes que no responde, para dejarnos con la miel en los labios, y abalanzarnos a la siguiente entrega según se publique.
Pero si que descubrimos algo nuevo. El señor Cataliades, al que conocimos en libros anteriores por ser el abogado, medio demonio, de la reina vampira de Louisiana, resulta que era también íntimo amigo del abuelo de Sookie (el de verdad, Fintan el hada), y visitó al nacer tanto al padre y la tía de Sookie, así como a ella misma y su hermano Jason. ¿Qué buscaba?, pues parece ser que algunos humanos al nacer tienen algo llamado chispa esencial, que les permite tener más sensibilidad hacia el mundo sobrenatural. La abuela de Sookie la tenía, y era herencia es lo que Cataliades buscaba, porque hizo un regalo a Fintan, aquel de sus descendientes medio humanos que tuvieran la chispa esencial, heredaría la capacidad de ser telépata, capacidad que no procede de las hadas, sino del propio Cataliades. Así descubrimos que el don de Sookie, no procede de su herencia como hada, sino de un regalo de un demonio al nacer. También entendemos como Niall y el resto de hadas de su familia, no se han puesto en contacto con Jason, él no posee la chispa esencial, y por tanto, no es interesante desde su punto de vista.
En el lado de las tramas vampíricas, Eric sigue tirándose a Sookie (en este libro sólo hay un polvo salvaje, ¿se estará volviendo la Harris mayor?), pero tienen problemas con el lugarteniente del nuevo rey vampiro Felipe de Castro. Así que resumiendo mucho, deciden cargárselo, protagonizando todos en Fangtasia una de esas escenas de violencia que tanto gustan a la autora. Sookie acaba horrorizada... vamos a ver, si en cada libro hay al menos un par de esas escenas, si tenía que estar ya curada de espanto. En fin... americanos sureños.
También descubrimos que el creador de Eric, Apio Ocella, antes de morir arregló el matrimonio entre Eric y la reina de Oklahoma, y Eric se ve obligado por las leyes vampíricas a casarse con ella, y por tanto anular su matrimonio con Sookie. Lo deja así en el aire, ¿cómo acabará? nuevamente habrá que esperar al siguiente libro (esto empieza a parecer la Historia Interminable, ya sabeis "esto es otra historia y deberá ser contada en otro momento"). Lo mejor es que Sookie, que gracias a la magia de Amelia ha conseguido romper el vínculo de sangre con Eric, se entera por Pam, lo que refuerza su amistad. Me gusta mucha su amistad.
Hay una escena que no quiero dejar de mencionar, y es que en un momento en que Sookie huye de unos matones mandados por Sandra Pelt (si, otra vez los Pelt, pero vamos en este libro ya los liquida para siempre), se refugia en casa de Bill. Como llueve, y para no dejar rastros de agua, se quita la ropa, y se mete así, como vino al mundo, en la guarida diurna del vampiro, que claro cuando despierta se la encuentra desnuda y a su lado. ¿¿¿??? vamos a ver, vamos a ver, Señora Harris, ¿a qué viene ésto? se supone que el triángulo Bill, Sookie, Eric, lo habíamos dejado atrás hace varios libros. No volvamos locos a los lectores. Además, ya sabemos que los seguidores de la serie de TV, que no saben de la misa a la media, porque la serie va por el cuarto libro y no saben lo que pasa a continuación, a lo que hay que sumar la manipulación que están haciendo los guionistas de la trama, son muy pro-Bill, pero los que leemos los libros, y sabemos toda la historia, somos por-Eric. Vale que últimamente Bill ha remediado un poco sus pecados, se ha disculpado mil veces, y parece que nos vuelve a caer bien, pero vamos que no nos vuelvan locos.
Para terminar, comentar algo que creo adivinar como lo va a desarrollar la autora en los próximos libros. Oculto en un mueble viejo de su desván, Sookie descubre un cludiel dor, un regalo de Fintan a su abuela. Cataliades la cuenta que es un objeto muy raro, creado por la magia de las hadas, que se suele regalar a los enamorados. Permite que se cumpla un único deseo, relacionado con el amor. ¿Cuánto nos jugamos a que Sookie acaba pidiendo que Eric vuelva a ser humano? así podrán envejecer juntos, y ser felices. Porque para vivir el resto de la eternidad juntos, bastaba con perdirle a Eric que la haga vampiro (vamos lo que había pedido yo, hace ya como siete libros), pero me da en la nariz que la autora, no es tan pro vampiro como yo (como me gustaría vivir para siempre, no envejecer... creo que he leido demasidos libros de vampiros, jeje) y va por esos derroteros. Ya veremos.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Septiembre
Este mes de septiembre está siendo muy raro para mi. Normalmente soy una persona extraordinariamente optimista, que siempre ve el lado positivo de las cosas, como si jugara permanentemente al juego de la alegría de Pollyanna, lo que me permite en la mayoría de las ocasiones encarar la vida con una sonrisa.
Pero ahora es diferente. Estoy triste, y es un estado de ánimo tan inusual en mi, que no sé como encararlo. Diversos problemas de salud a mi alrededor, que no vienen al caso enumerar, unido al estado general del mundo, hace que por primera vez en mi vida encuentre pocas cosas por las que estar alegre.
Mi madre dice que es porque pertenezco a una generación que nunca ha tenido problemas reales, que hemos crecido teniendo de todo, y con todas las oportunidades al alcance de nuestras manos. Y que por eso, la situación que vivimos actualmente nos desborda emocionalmente. No sé si será porque mi madre está en lo cierto, o porque odio la incertidumbre que rodea desde hace meses nuestras vidas, que se acredienta semana a semana, pero miro el futuro con unos ojos que parecen ajenos a mi.
En febrero de no recuerdo si hace dos o tres años (lo siento, siempre he tenido muy mala memoria temporal) falleció de repente un primo mío a la edad de 35 años. Tuvo un infarto que le hizo fallecer en el acto. Aquello fue muy duro, no solo por el terrible hecho que supone perder a una persona querida, con la que has crecido, sino también porque me supuso por primera vez, tener concienza certera, tangible, inequívoca, de la absoluta fugacidad de la vida.
Polvo eres, y en polvo te convertirás.
Y siento como esa vida limitada se me escapa entre los dedos. Tengo 33 años, en enero cumpliré 34, y ¿qué tengo?: una casa que no es mía, y que no se me permite decorar porque se supone que pese a llevar aquí viviendo 4 años es un acomododo temporal. Sin por supuesto perspectivas de poder acceder a una vivienda propia (cuando teníamos dinero y trabajo, estaba el boom, ahora que bajan los precios, no tenemos dinero ni trabajo). Una pareja que lleva más de un año en paro, y que ya tiene planes para irse a trabajar al extranjero (por lo menos se quedaría en Europa. No hago más que pensar que los sudamericanos que dejan a sus familias al otro lado del mundo, y pasan años sin verlos. Ahora entiendo lo duro que resulta), se me parte el alma cada vez que lo pienso. Y si bueno, yo tengo un buen puesto de trabajo, en lo mío como se suele decir, ejerciendo la profesión para la que estudie, y en una empresa en la que me siento valorada, pero ya nada es eterno, en un segundo todo cambia, el mundo se derrumba a tu alrededor, la empresa puede empezar a ir mal, y todo a la porra.
En cuanto me quiera dar cuenta tendré 40 años, y me veo ... mejor no pensarlo.
Ya ni siquiera me queda la Literatura, que era mi eterno salvavidas. Hace meses que no escribo una palabra, no sé si es un bloqueo, o la vida me ha matado la inspiración. Ah, y nadie quiere publicar mi libro, claro, que quién iba a querer publicar con la que está cayendo un libro de relatos de una autora desconocida, y que seamos francos, a lo mejor es que no tiene talendo ninguno.
Tras escribir estas palabras, asoma tenuemente ni antiguo yo, y me recuerda, que tengo una familia estupenda, y un montón de amigos. Supongo que no todo es tan malo a mi alrededor.
Por otro lado, hoy en leído en un periódico digital, que Grecia ha presentado de una vez quiebra. ¿Es el principio del fin de Europa? Hasta este año no había sido consciente de lo mucho que la economía influía en nuestras vidas. Tengo 33 años y quisiera tener un bebé, pero si tengo a mi pareja en el extranjero, y la puta economía no se recupera, ¿será posible? bueno, mi suegra (berlinesa) nació en pleno bombardeo aliado, supongo que a todo se puede sobrevivir.
Pero ahora es diferente. Estoy triste, y es un estado de ánimo tan inusual en mi, que no sé como encararlo. Diversos problemas de salud a mi alrededor, que no vienen al caso enumerar, unido al estado general del mundo, hace que por primera vez en mi vida encuentre pocas cosas por las que estar alegre.
Mi madre dice que es porque pertenezco a una generación que nunca ha tenido problemas reales, que hemos crecido teniendo de todo, y con todas las oportunidades al alcance de nuestras manos. Y que por eso, la situación que vivimos actualmente nos desborda emocionalmente. No sé si será porque mi madre está en lo cierto, o porque odio la incertidumbre que rodea desde hace meses nuestras vidas, que se acredienta semana a semana, pero miro el futuro con unos ojos que parecen ajenos a mi.
En febrero de no recuerdo si hace dos o tres años (lo siento, siempre he tenido muy mala memoria temporal) falleció de repente un primo mío a la edad de 35 años. Tuvo un infarto que le hizo fallecer en el acto. Aquello fue muy duro, no solo por el terrible hecho que supone perder a una persona querida, con la que has crecido, sino también porque me supuso por primera vez, tener concienza certera, tangible, inequívoca, de la absoluta fugacidad de la vida.
Polvo eres, y en polvo te convertirás.
Y siento como esa vida limitada se me escapa entre los dedos. Tengo 33 años, en enero cumpliré 34, y ¿qué tengo?: una casa que no es mía, y que no se me permite decorar porque se supone que pese a llevar aquí viviendo 4 años es un acomododo temporal. Sin por supuesto perspectivas de poder acceder a una vivienda propia (cuando teníamos dinero y trabajo, estaba el boom, ahora que bajan los precios, no tenemos dinero ni trabajo). Una pareja que lleva más de un año en paro, y que ya tiene planes para irse a trabajar al extranjero (por lo menos se quedaría en Europa. No hago más que pensar que los sudamericanos que dejan a sus familias al otro lado del mundo, y pasan años sin verlos. Ahora entiendo lo duro que resulta), se me parte el alma cada vez que lo pienso. Y si bueno, yo tengo un buen puesto de trabajo, en lo mío como se suele decir, ejerciendo la profesión para la que estudie, y en una empresa en la que me siento valorada, pero ya nada es eterno, en un segundo todo cambia, el mundo se derrumba a tu alrededor, la empresa puede empezar a ir mal, y todo a la porra.
En cuanto me quiera dar cuenta tendré 40 años, y me veo ... mejor no pensarlo.
Ya ni siquiera me queda la Literatura, que era mi eterno salvavidas. Hace meses que no escribo una palabra, no sé si es un bloqueo, o la vida me ha matado la inspiración. Ah, y nadie quiere publicar mi libro, claro, que quién iba a querer publicar con la que está cayendo un libro de relatos de una autora desconocida, y que seamos francos, a lo mejor es que no tiene talendo ninguno.
Tras escribir estas palabras, asoma tenuemente ni antiguo yo, y me recuerda, que tengo una familia estupenda, y un montón de amigos. Supongo que no todo es tan malo a mi alrededor.
Por otro lado, hoy en leído en un periódico digital, que Grecia ha presentado de una vez quiebra. ¿Es el principio del fin de Europa? Hasta este año no había sido consciente de lo mucho que la economía influía en nuestras vidas. Tengo 33 años y quisiera tener un bebé, pero si tengo a mi pareja en el extranjero, y la puta economía no se recupera, ¿será posible? bueno, mi suegra (berlinesa) nació en pleno bombardeo aliado, supongo que a todo se puede sobrevivir.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Moderna de pueblo
El otro día estuve leyendo un comic, "Moderna de pueblo", que me hizo reir con ganas, algo que les aseguro tiene mucho mérito, pues una es seria como solo podemos serlo los castellanos.
Este comic cuenta las andanzas de una chica de pueblo que se muda a la gran ciudad (no dicen cual, pero creo que se trata de Barcelona), y todo su empeño es que no se la note que es de pueblo. Me hizo mucha gracias porque muestra detalles sobre la vida en las ciudades, que a aquellos que nacimos en una, se nos escapan por completo, amen de señalar pequeños vicios de los que se han mudado a una, habiendo nacido en un lugar más pequeño.
Por ejemplo, da el consejo de que cuando te pregunten de donde eres digas la provincia, no el pueblo, porque nadie lo va a conocer. O se muestra a si misma saliendo por la boca de metro equivacada, porque no sabía que podía haber varias.
Un amiga mía de Bilbao, siempre cuenta que cuando se vino a vivir a Madrid, le sorprendía como los madrileños le decían, "si está ahí al lado", para señalar lugares que a ella le parecían que estaban lejísimos. Comenta que lo que más le costó, fue aprender a relativizar las distancias. Otro amigo de Valencia, dice que a él le estrañaba que la ciudad nunca se acabara, que detrás de unos edificios, siempre había otros, e inconscientemente buscaba el mar en el horizonte.
Los que hemos nacido en grandes ciudades, yo creo que nunca nos planteamos estos temas. Para nosotros todo es natural y siempre ha sido así. Además, estamos tan acostumbrados a conocer gente de fuera que se ha mudado aquí, que tampoco nos llama la atención. Jamás, pensé que para ellos era un gran cambio, que tuvieran que cambiar costumbres, y amoldarse a nuestra forma de comportarnos para pasar desapercibidos.
En el comic, la protagonista se lanza a la aventura de aprovechar la máximo las oportunidades (de ocio) de la ciudad. Sobre todo las moderneces. Jamás pensé que una ciudad española hubiera tantas cosas, si parecía NY (de hecho, por momentos parecía Sexo en NY). Será cuestión de salir más, aunque una no es especialmente moderna, sino más bien del montón, tirando a bohemia.
Al final, la ciudad se le queda pequeña y se muda Londres. Que envidia. Supongo que el siguiente paso será NY. Son dos ciudades, que a una servidora, urbanita militante, siempre le han fascinado.
Hubo muchos otros detalles que me hicieron reir, como la protagonista y un amigo en la cola de un cine de reposición, cantando, Movirecord, que nostalgia.
Por cierto, de toda la fauna y flora urbanita que muestra, yo sería el amigo/a cultureta jajaja. Si hasta la lleva a un cine de versión original, no me pude sentir más identificada.
Este comic cuenta las andanzas de una chica de pueblo que se muda a la gran ciudad (no dicen cual, pero creo que se trata de Barcelona), y todo su empeño es que no se la note que es de pueblo. Me hizo mucha gracias porque muestra detalles sobre la vida en las ciudades, que a aquellos que nacimos en una, se nos escapan por completo, amen de señalar pequeños vicios de los que se han mudado a una, habiendo nacido en un lugar más pequeño.
Por ejemplo, da el consejo de que cuando te pregunten de donde eres digas la provincia, no el pueblo, porque nadie lo va a conocer. O se muestra a si misma saliendo por la boca de metro equivacada, porque no sabía que podía haber varias.
Un amiga mía de Bilbao, siempre cuenta que cuando se vino a vivir a Madrid, le sorprendía como los madrileños le decían, "si está ahí al lado", para señalar lugares que a ella le parecían que estaban lejísimos. Comenta que lo que más le costó, fue aprender a relativizar las distancias. Otro amigo de Valencia, dice que a él le estrañaba que la ciudad nunca se acabara, que detrás de unos edificios, siempre había otros, e inconscientemente buscaba el mar en el horizonte.
Los que hemos nacido en grandes ciudades, yo creo que nunca nos planteamos estos temas. Para nosotros todo es natural y siempre ha sido así. Además, estamos tan acostumbrados a conocer gente de fuera que se ha mudado aquí, que tampoco nos llama la atención. Jamás, pensé que para ellos era un gran cambio, que tuvieran que cambiar costumbres, y amoldarse a nuestra forma de comportarnos para pasar desapercibidos.
En el comic, la protagonista se lanza a la aventura de aprovechar la máximo las oportunidades (de ocio) de la ciudad. Sobre todo las moderneces. Jamás pensé que una ciudad española hubiera tantas cosas, si parecía NY (de hecho, por momentos parecía Sexo en NY). Será cuestión de salir más, aunque una no es especialmente moderna, sino más bien del montón, tirando a bohemia.
Al final, la ciudad se le queda pequeña y se muda Londres. Que envidia. Supongo que el siguiente paso será NY. Son dos ciudades, que a una servidora, urbanita militante, siempre le han fascinado.
Hubo muchos otros detalles que me hicieron reir, como la protagonista y un amigo en la cola de un cine de reposición, cantando, Movirecord, que nostalgia.
Por cierto, de toda la fauna y flora urbanita que muestra, yo sería el amigo/a cultureta jajaja. Si hasta la lleva a un cine de versión original, no me pude sentir más identificada.
martes, 6 de septiembre de 2011
El fin del mundo
Hoy los titulares de los periódicos, decían que el temor ante una quiebra de Grecia, hacía caer de nuevo los mercados, y amenazaba con haber una nueva recesión.
Todo son buenas noticias.
Llevo unos días en los que me he refugiado en mi burbujita, huyendo del mundanal ruido, sin que nada me perturbe. ¿Por qué? porque parece que estemos a las puertas del fin del mundo. No quiero ver el telediario, ni leer los periódicos, ni hablar con nadie de la actualidad. Si por casualidad enciendo la televisión y sale por ejemplo, un político, cambio inmediatamente de canal.
Si te abstraes de las noticias, ves que el mundo continúa, que no se ha detenido en ningún instante. Que en los bares hay gente, en los parques niños, que la vida sigue, mal que pese a muchos. Sin embargo, unos pocos se empeñan en que pensemos lo contrario, y lo que es más, como según su parecer estamos mal, no van a parar hasta que lo estemos realmente, hasta conseguir vernos donde quieren, hundidos.
Estoy harta, a partir de ahora buscadme en mi burbuja.
Todo son buenas noticias.
Llevo unos días en los que me he refugiado en mi burbujita, huyendo del mundanal ruido, sin que nada me perturbe. ¿Por qué? porque parece que estemos a las puertas del fin del mundo. No quiero ver el telediario, ni leer los periódicos, ni hablar con nadie de la actualidad. Si por casualidad enciendo la televisión y sale por ejemplo, un político, cambio inmediatamente de canal.
Si te abstraes de las noticias, ves que el mundo continúa, que no se ha detenido en ningún instante. Que en los bares hay gente, en los parques niños, que la vida sigue, mal que pese a muchos. Sin embargo, unos pocos se empeñan en que pensemos lo contrario, y lo que es más, como según su parecer estamos mal, no van a parar hasta que lo estemos realmente, hasta conseguir vernos donde quieren, hundidos.
Estoy harta, a partir de ahora buscadme en mi burbuja.
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