lunes, 15 de noviembre de 2021

Una mirada a España

 Llevo unos días meditabunda, más de lo habitual, que algo introspectiva soy siempre para que nos vamos a engañar, y me ha dado por revisar las entradas que publiqué el año pasado en este blog al inicio de la pandemia. Luego se hizo el silencio, pero si alguien quiere saber por qué le recomiendo que lea esta entrada de mi otro blog,  http://diariodemamanovata.blogspot.com/2020/06/una-mama-confinada.html, donde narro (cuando puedo, que son pocas veces), mis desventuras como atareada madre trabajadora.

 El caso es que me ha sorprendido mi propia clarividencia respecto a lo que iba a pasar tras el confinamiento, con temas como los bares, grandes protagonistas de la desescalada sobre todo en Madrid, o lo complicado del mundo postcovid. Claro que no es que sea bruja, no del todo, es que a nada que se conozca un poco la idiosincrasia española era de prever.

Casi dos años después, aún seguimos conviviendo con el p. bicho, aunque ya hay que reconocer que todo, al menos en España, parece ir a mejor. Y es que por una vez el absurdo pique del tú más entre personas de distinto signo político, partidos y comunidades autónomas ha servido para algo, para tratar de ver quien gestiona mejor las vacunas. A ver si siguen así y partir de ahora se pican para ver quien gestiona mejor las políticas beneficiosas para la sociedad, yo les propongo seguir por las energías renovables y los servicios públicos, especialmente la sanidad, que hasta ahora parecía que la carrera era sólo para determinar quién es el más corrupto o quien dice en redes sociales la parida más grande.

Lo malo está siendo que ese amplificador de tontos que es Twitter, y que pese a todo yo no abandono porque soy imbécil, que ya sabemos todos que es como tonto pero en grado superlativo, aún continúa llena de personas que no hacen más que echarse basura unos encima de otros por cualquier nimiedad, y lo peor no es eso, es que cada vez más gente se une a ese malestar. Me parece patético como en lugar de estar todos más unidos, esta crisis para lo único que parece que ha servido es para ahondar más el abismo de separación de las dos Españas, o eso nos quieren hacer creer, por supuesto con afán de rédito electoral. Este país nunca cambiará y la pena que tenemos mucho, no es que no cambie, sino no haber nacido en otro lugar, claro que entonces me acuerdo que somos líderes en trasplantes de órganos, que la OMS nos ha felicitado por la gestión de la pandemia (a ver si la noticia les llega a los del Constitucional), y que tenemos el índice de vacunación más alto de Europa y se me pasa un poquito. No somos tan malos, sólo nos merecemos una clase política, y sobre todo unos medios de comunicación, más decentes. 

El desánimo que estamos experimentando muchos me recuerda en cierta manera, salvando las distancias, al que cundió tras el desastre del 98; puede que sea momento de recuperar las palabras y los pensamientos de Unamuno o Baroja, claro que entonces veremos que poco ha cambiado en nuestro país desde entonces y será peor. Y si ya nos remontamos al Quijote y vemos esas dos Españas reflejadas en esos dos personajes centrales, uno soñador y aventurero que quiere cambiar el mundo para hacerlo un lugar mejor para todos, y el otro avaricioso y acaparador que sólo se mueve por el ansia de acumular dinero para si y llegar a ser gobernador de una ínsula, vemos que los españoles somos españoles desde los tiempos en que enterraron los primeros huesos en Atapuerca.

Decía Valle-Inclán que el esperpento era la realidad reflejada en los espejos cóncavos y convexos del callejón del gato, si viviera hoy diría que es la realidad reflejada por los comentarios de muchos tuiteros y la asquerosa presencia de los bots y los trolls. Y digo ésto porque ya tiempo que no veo la televisión

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