domingo, 27 de mayo de 2012

Sobrevivir a una boda, IIIª parte

Había empezado a preparar el papeleo en abril, y me habían dado fecha de boda en noviembre. En un mes había conseguido restaurante y vestido. No llevaba mal ritmo, así que diciembre me lo tomé sabático. Lo único que hice fue comprar una chaqueta blanca que vi en un escaparate, de imitación de piel, la llevé el día de la boda (que nos hizo fresco), y fue todo un éxito, combinada fenomenal con el vestido, y mucha gente pensó que era auténtica.

En enero empecé a pensar en las invitaciones. Mi objetivo principal era no gastar mucho dinero en nada, que no está la economía para muchos dispendios, así que diseñé yo con el ordenador un tarjetón clásico, pero a mi manera, lo transformé en PDF y pensé en mandarlo por correo electrónico.

A mis padres casi les da un infarto.

No sé que tiene de malo enviar las invitaciones por correo electrónico, pero el caso es que mis padres pusieron el grito en el cielo. Que si dónde se había visto eso, que como las iban a dar a la gente mayor... en fin, que me acabé yendo a una imprenta con mi diseño en un usb, y ya que estaba allí encargue a juego unas tarjetas de agradecimiento por ir a la boda un jueves, y las tarjetas con nuestros nombres y la fecha para los regalos.

Los regalos. Esa fue mi siguiente parada. ¿Qué das? ¿por dónde empiezas a mirar? le pregunté a una compañera de trabajo que se había casado hacía unos meses, y me dió unas cuantas direcciones de Webs de boda. Por internet se pueden ver millones de cosas, pero la mayoría son una horterada importante. Al parecer el regalo estrella son las toallas con forma de pastel ¿? me dan eso a mi en una boda, y me estoy pitorreando de los novios un mes. También ofrecen un sin fin de regalos de esos que no sirven para nada, y ni siquiera para hacer bonito, y que invariablemente acaban en la basura, al menos en mi caso, sé que hay gente que los guardan de recuerdo, pero a mi si no me gustan, los tiro.

El caso es que me negaba a gastarme el dinero en algo que luego la gente dejara en un rincón, o tirara a la basura. La misma compañera que me había dado las direcciones de internet, había dado en su boda un pack de regalo de La Chinata, con champú, gel, jabón, y crema de aceite de oliva, me pareció una idea genial. Algo así quería dar yo.

Tras varias semanas haciendo un auténtico estudio de mercado por internet, acerca de los regalos de boda (que por cierto, descubro que el término correcto es obsequios de boda, y no regalitos, como dice todo hijo de vecino), tengo muy claro lo que no quiero dar, pero sigo sin encontrar mi regalo. Tengo que reconocer que la que más ideas me dio fue Cosas de boda, www.cosasdeboda.com, tienen un catálogo muy amplio. Me gustaban varias cosas, pero comprar por internet sin ver antes, no me terminaba de convencer, así que fui a varias tiendas. Lo que si que compré en esa Web, fueron los regalos para los niños, unos imanes de madera con formas de animales, que vienen con unas pinturas para los niños los coloreen,  http://www.cosasdeboda.com/cajita-imanes-madera-para-pintar-p-1894.html,  fueron todo un exitazo entre los pequeñajos.

Como quería ver, me fui a varias tiendas de regalos. Un consejo, huir de todas las tiendas que lleven el apellido "de boda", no solo son más caras, y pretenden cobrarte una pasta por cosas que no lo valen, sino que además confirmas que son una auténtica horterada, de mala calidad. Así que se ocurrió ir a Lunas de boda, a ver si también tenían obsequios. Y así fue, me enseñaron un catálogo, que tenía las mismas cosas que había visto por internet, pero más caras, pero me dieron una buena idea, me dijeron que se estaban empezando a dar en las bodas pulseras. Voilá.

Ahora, ¿dónde compro las pulseras? desde luego en una tienda de regalos de novia, no. Otra compañera me enseñó un broche que se acababa de comprar, era muy bonito, y lo mejor el precio, me dió la dirección y allí fui. La tienda es Libélula complementos, tienen tres tiendas en Madrid, en la Moraleja Green, en el ABC Serrano, y La Gavia. Tienen cosas realmente bonitas, y a un precio estupendo (el precio es algo que determinó la mayoría de las cosas de mi boda), elegí una pulsera, y al comprar más de 100 unidades, me las dejaron a menos de la mitad. El problema fue que a dos meses de la boda me llamaron para decirme que tenían la mercancía retenida en la aduana (lo traen todo de México), y que no sabían cuando iban a poder disponer de ella. Así que me fui corriendo a la tienda a elegir otras que tenían en stock, al final di 6 pulseras diferentes, a la mayoría de la gente les gustaron mucho :D

Me dieron las pulseras en una bolsita de organza azul (elegí el color de las bolsas, a juego con el color de la tinta de las invitaciones, y tarjetas de agradecimiento, y tarjetas con nuestros nombre para los regalos). Me pasé un fin de semana poniendo las tarjetas en el cordón de las bolsitas.

La web, www.tiendaelcarro.es, me dio ideas para los regalos de los hombres, licores. Sin embargo, la mayoría de las botellas que venden para bodas son súper pequeñas y de marcas desconocidas, así que mi padre me remitió a una tienda de licores que hay en la calle Echegaray, y allí tenían las miniaturas de orujo de Ruavieja, a muy buen precio. Ya yenía el regalo para los hombres. Como estaban tan bien de precio, di dos miniaturas, una de crema de orujo y otra de orujo de hierbas. Me las dieron en cajas, así que para envolverlas me fui a la Unión Bolsera en la Plaza de Tirso de Molina, donde me vendieron unas bolsas transparentes, y me mandaron una tienda de la misma plaza, donde venden lazos (si, una tienda sólo de lazos), allí me atendió un chico con rastas, lleno de tatuajes. Decidí confiar en el hecho de que si le tenían ahí era por algo, y me dejé asesorar. Me vendió una preciosa rafia azul (tenía que hacer juego, jajaja), con la que rematé las bolsitas con las botellas de orujo.

De los puros se encargó mi padre. Una cosa menos.

A un mes de la boda, decidí dar alfileres de novia. De perdidos al río. Para todos aquellos que lean ésto, y no sean de Madrid, decirles que los alfileres de novia es una tradición que consiste, en que la novia da alfileres a las mujeres el día de la boda, las casadas se los ponen derechos, y las solteras hacia abajo, la soltera que los pierda, es que se casa. Los compré en www.noviasyalfileres.com.

Prendí los alfileres en las bolsas de organza de las pulseras para no repartir dos veces. Y luego pensé que no apetecía repartir, que era un lío, así que el día antes de la boda me fui con mi madre y una de mis tías al restaurante y junto con las tarjetas de agradecimiento, puso los regalos sobre los platos. Así cuando entraron los invitados, y se sentaron ya los tenían. También puse en los baños unas cestas con cosas de aseo (cepillos de dientes, enjuague bucal, colonia, desodorante, crema de manos, tiritas, pañuelos de papel, vaselina, compresas...) eso fue algo por lo que discutí con mi marido, porque decía que no lo iba a coger nadie, e íbamos a tener cepillos de dientes hasta el día de nuestra jubilación, pero lo cierto es que fue un gran éxito, y lo único que recuperé al final de la boda fueron las cestas, y tres sobres de enjuague bucal, literalmente lo arrasaron. Fue un detalle que la gente me ha dicho que les gustó mucho.

¿Qué me quedaba por comprar? la ropa interior. Eso fue muy fácil, fue a Etam, y en una hora tenía sujetador, culotte, y camisón. Las medias las compré en Pronovias, porque no es fácil encontrar medias blancas, y las color visón chirriaban un poco. La liga... la liga, pero que caras son, si ni siquiera se ven, así que compré una blanca sin más por 6 €, un lazo azul en Pontejos que le cosí  (para los de fuera de Madrid, es una mercería enorme que hay por Sol), y listo.

El ramo lo compré en Bourguignon, me enseñaron un catálogo y lo tuve claro, calas blancas. Además, te lo llevan a casa.

Los zapatos, fueron de Di Dom en Goya, fue llegar, verlos y comprar. Tienen tantos que es dificil no encontrar lo que buscas exactamente.

Sólo me quedaba la peluquería y el maquillaje. Me fui a mi peluquería de siempre, me hicieron varias pruebas, y al final elegí un moño rematado con trenzas, que completé con una peineta que compré en Lunas de boda, el día de la primera prueba. El maquillaje fue más complicado, no me gustaba ninguno, me hice tres pruebas en tres sitios distintos, al final, me maquilló una amiga, que es maquilladora profesional, y me conoce muy bien. No se lo dije a ella desde el principio, porque era una invitada, y la verdad es que la hacía trabajar, pero insistió mucho, que no la importaba, que lo hacía encantada. Por cierto, su web es www.masquemaquillaje.com

jueves, 17 de mayo de 2012

Sobrevivir a una boda, IIª parte

Los preparativos... y por donde empiezas. Bueno, tienes la fecha y el lugar de la ceremonia, el siguiente paso lógico parece ser el restaurante. Miramos varios fuera de Madrid, pero la carretera se nos hacía cuesta arriba, y no íbamos a poner autobús. Los restaurantes de la Casa de Campo, parecían la mejor opción, y lo fueron. Están en Madrid, por lo que no hacíamos desplazarse mucho a los invitados (personalmente odio las bodas, en las que te hacen ir de la ceca a la meca), además quien quisiera beber, podría moverse toda la boda en metro, o salir al Paseo de Extremadura, y coger un taxi en un momento. Si, sin duda alguna, aparte del entorno tan bonito en el que están, la ubicación los hace perfectos.

Pero hay unos cuantos... así que nos damos un paseo, apuntamos los nombres, miramos en internet, y descubrimos que hay que pedir cita para que te atiendan para una boda. En fin, pedimos cita en todos, y vamos uno a uno visitándolos.

Creo que esa fue una de las partes más divertidas de organizar la boda. Primero porque cotilleas todos los restaurantes por dentro, "aquí haríamos el cocktail, aquí el baile", y segundo porque en todos nos regalaban cosas y nos invitaban a tomar algo. Pero en plan ración de jamón, y botella de vino o de aceite. Mi marido propuso que cada año fuéramos a ver restaurantes diciendo que nos casábamos, para que nos siguieran invitando a cosas.

En la Casa de Campo hay restaurantes, en lo que eran los pabellones de la antigua feria de las provincias, para todos los gustos: Araceli (antigua casa de Burgos), Jose Luis (casa de Cataluña), La Pesquera (Toledo), Currito (Vizcaya), Guipuzkoa, El Palacio de la Misión (Cáceres), El bosque sagrado (Asturias), A Casiña (Pontevedra), Ondarreta, y La colonial de Mónico (ésta no sé que provincia era).

De La Pesquera no nos gustaron los salones, porque parecían salidos de una película de Alfredo Landa, pero de las de los 60.

La Colonial de Mónico, es un sitio precioso, de estilo colonial, con un jardín increible, pero el menú se nos iba de presupuesto.

El bosque sagrado, también es muy bonito, realmente parece que estés en un bosque asturiano, y la comida es increible, pero te cobran hasta por respirar, vamos que te cobran hasta el servicio de camarenos del cocktail, una cantidad en concepto de gastos generales, y hasta las minutas, que no las cobran en ningún sitio.

El Palacio de la Misión, parece un convento, con claustro y todo. Es muy bonito, y está decorado con mucho gusto. Tiene un patio central acristalado, y chimeneas en las esquinas que encienden si hace frío (y a nosotros nos hizo frío). Pero era comida muy de autor, de esa que tardar varios minutos en decir el nombre completo del plato, y nosotros somos más de comida popular.

Tras comparar presupuestos y menús, nos decantamos por Currito. Porque es de toda, toda la vida, es un restaurante, no un salón de bodas, son muy amables y sencillos en el trato, dan mucha flexibilidad, y el menú, aparte de tener buen precio, era sencillo y bueno. De verdad, que no queríamos nada que hiciera a los invitamos estar 5 minutos pensando que era lo que iban a comer al leer la minuta. Aparte que la calidad de su cocina es sobrádamente conocida.

Algo a destacar, es que cuando decíamos que nos casábamos en el Ayuntamiento de Madrid, y por tanto en jueves, todos nos ofrecía como lo más normal montar una boda falsa el fin de semana. Resulta que la gente lo que hace es casarse de verdad el jueves, y luego de mentira oficiando un actor, en el restaurante. Sé que es una faena hacer a la gente cogerse un día de vacaciones para ir a una boda, pero lo de casarme de mentira no me convenció nada.

Ya tenía fecha y restaurante, bien, esto marchaba.

El siguiente paso lógico fue el vestido. Que ilusión, eso si que hace ilusión. Claro que en determinadas tiendas se encargan de quitártela de un sopapo. Me habían dado en noviembre fecha para casarme en abril, es decir, tenía 5 meses para organizar una boda. A mi me parecía suficiente, bueno, pues vas a las tiendas de novias y te miran como si estuvieses loca, porque resulta que no les da tiempo a hacerte el vestido. Que no les da tiempo, en 5 meses, ni que tuvieran que ir hilo a hilo. Luego te enteras que tienen las fábricas en China (como no), y que claro como lo tienen que pedir, si no lo hacen con un montón de meses, no se lo mandan o lo mandan con recargo.

Mi experiencia en las tiendas de novias:

- Friki novias: Atelier de alta costura en el Barrio de Salamanca. Me recibe la dueña, y me enseña unos vestidos realmente originales, con unas telas maravillosas, pero cuando me dice precios casi del desmayo del susto, y decido que mejor sigo buscando.

- Eva Novias: C/Mayor. Voy un sábado por la tarde con mi madre. Cuando le digo a la dependienta la fecha de la boda, se echa las manos a la cabeza, y me dice que no sabe si van a poder hacérmelo (que no sabe, que no sabe, con lo que cuesta un traje de novia, vamos que está el mundo para espantar clientela), miro unos catálogos, me voy y no vuelvo.

- Pronovias: C/ Arenal. He tenido que pedir cita, porque sin cita no te atienden. Voy un viernes por la tarde con mi madre, y mis dos tías. Me atiende una chica encantadora, que por el nombre y el acento, parece la Europa del este. Me enseña el catálogo, me insinúa que voy un poco más de tiempo, elijo varios modelo y por fin, paso a probarme vestidos. La dependienta es muy amable, y muy profesional, pero los vestido no me convencen, y las telas me parecen malas con ganas, parecen telas de Zara. No vuelvo.

- Rosa Clará: C/ Arenal. Voy con cita previa un sábado por la tarde con mi madre y mis dos tías. A pesar de tener cita previa, me sueltan un catálogo que vemos solas, y al rato viene una dependienta muy pelota, diciendo que cuales nos gustan. Paso a probar. Aquí no me dicen nada de la fecha. Los vestidos son de ensueño, estoy en una nube... hasta que me dicen precios. El que más me gustaba se me ponía en más de 3.000 €. Les damos las gracias, y me voy con un estado de ánimo pésimo. Yo no me puedo gastar esa barbaridad de dinero en un vestido, y menos en un vestido que me voy a poner sólo una vez.

Han pasado 15 días desde que comencé a mirar vestidos, veo que me meto en diciembre y sigo sin vestido, así que me cojo un día de vacaciones (jueves), para seguir mirando a gusto. Me acompaña mi madre.

- Lunas de boda: C/ Marqués Viudo de Pontejos. Es la primera cita de mi día de vacaciones. Es una tienda de toda la vida, a la que llego tras bucear en internet durante horas mirando catálogos de marcas de vestidos que pagarlos no me supongan tener que vender un riñón en el mercado negro. Me atienden de maravilla, y aparte de en Friki, por primera vez me atiende alguien que se nota que sabe de costura, que no es una simple dependienta. Me gustan dos vestidos, uno de Luna novias, y otro de San Patrick (segundas líneas de Rosa Clará y Pronovias, con menos nombre, bastante más baratas, y sinceramente, con vestidos menos vistos), así que pido cita para volver otro día.

- Aires: C/ Mayor. Me atiende una señora mayor, que es un encanto y cosas de la vida, resulta que había sido compañera de trabajo de una tía mía. Es modista, y se nota. Me gustan los vestidos, pero no es el estilo que busco. No obstante, pido cita para volver otro día.

- Internovia: C/ Luva. Es la tercera y última cita de mi día de vacaciones. Es un outlet de vestidos de novia. Me dicen que voy muy mal de tiempo, y que me tendría que llevar el vestido de tienda (vamos el que se prueba todo el mundo), porque no les da tiempo a encargarlo a fábrica, les digo que quiero ver de outlet. La verdad es que los vestidos están fenomenal, y súper bien de precio. Les digo que me lo voy a pensar.

El sábado siguiente, con mis padres y amiga que es diseñadora de moda, volvemos a hacer el recorrido del jueves.

En Aires, me pruebo tres de los vestidos que había seleccionado, me gustan, pero no es lo que busco.

En Lunas de boda, me vuelvo a probar los dos vestidos que me gustaban, son muy diferentes entre si. La dependienta me dice que ella ya sabe cual va a ser mi vestido de novia. Al salir del probador, mi padre y mi amiga, me dicen que lo dude que uno de ellos es mi vestido.

No lo dudé, ya tenía vestido. Era lo que buscaba, un vestido bonito, cómodo, sin volantes, sin rufufús, sin casi nada de nada, de estilo griego, el modelo Renania de la colección de San Patrick.


Si alguien lee ésto, y está buscando traje de novia, que vaya directamente a Lunas de boda, te atienden profesionales, son muy amables, y te saben aconsejar.

 Por cierto, la búsqueda de vestido la disfruté como una enana.

domingo, 13 de mayo de 2012

Sobrevivir a una boda

Llevo más de un mes sin publicar ninguna entrada, y el motivo principal es que me he casado. Si, pese a la crisis económica, pese a mi salario de mileurista, pese a que el que es ahora mi marido esté en paro, me he casado. Y ha sido una experiencia cuanto menos curiosa.

Todo comenzó hace aproximadamente 5 años, cuando mi marido me dió un ultimatum para que me fuera a vivir con él, después de 6 años de relación. Me costaba irme de casa, es cierto, soy hija única y me llevo fenomenal con mis padres, estaba muy a gusto, la verdad, así que irme fue un gran paso para mi. Pero me fui a vivir con él, y en aquel preciso instante comencé a pensar que tal vez deberíamos casarnos.

Cuando le planteé la idea de la boda, puso una cara que mejor no describirla. Vamos no le hizo ni pizca de gracia, así que como basta que me digan que no a algo, para que sea lo que más quiera hacer en el mundo, he estado durante los últimos cinco años erre que erre con la boda. Y lo conseguí.

Finalmente, el año pasado se dió por vencido, y nos fuimos en el mes de abril a iniciar los trámites al Registro Civil de Madrid, ahí empezó todo.

Que sepan todos aquellos que quieran contraer nupcias civiles, que se tienen que hacer ellos mismos todos los trámites, no como en las bodas religiosas donde el sacerdote hace las veces de improvisada gestoría, aquí no, aquí tú te lo guisas, tú te lo comes.

El Registro Civil de Madrid, está en la Calle Pradillo, cerca del Auditorio Nacional. Cuando entras el panel informativo te indica que para matrimonios hay que subir a la cuarta planta, allí que nos fuimos. No voy a decir la cantidad de gente que había allí, porque ni me planteé contarlos, pero tras esperar casi una hora de cola (menos mal que me había cogido el día de vacaciones), una amable funcionaria nos indicó que ese día no podíamos hacer nada, que volviéramos el día 11 de mayo con un testigo y una copia de nuestras partidas de nacimiento, para incoar el expediente matrimonial.

Nos lo podían haber dicho antes de esperar....

Un mes después, con las partidas de nacimiento, y mi padre como testigo, volvimos al Registro Civil, el día y la hora que nos habían indicado. Tuvimos que esperar así como hora y media. Finalmente nos atendieron, incoamos el expediente matrimonial, y nos dijeron que teníamos que volver al mes siguiente para recogerlo.

Para unas prisas.

Ya en junio, fuimos a recoger el expediente. Nosotros, ingenuos, queríamos casarnos en nuestra ciudad natal, Madrid, primero porque somos de aquí (si, también existen los madrileños autóctonos), y segundo porque una enfermedad de mi suegra nos impedía desplazarnos. Y el caso es que en el Ayuntamiento de Madrid no te dan fecha de boda hasta que no tienes el expediente listo, no como en otros lugares donde pides fecha, y luego ya si eso vas haciendo el expediente. Podíamos habernos casado en el mismo registro civil, pero es un sitio horrible, donde anuncian las bodas por megafonía como si fuera el Corte Inglés, y apenas duran unos instantes. De hecho una tía mía se casó allí, y mi abuelo que iba en silla de ruedas y tardó un poco más en llegar porque tuvo que esperar al ascensor, no llegó a tiempo de ver casarse a su hija.

El caso es que ya teníamos el expediente matrimonial en nuestro poder. Por fin, podíamos pedir fecha. Entonces llamo al Ayuntamiento de Madrid, y me dicen que las bodas se celebran en las Juntas Municipales, bien, que hay que ir a pedir fecha a la Junta en concreto en persona, regular, y solo celebran bodas los jueves.... LOS JUEVES. Vamos que o te casas por la Iglesia, o en Madrid capital no te puedes casar un sábado. Miramos Ayuntamientos cercanos a la capital que celebren bodas en fin de semana, y haberlos hailos, pero como no es nuestro consistorio, nos cobran más de 800 €. Nos quedamos con Madrid.

Cojo otro día de vacaciones, y vamos a pedir cita a la Junta Municipal de Centro, porque la Plaza Mayor me parece el lugar ideal para una boda. Allí una amable funcionaria nos indica que no hay fecha en todo el 2011, que las listas para el 2012 salen el 2 de noviembre, y que madruguemos, que ese mismo día se les suelen acabar las fechas.

Descartada la Plaza Mayor, me saco de internet una lista con todas las Juntas Municipales de Madrid. Mira que son horribles algunas. Finalmente me quedo con Chamberí y Arganzuela, que sin ser la Plaza Mayor son muy bonitas. Y allá que se va mi marido el 2 de noviembre, es decir, 8 meses después de que pisáramos el Registro Civil la primera vez. Va primero a Chamberí porque la familia de mi madre es de Chamberí, y ya puestos a elegir Junta, que mejor que una con recuerdos familiares, y ALELUYA, nos dan fecha para el 12 de abril de 2012 a las 13:15 de la mañana. Mi prima se saca justo un mes después, pero yo ya no suelto esa fecha por nada del mundo, que me ha costado más conseguirla que encontrar un buen sitio para coger caramelos en la cabalgata de Reyes.

Ya con fecha, podíamos comenzar los preparativos de la boda.

martes, 6 de marzo de 2012

Y la vida sigue

A Pilar López Prieto, mi abuela.

Y la vida sigue, era una frase que mi abuela siempre decía cada vez que ocurría una desgracia en la familia. Lo dijo al enviudar, al morirse su único hermano, e incluso al fallecer uno de mis primos al sufrir un infarto a los 35 años... normalmente miraba a algún niño pequeño, le señalaba y decía, la vida siempre sigue, nunca se detiene por nada ni por nadie.

Supongo que cuando uno ha vivido una vida extremadamente larga, y atravesando en determinadas ocasiones momentos muy difíciles, tiene una perspectiva muy distinta de cuanto acontece.

Mi abuela falleció ayer a los 94 años de edad. Fue repentino e inesperado. Se ha ido sin dolor, ni enfermedad. Tras una juventud dura, y una vejez plácida.

Pilar, mi abuela materna, nació en Cangas de Foz (Lugo), en agosto de 1.918. Cuando a la Galicia rural no había llegado, no ya la luz eléctrica, o el agua corriente, sino ni siquiera las carreteras o el ferrocarril. Esa curiosa circunstancia la permitía ofrecer un increible testimonio de lo que fue el S.XX. Recordaba las lámparas de carburo de su infancia y juventud, y la primera vez que vió brillar una bombilla, tras lo que ella pensaba era un pellizco a la pared. Tras el descubrimiento de la electricidad, llegaron las vías del tren, siempre me contaba como llevaba la comida a su padre, mi bisabuelo, cuando trabajaba en la construcción de la línea férrea que uniría para siempre la Mariña Lucense con el resto del mundo. Entonces vio por primera vez un tren.

Creció en un ambiente rural tan subdesarrollado, que se maravillaba al ir al entonces lejano Ribadeo (20 kms) y obsevar que allí la gente calzaba zapatos en lugar de zuecos de madera.

Siempre decía que todo avance era para mejor. Tenía una mentalidad extraordinariamente abierta para todo lo nuevo, porque en su vida lo nuevo siempre le había traido cosas buenas. Mejor la electricidad que el carburo, mejor el agua corriente que el agua del pozo, mejor el cuarto de baño que el corral, mejor el teléfono que el correo, mejor la televisión que la radio, mejor los automóviles que los carros con bueyes, mejor el móvil que el teléfono fijo... Internet no llegó a utilizarlo, le hubiera encantado.

De su vida, sólo había dos cosas que hubiera cambiado, y para ambas tendría que haber nacido por lo menos 50 años después de cuando lo hizo. Lamentaba no tener carnet de moto, y no haber podido estudiar.

Según mi bisabuelo, las mujeras no necesitaban estudiar, ¿para qué? si todo lo que tenían que hacer era cuidar la casa, el ganado, y como mucho conseguir algún trabajo primario para aportar algo a la economía familiar. Así la educaron, pero algo se rebelaba en su interior cuando veía como a su hermano varón le ofrecían todos los estudios que quisiera. Y ella ni siquiera sabía leer. Se rebeló, y sin que lo supieran sus padres se escapaba todos los días a la escuela, cuando se suponía que tenía que estar cuidando de las vacas. Fue lo justo para aprender a mal leer, mal escribir, sumar y restar, entonces la descubrieron sus padres. Tampoco la dejaron aprender un oficio.

Nunca se lo perdonó.

Durante toda mi vida, cuando me veía estudiar, se acercaba sigilosamente y me decía al oido, "estudia filliña, estudia tú, todo lo que no me dejaron estudiar a mi". Ella era analfabeta, mi madre no pudo acabar el bachillerato (tuvo que ponerse a trabajar con 12 años para ayudar a la economía familiar), yo soy licenciada universitaria. Le encantaba contárselo a todo el mundo.

Un buen día se encontró con que había crecido y era una mujer, pero no quiso casarse. Se negaba a atarse a uno de los hombres de su aldea, tan machistas como su padre. Hasta que llegó mi abuelo. No sé cuantas veces se lo oí contar. Ella estaba en Burela, un pueblo cercano, y un día del coche de línea se bajo un hombre que no era de allí, vestía traje y corbata, gabardina y sombrero, y al apearse del autobús encendió un cigarrillo de medio lado. Hasta entonces ella sólo había visto eso en las películas que proyectaban en el salón de Moreda, el improvisado cine del lugar.

Se casaron a los cuatro meses. Mi abuela tenía más de 30 años.

Mi abuelo era de Madrid y tenía estudios, lo que abrió ante ella todo un mundo que aunque lo desconocía, sabía que estaba en algún lugar. ¿Qué cómo acabo mi abuelo en Lugo? muy sencillo, era un republicano, al que se le había conmutado la pena de muerte por la de destierro a 600 kilómetros de su lugar de origen.

Pero su vida de casada no fue sencilla. Estaban en plena postguerra (eso si que es crisis, y no lo de ahora) y no tenían dinero. Mi abuelo era sastre, pero allí no tenía posibilidades de ejercer su profesión, así que acabó trabajando como cocinero en un pesquero. Durante años, mi abuela tuvo dos hijas que mantener (sólo se tienen los hijos se que puede mantener, repetía), un marido permanentemente en la mar, una casa que atender, tierras que cultivar, ganado del que cuidar, a sus padres inválidos (paralizados por ictus y trombosis), y un trabajo fuera de casa en una conservera de pescado. Todo, ella sóla.

El principal rasgo que caracterizó a mi abuela toda su vida fue un fortísimo carácter. Fue lo que la salvó, porque la impedía derrumbarse, siempre había que tirar para adelante. Es más, no la gustaban las personas débiles o ñoñas, decía que ella les quitaba la tontería con dos buenas hostias. A todos nos inculcó el ser fuertes, como rocas. Cuando falleció mi abuelo me prohibió llorar, porque eso no arreglaba ningún problema, y si se lloraba nunca había que hacerlo en público, era una debilidad.

Su carácter era tal, que hacía difícil la convivencia con ella. Pero eso mismo fue lo que la permitió superar su propia vida. Me acuerdo que decía que ahora la gente joven "non valedes para nada", porque cualquier cosa nos parecía un mundo. Bueno, a mi no, a nosotros nos enseñó a echarnos todo a la espalda y continuar siempre hacia delante.

Tengo que confesar que de pequeña no la entendía. Mi otra abuela era dulce y cariñosa, y ella exigente y arisca. Si mi primo o yo, sus dos únicos nietos, llorábamos por algo, nos decía "llora, llora, que menos meas", porque su teoría era que los niños son como los árboles, que mientras son pequeños los puedes enderezar, pero si se tuercen, al crecer ya no puedes hacer nada con ellos. Ni Súper nanny, ni nada, yo a los niños de ahora les soltaba a mi abuela Pilar, que los iba a dejar nuevos.

Finalmente, tuvo una vejez llena de comodidades, más de las que ella alguna vez pudo soñar de joven. Aunque siguio teniendo el mismo mal genio de siempre, si no, no habría sido ella misma.

Muchos días, cuando salgo de trabajar, cansada, y tengo que hacer la compra, luego llegar a casa, recoger, planchar, cocinar... y muchos días son las 10 de la noche y no me he sentado, antes de quejarme, pienso en ella, en lo que habría hecho o dicho, y hago todavía más cosas.

Y ahora que ha fallecido, he dedicido que no me voy a dejar derrotar por la crisis, me la voy a echar a la espalda, como habría hecho mi abuela. Porque como vea que me deprimo, o que no lucho con todas mis fuerzas, es capaz de volver del más allá para darme un buen rapapolvo.

Descanse en paz.

martes, 14 de febrero de 2012

Diario de una buena vecina

Hoy iba a escribir sobre el Euro, y como los intereses de unos pocos están haciendo caer la moneda única, y puede que con ellos a la Unión Europea. Lástima del gran sueño de Erasmo de Rotterdam, y de todos aquellos que ya no nos considerábamos ciudadanos de un país, sino europeos con mayúsculas. Pero me ha deprimido tanto, que he decidido cambiar de tercio y hablar de Literatura, que eso siempre me anima.


Doris Lessing, es una escritora inglesa maravillosa, que todas las mujeres deberían leer. Sus libros, siempre protagonizados por mujeres, hablan de no conformarse con aquello que nos da la vida sin más, y sobre todo, como sobreponerse al triste estigma que en muchos casos significa ser mujer, y luchar con todas nuestras fuerzas por ser libres.


Su libro más reconocido es "El cuaderno dorado", donde una mujer narra a través de distintos escritos en cuadro cuadernos de diferentes colores, su desencando con el partido comunista, con la vida convencional, y con un amante que deja de serlo.


Sin embargo, mi libro favorito de Lessing es "Diario de una buena vecina", un libro escrito hace más de tres décadas y que sigue estando tan vigente como el primer día.


"Diario de una buena vecina", no es una novela al uso, como no lo es ninguna de las escritas por la autora. Como ocurre en toda su obra, este es un libro protagonizado por mujeres muy alejadas de los usos sociales que su género se supone habría de imponerles (tengamos en cuenta que se sitúa en los años 70, cuando la liberación de la mujer es un hecho incipiente, aunque imparable); mujeres que, aunque libres y dueñas de su propio destino, no dejan de sentirse culpables por aquello a lo que renuncian, o que la sociedad les hace creer que han renunciado.


Estos personajes femeninos, no son sino un reflejo de la propia autora. Hija de un militar inglés, nace en Irán y pasa la primera parte de su vida en África, experiencia que le marca para siempre, y le hace ver la vida con una mirada muy alejada de lo que cabría esperar de una mujer europea de su generación. Sin embargo, durante un tiempo se deja llevar por lo que le han enseñado que debe hacer; así, se casa y tiene dos hijos, aunque no tardará en abandonarlo todo, incluidos a sus hijos, para dedicarse en cuerpo y alma a su verdadera pasión, la Literatura.


La mayoría de los libros escritos por Lessing (uno de los premios Nobel, junto con el de Vargas Llosa, más merecidos de los últimos años) están poblados de mujeres entregadas a su carrera profesional, que se enfrentan a la vida "solas", es decir, sin una pareja que las coarte, aunque en cierta manera no dejan de anhelar el amor, pero un amor ideal que no trate de cambiarlas, sino que las acepte tal y como son.


En "Diaro de una buena vecina", la protagonista, Janna, es una mujer de mediana edad que se ha quedado viuda hace unos años, y aunque  ha tenido ciertas aventuras de índole sexual, no ha vuelto a sentirse unida a otro hombre. Es muy atractiva, estremadamente elegante y codirige una revista de gran éxito junto con su mejor amiga. Es libre en el más amplio sentido de la palabra, tiene un trabajo con el que se siente realizada, que le otorga una desahogada posición social, sin marido, ni hijos, sin apenas contacto con su familia (su hermana, cuñado y sobrinos, que viven en un típico suburbio inglés), y con amigos que le proporcionan la vida social que necesita. Todo parece perfecto.


Pero todo cambia cuando por casualidad entra en su vida una antipática, horrenta y desaseada anciana, que representa todo aquello de lo que ha pretendido huir en la vida. Sin embargo, el azar querrá que unan sus caminos y traben una curiosa amistad.


Maudie está sola, también es viuda, y tiene un hijo que vive en América al que hace años que no ve. Apenas tiene contacto con una hermana cargada de hijos, y durante años ha vivido volcada en su trabajo. Así se nos plantea la antítesis de Janna, que por otro lado no es sino el reflejo de lo que podría ser su propio futuro.


Maudie, como digo, vive sola, como muchas otras ancianas a las que Janna irá conociendo. Ha rechazado todas las ayudas de las que el gobierno dispone para las peronas de la tercera edad: comida domiciliaria, asistencia, e incluso visitas de lo que se conoce como "buenas vecinas", mujeres que se dedican a visitar ancianos y hacerles compañía. Maudie solo quiere que la dejen en paz; todos menos Janna, con quien por primera vez en muchos años entabla una relación de amistad.


Hasta ese momento el mundo de Janna ha estado rodeado de glamour, como editora de una revista para mujeres, escribe sobre cosas totalmente superfluas, y lo que más le preocupa en su vida es su aspecto, no está preparada para el impacto que la vejez, en su forma más cruda va a tener en su vida. Así, y sin apenas buscarlo, Janna se convertirá en una buena vecina para Maudie, a la que acabará prestando unos cuidados personales que ni siquiera tuvo con su propia madre.


Con la lectura de este libro, Doris Lessing nos adentra en los aspectos más crudos de la vejez y el trato que la sociedad le da. Maude es una anciana enferma y sucia, que apenas puede valerse por sí misma, de la que el mundo se ha olvidado por completo, mostrándonos así el inexorable abandono al que se ven abocados muchas personas en la última parte su vida. Asimismo, asistimos a la paulatina transformación de Janna, que quizá por la brutal toma de contacto con la realidad que le supone visitar a las ancianas, o tal vez por lo mucho que ellas le aportan, transforma su vida hasta convertise en aquello que realmente siempre quiso ser, ella misma.


La autora nos muestra, con la claridad  presente en toda su obra, no sólo el abandono a los ancianos, sino también lo escasas y superficiales que son las ayudas en su país, o la mala calidad de la asistencia sanitaria pública inglesa; en resumen, nos enseña sin tapujos lo más sórdido del comportamiento humano hacia esos seres tan desvalidos que son los ancianos.


Sin lugar a dudas, "Diario de una buena vecina" es uno de esos libros que no deja indiferente a nadie. Puede que la reacción que tenga mucha gente al leerlo sea de rechazo, ya que hay quien no quiere ver la realidad tan de frente, o bien puede que impulse a llamar a esa abuela a la que no se visita nunca, quién sabe, de lo que estoy segura es de que por lo menos le arrancará un minuto de reflexión sobre ese momento de la vida al que inexorablemente todos llegaremos algún día.

domingo, 12 de febrero de 2012

Me duele Europa

Parafraseando a los autores del 98, y su mítica cita "me duele España", hoy más que nunca tengo que decir que me duele Europa.

Y me duele porque pasa por uno de sus peores momentos desde el final de la II Segunda Guerra Mundial. Estamos asistiendo a acontecimientos históricos que sin duda algún día hará que nos volvamos a nuestros nietos y les digamos, yo lo viví.

Pero también me da miedo por las alas que esta crisis está dando a la derecha más rancia y apolillada. Ya ocurrió otra vez, ya hubo otro momento en el que otra crisis, y otras circunstancias, llevaron al avance imparable de los totalitarismos en sus distintas modalidades. Y todos sabemos como acabó. Sin duda, ahora más que nunca, se hace buena aquella frase de Cánovas del Castillo que decía que hay que conocer bien la Historia para no volver a cometer los errores del pasado.

Es un hecho objetivo que en la mayoría de países de Europa gobiernan partidos de índole conservadora, algo que por si mismo no es malo, ni bueno, simplemente es. El problema viene cuando los conservadores se mezclan con los derechistas más ultras.

Y cuando digo ésto no hablo del gobierno de Mariano Rajoy, ni de España. Este país más que miedo, me da vergüenza, pero de la buena. No voy a hablar de la condena a Garzón (curioso que el primer condenado por una trama de corrupción, sea el juez encargado de enjuiciarla, justo cuando el partido involucrado en la misma ha llegado al poder), ni de la otra Sentencia que tiene pendiente Garzón (de verdad es tan terrible que unos ciudadanos traten de enterran a sus muertos, de cerrar heridas. O será que hay personas que creen que esas heridas están mejor abiertas, o que no quieren saber/reconocer que sus abuelos fueron lo que fueron, o lo que es peor, que los rojos como mejor están es muertos), tampoco voy a hablar de la reforma laboral...
Bueno, si, de la reforma laboral si que voy a hablar:

Sr. Rajoy, así en Tribuna abierta, desde la red, le pregunto ¿en serio considera que la mejor forma de crear empleo es facilitar la manera de destruirlo? ¿no se ha planteado que en lugar de limitar derechos laborales en pro del aumento de poder de la patronal, sería más beneficioso para el país ayudar a la creación de empresas?

La reforma laboral permite, entre otras cosas, flexibilizar los contratos de trabajo, ya sea en horario y/o salario y condiciones. Eso es algo que ya existe en otros países como Alemania, donde se han tratado de salvar puestos de trabajo reducciendo jornadas, pero es que ésto no es Alemania, es España, el país de Rinconete y Cortadillo y El Lazarillo de Tormes, y lo que va a ocurrir es que se va a aprovechar por las empresas para exprimir hasta el infinito a los trabajadores. Porque en España hay mucho paro, pero los que estamos trabajando, estamos haciendo el trabajo de cinco.

Alemania, el destino soñado de muchos españolitos de a pie desde hace décadas. Como si pavimentaran las aceras con ladrillos de oro. Y no es el caso. Bueno, Alemania y recientemente Noruega, donde muchas personas sin cualificación, esos que se han quedado descolgados del "ladrillo" se han marchado en busca de trabajo, y al llegar se han topado con que sin estudios, ni, sobre todo idiomas, no van a ninguna parte.

Allí gobierna la omnipresente Angie, quien parece decidir el destino de nuestras vidas, haciéndolo desde el más absoluto de los desconocimientos, o quien sabe, quiza desde el más absoluto de los sentimientos de superioridad. Pues acabo no criticó a España porque según su opinión teníamos demasiados días de vacaciones. Cómo es posible que se nos ataque por algo así cuando la propia Alemania supera los 30 días laborales de vacaciones anuales, y hay países como Francia que llegan hasta los 43 días hábiles. Pero claro, nosotros somos mediterráneos, y debe ser que valemos menos, o que nuestras vacaciones deben ser menos, para así estar disponibles cuando vengan sus conciudadanos a nuestro país a gastar cuanto menos dinero sea posible, en beber cuanto más sea posible.

Pero el resto de Europa no está mejor. No hablemos ya de Grecia, donde por pagar la deuda contraída por su Estado los ciudadanos se ven abocados a la pobreza, así sin más, como si no valieran nada, como si salvar a los bancos que compraron su deuda soberana, valiera más que sus propias vidas. Y si no, que se salgan del Euro, porque ese es el quiz de la cuestión, el Euro. ¿Soy la única que piensa que todo esto que nos ocurre es un ardiz, porque una Europa fuerte y unida no interesa al resto del mundo?

Lo más curioso es que de Irlanda, Portugal e Italia, ya no se ha vuelto a hablar. Como si no existieran. ¿Les va mal? ¿les va bien? ¿pagan su deuda? ¿la gente come? a saber. Tendremos que esperar al próximo capítulo.

Y luego está Francia. La arrogante Francia, que se creía superior a sus vecinos, y un día de golpe y porrazo le desapareció una A. Ahora celebran elecciones, estoy espectante, puede que nuestros vecinos marquen un cambio de gobierno, o no. Sigo sus elecciones con especial interés, porque, y así vuelvo al tema inicial de esta entrada, el problema principal viene cuando se mezclan los políticos conservadores, con la extrema derecha.

Dentro del gobierno francés, el ministro de Interior, Inmigración y Culto, Claude Guéant, pertenece a ese peligroso grupo que es el fascismo de rancio abolengo. No sólo es racista y xenófogo, e intenta con sus políticas blindar Francia de inmigrantes (ha llegado a remitir circulares a las empresas para que den prioridad a becarios franceses), y además no se oculta, pronunciando abiertamente frases como la publicada en Le Figaro: " A diferencia de los relativistas de izquierda, nosotros pensamos que no todas las civilizaciones valen lo mismo", sino que además, lo que es más triste, Nicolás Sarkozy (hijo de inmigrantes) si gana las próximas elecciones le volverá a nombrar ministro. De hecho, recientemente, delante de Ángela Merkel, defenció la frase de Guéant publicada en Le Figaro, diciendo que era de sentido común.

Y no contentos con eso, la candidata a la presidencia francesa, Marine Le Pen, junto con Martin Graf, uno de los líderes del extremista Partido de la Libertad austriaco, asistió el pasado 27 de enero, en Viena, a una celebración neonazi que conmemoró, con un claro tono festivo, el holocausto judio.

¿Qué le ocurre a Francia? el país de la República basada en la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, el país de la primera declaración de derechos del hombre y del ciudadano, la nación pionera en libertades individuales. ¿Qué futuro le espera a Europa si el primer país que se levantó contra el yugo del absolutismo, cae ahora, a consecuencia de crisis económica, en manos de la ultra derecha?

¿Qué nos quedará al resto?

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuéntame, para siempre.

Llevo varios días sin escribir nada por motivos diversos, vamos que no he tenido tiempo. Pero no he parado de darles vueltas a sobre que escribir. Desde luego temas de actualidad no me faltan, pero he decidido hablar sobre algo tan dispar como la televisión.

Hoy he leído en el periódico que RTVE, debido a recortes impuestos por el nuevo gobierno va a suspendar la series de producción propia como Cuéntame o Águila Roja. Este gobierno no me gustaba desde un inicio, pero no sabía porque, ahora lo tengo claro, es que son tontos de remate.

Si TVE se ha caracterizado por algo, ha sido por las series de televisión de calidad. No como otros canales que no saben más que producir bodrios. Me vienen a la memoria Celia, Cañas y Barro, Los Pazos de Ulloa, Fortunata y Jacinta, Amar en tiempos revueltos, y por supuesto la propia Cuéntame. Eso no es algo que un gobierno serio pueda terminar.

Si no tienen dinero suficiente y TVE es un agujero de dinero, me parece bien que traten de remediar esa situación, más en los tiempos que corren. Pero no a costa de suprimir series históricas como es el caso de Cuéntame que lleva más de 10 años en antena, se ha exportado a cientos de paises, e incluso se ha versionado en Italia y Portugal.

Hace falta tener muy poca visión comercial, para que un canal de televisión que tiene en sus manos la gallina de los huevos de oro, porque hay que recordar que estamos hablando de series que arrasan en la audiencia, para llegar y suspender esas emisiones. ¡Pero en que están pensando! si lo que quieren es dejar de perder dinero, lo que tienen que hacer es volver a emitir anuncios, por Dios, si es al final les van a tener que dar lecciones las televisiones privadas.

Lo que darían las televisiones privadas por tener en sus parrillas series con semejante tirón que sanearan sus cuentas.

Es que no lo concibo, de verdad. Tienes un canal de televisión que es lider de audencia, con series que marcan hitos, y como necesitas dinero, vas y las suspendes, a ver si con un poco de suerte pierdes el liderazgo de audiencia, claro. No vaya a ser que si en esas series que siguen millones de personas, pones anuncios, empieces a ganar dinero, uy, Dios no lo quiera.

Yo no soy economista, ni analista de mercados, ni siquiera contable, pero pienso, y aplico la lógica más elemental en mis razonamientos. Va a ser que pensar, no es requisito se que exija a los políticos.

De verdad, si esas son las medidas que este gobierno piensa tomar para sacarnos de la crisis, más nos vale ir renovando el pasaporte, porque de verdad que hace falta ser muy, pero muy, muy tonto de remate.

lunes, 23 de enero de 2012

Bloqueo

Tengo un bloqueo. Por desgracia no es algo nuevo.

Cuando terminé mi libro de relatos cortos, ese que anda en busca de editor, comencé una novela. Han pasado casi dos años y apenas he escrito dos  folios. Es horrible, la historia está en mi cabeza, sé el final al que quiero llegar, veo a los personajes, el escenario... pero me siento incapaz de plasmarlo sobre la pantalla del ordenador.

Desde que comencé este blog, las entradas que publico aquí son lo único que escribo. Y lo peor es que llevo una semana pensando sobre que escribir, que noticia de la sobrecogedora actualidad que nos está tocando vivir, iba a comentar, y eran tantas las que atraían mi atención, que al final no he escrito sobre ninguna.

Tengo que superar el bloqueo, o terminará afectandome completamente.

Cuando comencé los cursos de relato breve en la Escuela de Escritores de Madrid, el primer ejercicio del primer curso del primer año (cursé tres), consistió precisamente en un ejercicio de desbloqueo, que en aquel momento me sirvió de mucho, puede que tenga que repetir ese ejercicio, quien sabe...

El último ejercicio, del último curso, del último año, consistió en hablar de aquello que nos impulsaba a escribir. En ese ejercicio, plasmé aquello que suponía para mi la Literatura, y hablé de mis eventuales bloqueos. Fue como vomitar todos mis miedos.

Ahora, quiero recuperarlo, y compartirlo, a ver si con eso consigo conjurar a todos mis demonios creativos.

Ejercicio 18:

Este año, como último ejercicio del curso de relato avanzado, nos han pedido hacer un ejercicio que se me antoja bastante peculiar. Al hilo del famoso bloqueo de escritor, que yo creo hemos sufrido todos en alguna ocasión, tenemos que hablar del motivo que nos impulsa a escribir.

¿Qué por qué escribo? Esa es una pregunta que yo misma me he formulado en multitud de ocasiones. Sinceramente creo que no tengo respuesta. Supongo que todo comenzó antes siquiera de que yo tuviera conciencia de mi misma. Me crié en una casa rebosante, abarrotada de películas y libros, que a falta de espacio se apilaban en muchas ocasiones por el suelo. Con una madre que leía a todas horas todo lo que caía en sus manos y, un padre cinéfilo que me hacía ver todo tipo de películas, mientras me hablaba de movimientos de cámara y repetía que él habría sido un gran director de cine, de haberlo intentado, claro.

Los libros siempre estuvieron a mi alcance. Nunca me vetaron alguno por su temática o género. Tampoco les habría resultado fácil. El único orden en el que estaban colocados era el del caos más absoluto, no habrían sabido decirme a que estantería no acercarme. Así apenas aprendí a leer, supongo que imitando a mi madre, me dediqué a abrir y leer todos los libros que tenía al alcance de mi altura.

No recuerdo el momento en el que comencé a escribir mis propias historias, pero era muy pequeña. Para mi fue algo natural. Si me gustaba lo que contaban los libros, por qué no empezar a escribirlos yo. Aquello fue mi perdición. Me adentré en un mundo que me atrapó por completo, y del que ya nunca me he podido escapar.

En ocasiones la escritura ha sido mi tabla de salvación, aquello a lo que aferrarme cuando todo lo demás falla, siempre será mi refugio. Pero otras veces también me ha hecho sufrir, como una tortura interior que yo misma me infligiera.

Durante mi adolescencia me hizo ser diferente, con lo que eso conlleva. En el colegio hacía que me castigaran, porque eso implicaba pasar el recreo en la biblioteca, y cuando no lo conseguía me bajaba un libro al patio. Era rara. Además, en lugar de salir con las pocas amigas que tenía, prefería quedarme en casa, atada a aquella primera máquina de escribir que tanto me había costado conseguir. Era una rara aislada. Un día, se me ocurrió enseñar uno de mis relatos a mi profesora de Literatura, no sé muy bien porque lo hice, fue un impulso. A la semana me lo devolvió con algunas correcciones de sintaxis y ortografía (soy profundamente disléxica) y me dijo que a partir de ese día los viernes no habría clase, que en su lugar yo me dedicaría a leer a mis compañeras lo que iba escribiendo. El que gracias a mi no hubiera clase de Literatura los viernes, me hizo un poco más popular.

Al acabar el bachillerato mi profesora, que había trabajado con ahínco para que aprendiera gramática y por fin me había orientado sobre que libros debía leer, me empezó a hablar de los concursos. No sé para que, me he presentado a cientos y nunca que ganado uno. Luego me habló de las editoriales. No sé para que, nunca he publicado nada.

Así me llegó el bloqueo.

Una hoja en blanco es algo terrible. Hay que llenarla con palabras, y que éstas cuenten una historia, y además que sea verosímil, y que haya a quien le interese. Difícil tarea. Los rechazos me llevaron a no tener con que llenar esa hoja en blanco, y mi máquina de escribir enmudeció por años. Para mi desgracia me volví normal.

Fui a la Universidad, hice amigos, salí mucho, me eché novio, empecé a trabajar… Sin más. Sin nada más. Sin la Literatura todo era un inmenso vacío, tanto que hasta dejé de leer. Me dejaba arrastrar por lo que la sociedad que dictaba tenía que hacer, pensar o decir. Me perdí. Aunque supongo que algo quedaba dentro de mi, no en vano me matriculé en Derecho porque era la carrera que habían estudiado todos los escritores que más admiraba, con lo que yo no contaba era que al acabar me tenía que hacer abogado, profesión que mata toda inspiración artística.

Pasaron los años y un día sin darme cuenta volví a leer. “La casa de los espíritus” no es que me parezca un gran libro, pero me devolvió a mi antiguo vicio. Mi madre estaba realmente preocupada porque había dejado de leer, pensó que era lo suficientemente interesante como para engancharme de nuevo. Y así fue. Pero no volví a escribir.

Hace cuatro años en unas clases de inglés pagadas por mi empresa, comencé a hablar con una compañera a la que apenas había prestado atención hasta ese día. Era simpática. En un momento dado el profesor nos hizo la típica pregunta de que hacemos en nuestro tiempo libre, y ella respondió que escribía poesía. Parafraseando a Bogart, aquel fue el comienzo de una gran amistad.

Mi compañera, que curiosamente se llama igual que mi madre, fue la primera en hablarme de las escuelas de escritores, yo ni sabían que existían. Me dio el enlace para la Web de la escuela, y me animó a apuntarme a un curso anual de relato. Casualmente el primer ejercicio que nos mandaron fue de desbloqueo.

Han pasado tres años y desde ese día no he parado de escribir. Creo que ya nunca lo haré. A veces me cuesta encontrar tiempo, y no avanzó todo lo que me gustaría. Compaginarlo con mi vida cotidiana me resulta complicado, pero gratificante a la vez. Me regaño a mi misma el día que no me siento delante del ordenador (pasó ya el tiempo de la máquina de escribir) y trato de escribir al menos una línea.

No sé  adonde me llevará esto. Si se quedará en una mera ocupación de mi escaso tiempo libre, o si por el contrario la Literatura llegará un día a lomos de un caballo blanco para salvarme de mi propia vida, quien sabe. Lo que si tengo claro es que no puedo dejarlo porque me resultaría más sencillo dejar de respirar. He llegado a un punto en el que miro a mi alrededor continuamente buscando historias, veo la realidad con otros ojos, todo me parece digno de ser contado.

No sé si algún día ganaré un concurso, publicaré un libro, o quizá alcance ese sueño dorado de ser profesional, pero lo que si sé es que por lo menos lo habré intentado. Puede que no tenga talento suficiente para dedicarme a ésto, no lo sé, pero lo que si tengo claro es que escribir me mantiene viva.


viernes, 30 de diciembre de 2011

Una cuestión de respeto

Hace un rato he oído en el telediario que el nuevo gobierno de Mariano Rajoy va a eliminar el canon digital. ¿Error o acierto? yo más bien diría que populismo.

La medida de implantar un canon digital, ha sido desde un inicio muy impopular entre determinados sectores de población. Entre todos aquellos que creen que tienen derecho a obtenerlo todo gratis, cuando sólo trataba de regular una novedosa situación, y coordinar la coexistencia de dos derechos, el de los derechos de autor, y el acceso a la cultura.

Supongo que el nuevo gobierno lo habrá hecho para intentar relanzar el consumo de determinados aparatos, abaratándolos de alguna manera. Aunque eso perjudique otras economías, en concreto la de los autores. Es obvio que nadie se convierte en autor, ya sea musical o literario, para hacerse rico, sino como respuesta a una necesidad vital de expresarse, pero como el resto de los trabajadores merecen una remuneración a cambio.

Cuando comenzó la revolución digital y Apple lanzó al mercado el primer MP3, los primeros, y durante mucho tiempo, únicos afectados, fueron los músicos. Comenzó una inagotable descarga ilegal de música por internet. Claro que a ellos siempre les quedan las actuaciones en directo, que también generan derechos a los compositores. Luego les siguio el séptimo arte, es cierto que muchas películas siguen llenando las salas, pero han sido muchos los cines que han tenido que cerrar. A continuación fueron las series de televisión, aunque éstas recaudan dinero con la publicidad en la primera emisión. Tras la llegada del ibook, le ha tocado el turno a la Literatura.

Parece un poema de Berton Bech.

Odio el ibook.

No comprendo como nadie puede leer un libro entero a través de esa pantalla. Es algo inmaterial. Los libros hay que tocarlos, sentirlos, pasar las páginas conforme avanza la historia, y luego depositarlos en una estantería para poder contemplarlo. Por no hablar del inmenso placer que supone bucear en una librería, eso no lo puedes hacer en internet, no es lo mismo.

Quien usa el ibook, no ama la Literatura. Bueno, puede que me haya quedado ya desfasada, quien sabe, o puede que al final el papel resista, el tiempo lo dirá.

Claro que digo lo mismo que de los bestseller (ya les dedicaré una entrada), mientras la gente lea, malo del todo no puede ser. Siempre que el libro que se lea en el ibook, o el ordenador se lea de forma legal.

No es la primera vez que alguien me enseña una carpeta (informática) repleta de títulos pirateados, diciendo mira, que esto a ti te va a gustar. Pero en que cabeza cabe, por Dios. Es como si de alguna manera me estuvieran robando. Y no es porque quiera hacerme rica con la Literatura, tengo más posibilidades de que me toque el gordo de la lotería de Navidad,  pero es que un libro supone muchas horas de trabajo de su autor, muchas, y ese trabajo merece ser reconocido y apreciado, y descargárselo ilegalmente supone una terrible falta de respeto hacia el escritor, porque expone que su trabajo no tiene ningún valor.

¿Qué le parecería a todos esos pirateadores que a ellos no les pagaran por su trabajo? si, que fueran todos los días a la oficina, y que al final de mes cuando tuvieran que cobrar la nómina, no les dieran nada, porque total que más da, el trabajo se da gratis.

Es una terrible falta de respeto, que me ofende profundamente.

Hay quien me dice que tienen derecho a acceder a la cultura libremente, es cierto, pero es que existen unos lugares llamados bibliotecas públicas, que parece que ya nadie se acuerda de ellas. Lo único que ocurre es que quieren todo gratis, y sin moverse de casa, da igual que sea música, películas, series de televisión, o libros, da igual todo gratis. Me voy a ir a una tienda a pedir gratis un ordenador nuevo, que tengo derecho porque lo necesito para navegar, a ver que me dicen.

Lo repito es una falta de respeto.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Poeta sucumbiendo bajo un alud de ollas de acero inoxidable

El singular título que da nombre a esta entrada, corresponde al libro de Manuel de Mágina publicado por la editorial El desván de la memoria.

Recientemente tuve ocasión de acudir a una doble presentación, que correspondía tanto al libro como a la editorial, puesto que se trata de la primera publicación para ambos. La editorial El desván de la memoria, nace del taller literario virtual del mismo nombre, que dirige Ramón Alcaraz desde el año 2003.

Conocí a Ramón hace un par de años, en un curso de redacción de guiones que él mismo impartía a través de la Escuela de escritores Alonso Quijano de Alcazar de San Juan. Posteriormente he acudido a sus cursos de relato breve, en esta ocasión impartidos a través del Taller de Redacción y Escritura Creativa Tomás Gallego, organizado por mi querida amiga, la poetisa Teresa Gallego. Ramón, también fue quien corrigió mi libro de relatos cortos, aún inédito.

Le quería dedicar esta entrada, porque en el discurso de la presentación explicó que el motivo que le había llevado a fundar una editorial era conseguir que de una vez por todas, algunos de los libros de sus alumnos vieran por fin la luz. Nos explicó algo que muchos de los estábamos allí sabíamos, que si no eres comercial no te publican, y no eres comercial porque no eres conocido, y no eres conocido porque no has publicado, y no publicas nada porque no eres conocido... y así hasta el infinito. Parecía la historia de mi vida.

El mercado editorial es una especia de bunker de alta seguridad, al que nadie puede acercarse salvo que ya esté dentro.

Personalmente (que he enviado mi libro a casí 40 editoriales sin resultado), no creo que el hecho de publicar o de no hacerlo, sea sinónimo de mayor o menor calidad. De hecho, leyendo las obras que su publican, y que ganan premios, puede que incluso sea un síntoma inequívoco de calidad literaria. Pero el caso es que algunos lo consiguen y otros no, ¿cuál es la fórmula del éxito? que un editor piense que puede ganar mucho dinero con lo que tú has escrito. Y es que no nos engañemos, la Literatura hace mucho que dejó de ser un arte para convertirse en un negocio.

Sin embargo, todo eso nos deja fuera a muchos autores que amamos este Arte, porque para nosotros si que lo sigue siendo, por encima de cualquier cosa, y que más que pensar o respirar, fabulamos historias.

Las excusas que te dan las editoriales son de lo más variopintas, que si el relato breve no tiene salida en el mercado y les mandes una novela (claro, luego si eso me saco cinco de la chistera), que si no publican libros de relatos de un sólo autor (aunque tú tengas en tu casa publicaciones suyas de un único escritor), que si sólo publican a mujeres muertas (bueno, de momento espero no entrar en ese grupo)... en fin, cualquier cosa, pero debajo de cada carta siempre subyace lo mismo, que no has publicado nada, que no eres conocido, y por tanto nadie va a apostar por ti, y como nadie lo hace  vas a seguir siempre en el mismo punto muerto.

Bueno, me olvidaba de mi favorita, las editoriales que cuelgan en su web que por favor, nadie les mande nada por correo electrónico, que solo quieren papel. Vamos a ver, tanta era digital, tanto ibook, y tanta historia y al final me tengo que seguir gastando el dinero en reprografía y correo postal. Y que conste que esto lo dice una ferviente defensora del papel, del libro tradicional, pero eso no obsta para que sepa apreciar las ventajas de determinados aspectos de la tecnología actual.

Por todo ésto, las iniciativas como la de Ramón Alcaraz, que nacen del simple amor a la buena Literatura con mayúsculas, y del deseo de dar conocer esas obras rechazadas por el mercado, pero dignas de la atención de los mejores lectores, son una bocanada de aire fresco dentro de un mundo que hace décadas olvidó sus orígenes artísticos, para dejarse seducir por las mieles del capitalismo.

Ahora solo falta la distribuidora.

jueves, 8 de diciembre de 2011

China

Hoy he visto en las noticias, que China sufre las consecuencias de una gigantesca burbuja inmobiliara, de forma que solamente en Pekin hay más de 60.000 pisos vacíos. Pero que pena me dan...

No es ningún secreto para todos aquellos que me conocen, que no tolero los abusos de la política económica china, o para ser más exactos, de su uso y abuso sistemático de esa arma arrojadiza que es la competencia desleal, asumida, e inexplicablemente tolerada, por otros Estados soberanos. Y no es que tenga algo en contra de los chinos, por favor que nadie lo piense al leer estas líneas, no se trata de eso, todo lo contrario, admiro a ese pueblo que aportó en el pasado grandes inventos que cambiaron la humanidad, como mi querido papel, y que ante penurias económicas no ha dudado en emigrar, ignorando diferencias culturales y barreras lingüisticas.

Lo que ocurre, para empezar, es que no tolero a su gobierno. Dudo que haya alguien que lo haga. No sólo por el abominable hecho de que se trata de una cruenta dictadura (parece que ya nadie se acuerda de Tian´anmen, y les aseguro que yo lo tengo muy presente), que sin ir más lejos el año pasado vetó la comunicación de la concesión del Premio Nobel de la Paz a un activista que lleva décadas en la cárcel, y no permite a sus ciudadanos algo tan básico como el libre acceso a internet. Sino también, y tengo que reconocer que de un tiempo a esta parte, de forma más preeminente por sus políticas económicas.

Y es que es indudable, China ha logrado la cuadratura del círculo, el capitalisto salvaje comunista.

Como todos sabemos, la mayor parte de las empresas de Occidente se han llevado sus fábricas a China. Lo hacen al calor de salarios bajos, y abaratamiento de costes. Una fuga de producción consentida por todos los gobiernos. ¿Pero es qué somos idiotas?

Hace siglos, Castilla vendía su excelente lana merina a Inglaterra, para luego comprarle el paño que fabricaba con dicha lana. Algo que supuso un paulatino e imparable empobrecimiento de Castilla. Y como ignoramos totalmente aquella máxima de Cánovas del Castillo, que decía que hay que conocer bien la Historia para no repetir los errores del pasado, pues nada, ahora dejamos que todos los puestos de trabajo se vayan a China, y luego compramos sus productos desechando los de producción propia.

Pues si, Occidente es idiota, pero mucho.

Yo defiendo como nadie el derecho de todos los pueblos a buscar una vida mejor. El estado del bienestar, y la extensión de la clase media, deberían dejar de ser un privilegio de unos pocos países, para convertirse en la situación general de todas las naciones. Pero no a costa de hundirnos al resto.

El hecho de que sus salarios sean más bajos se debe a que trabajan en condiciones de semiesclavitud (menos mal que son comunistas, y el comunismo es la dictadura del proletariado, que si no....), y lo que es más importante, la calidad de la fabricación es ínfima. No estoy descubriendo nada nuevo, todos sabemos que aquello que se fabrica en China es una porquería, muy barato, eso si; de hecho los nuevos ricos chinos, se niegan a comprar productos fabricados en su país, porque buscan calidad.

Por lo menos el paño de los ingleses era bueno, con los siglos nos hemos idiotizado más.

Además, su gobierno utiliza armas económicas, como una perpetua devaluación artificial de su moneda, el yuan, de manera que al cambio resulte mucho más ventajoso comprarles a ellos que a otras economías emergentes. Eso tiene un nombre, competencia desleal.

Al hecho de que estamos perdiendo puestos de trabajo en Occidente, porque nuestras empresas se llevan la producción a China, y somos tan estúpidos de comprar luego sus productos, pese a ser de inferior calidad y por tanto, durar menos, simplemente porque son más baratos, aunque perjudiquemos con ello a las pocas empresas que aún operan aquí, y poniendo en peligro nuestros propios empleos, hay que añadir el masivo desembarco de comerciantes chinos.

Vuelvo a decir lo mismo que he dicho antes, no tengo nada en contra de los chinos, ni de aquellas personas que luchan por lograr un futuro mejor. Pero creo que no lo están haciendo bien. Ni nuestros gobiernos tampoco, ¿a qué esperan para imponer aranceles aduaneros, sancionarles por políticas de competencia desleal, y falta de respeto a los derechos humanos?

España es un país con un tejido industrial compuesto básicamente por pymes, donde el pequeño comercio crea tradicionalmente la mayor cantidad de eso tan escaso como es el empleo estable. O por lo menos lo era hasta hace unos años. Todos hemos visto como en los últimos años el aspecto de muchas de nuestras calles cambia, donde antes había pequeño comercio, ahora solo hay tiendas de chinos, venden alimentación, ropa, manicura... sus comercios florecen como las setas en otoño. Venden más barato, y no se puede competir, no respetan los horarios de cierra, y no se puede competir, no pagan impuestos ni licencias, y eso es una clamorosa injusticia.  Pero la gente les compra.

Vamos a ver, es que no somos conscientes de que con su actitud están haciendo saltar por los aires todos los derechos sociales que tanto nos ha conseguido lograr a los europeos (vuelvo a repetir, menos mal que son comunistas, que si no...). Los trabajadores tenemos derecho a percibir un salario justo, a tener horarios que nos permitan tener vida más allá de nuestra ocupación, a tener vacaciones... algo que ellos ignoran por completo. Mucha gente pensará, yo lo he pensado muchas veces, que porque otras personas no abren negocios como los suyos, pues la respuesta es simple, primero porque el resto de comerciantes, sean de la nacionalidad que sean, respetan los horarios de cierre y apertura (¿de verdad necesitamos comprar una docena de huevos a las 23:30 hs. de la noche o un pantalón vaquero un domingo?), pagan impuestos y licencias, y lo que es más importante, salarios.

Además, todo lo anterior, el haber desarrollado en unos pocos años, una economía que al resto de países nos ha costado un par de siglos, creo que les va a pasar factura a los propios chinos. En primer lugar porque creo que están destrozando su medio ambiente, segundo, porque un mejor nivel económico debería traducirse en una mejor calidad de vida (por favor, que aprendan algo de nosotros), y tercero, porque algo que crece tan deprisa podría traducirse en un castillo de naipes.

Y así vuelvo al comienzo de esta entrada, China acusa el posible fin de la mayor burbuja inmobiliaria del mundo. ¿Nos suena? por desgracia si.

Por eso, yo hace mucho que no compro en tiendas regentadas por chinos, o al menos no lo haré, hasta que comiencen a jugar las mismas reglas del juego que el resto de comercios; y no compro nada fabricado en China. Por favor, a partir de ahora, cuando vayan a comprar algo, miren la etiqueta, y antes de pagar, tengan un pequeño momento de reflexión, y piensen en Tian´anmen, en las cárceles llenas de disidentes del régimen, en la falta de respeto a los trabajadores, al derecho a un salario justo, al respeto a la calidad de la mercancía, en nuestras empresas que no pueden sobrevivir a su competencia, y luego si quieren cómprenlo.

Para terminar, sólo decir que hay otras economías emergentes, como Brasil o Perú, que logran progresar únicamente a base de mucho esfuerzo y trabajo.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Españoles por el mundo

Parafraseando el título de un programa de televisión, quería plasmar en esta entrada la actual situación que vivimos en nuestro país, y que está llevando a muchos miembros de mi generación a emigrar. Emigrar, si, hay que comenzar a utilizar esa palabra sin tapujos, porque las personas no se están marchando a ver mundo, ni a vivir aventuras, sino a buscar trabajo, y eso es emigración.

No puedo evitar pensar que dentro de la gravedad, es algo que no le viene mal a mucha gente.  A aquellos que llamaban sudacas y panchitos (como odio esa expresión) a los sudamericanos, y miran con recelo a su alrededor cada vez que se cruzan con un árabe o un negro, aunque lleven traje y corbata. Los mismos que olvidaron que sus padres y abuelos, se habían tenido que buscar la vida en Alemania, Francia, Argentina, México.... eso pasa por desmemoriados.

Porque como dice el refrán "ni pidas a quien pidio, ni sirvas a quien sirvio". Porque en lugar de convertirnos en tierra de acogida para aquellos que buscan un futuro mejor, haciendo uso de nuestra memoria colectiva, España fue en muchos casos un lugar de recelo y abusos laborales.

Hay quien dice que es que antes los españoles se iban con un contrato, y ahora los inmigrantes no tienen papeles. Mentira. Como familiar de emigrantes, puedo afirmar que se iban con un billete de ida, un conocido que les ayudara los primeros días, y a buscarse la vida. Y quien no me crea, no tiene más que ver la tan manida "Vente pa Alemania, Pepe",  para contemplar a un Alfredo Landa escondiéndose de la policía alemana porque no tiene papeles.

Es cierto que desde aquellos tiempos este país ha cambiado mucho, pero eso no justifica que también nos hayamos vuelto amnésicos.

Abandonar tu país en busca de un supuesto futuro mejor, es algo más duro de lo que muchos piensan. No solo implica dejar atrás tu ciudad, tus amigos, tu familia, tu idioma y costumbres, sino que te aboca a un perpetuo desarraigo si el retorno se dilata en el tiempo. No quiero ni pensar, lo que debe suponer dejar como muchos hijos pequeños, con todo un océano por medio.

Mi pareja lleva año y medio en paro, a pesar de ser licenciado universitario, hablar dos idiomas, y tener más de una década de experiencia laboral. Y como él mucha gente. Somos una generación que en un momento tildaron de X, pero que más bien se debería haber bautizado con un signo de interrogación; el símbolo del futuro que nos espera.

Está pensando muy seriamente irse al extranjero, como otros muchos hicieron antes que él, como otros tantos lo harán después. En su caso, es un viaje de ida y vuelta, pues ya vivio la experiencia hace muchos años. Y yo me planteo, ¿cómo sería mi vida en otro lugar? un lugar cuyo idioma desconozco, cuyas costumbres me son ajenas, y en el que sería, no nos engañemos, una ciudadana de segunda. Eso sin contar con el hecho de tener que abandonar mi amado Madrid, mis calles, mis colores, mis olores, mis recuerdos, mi familia... sin una fecha de regreso por obra y gracia de la economía.

Porque no es lo mismo ser un eramus veinteañero que se marcha un año a vivir la fiesta por Europa, que un treinteañero con sensación de derrota cuando apenas le han dejado iniciar la batalla.

Para terminar, quisiera compartir con todos vosotros, un artículo publicado en El País, que me ha enviado esta mañana una buena amiga desde Frankurt, una de esos Españoles por el mundo.


CONCHA CABALLERO
Las ilusiones perdidas
Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.
No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.
Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.
No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.
En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.
No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.
No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.

martes, 29 de noviembre de 2011

El gordo

He leído que Mariano Rajoy va a tomar posesión de su cargo el 22 de diciembre. Mira por donde, este año la lotería de Navidad nos trae un nuevo Presidente del Gobierno.

Muchos creen que con el cambio de Gobierno, o mejor dicho con el cambio de signo político del Gobierno, vamos a salir de la crisis. Ójala fuera tan sencillo, y no lo digo porque no desearía que fuera así, de verdad desearía que fuera tan fácil, pero hace falta mucho más que un cambio en la dirección del país para que mejore la economía.

Además, durante los ocho años que Rajoy ha estado en la oposición, no ha aportado ninguna solución, no le ha dicho a Zapatero yo haría esto o lo otro, no, simplemente se ha limitado decir no a todo, y a crispar más el ambiente.

Con ésto no estoy diciendo que Zapatero haya gestionado bien la crisis, que va a ser que no, vamos a contribuido bastante a hundirmos más si cabe.

Por otro lado, y aunque es innegable que la economía española está por los suelos, no creo que la cifra de parados sea real, ya que si fuera así habría habido un estallido social, y no me refiero a un 15 M, sino más bien a una revolución. Lo que creo que es tenemos mucha economía sumergida, y mucha picaresca, que nos olvide que estamos en el país de Rinconete y Coradilo.

En fin, que a ver si la lotería de Navidad, este año nos trae algo más que un cambio en el Gobierno.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Nos hundimos en el Mediterráneo

El Mare Nostrum, que decían los romanos, es más nostrum que nunca, y es que parece que los paises mediterráneos nos hundimos inexorablemente.

De un tiempo a esta parte no veo la televisión, no leo el periódico, y en la radio solo oigo música, porque en el reino de la inopia soy mucho más féliz. Sin embargo, en los tiempos que corren es imposible mantenerse al margen de todo lo ocurre a nuestro alrededor, y entonces es cuando te deprimes.

Mientras escribo estas líneas mi pareja está viendo un reportaje sobre la II Guerra Mundial, que me está terminando de arreglar el estado de ánimo. Porque los fallecidos eran personas que vivían en Europa, no hace muchos años, y que antes de que estallara llevaban vidas muy parecidas a las nuestras. Mi profesor de economía decía que no hay nada como una guerra para acabar con una crisis económica, y ese pensamiento me da miedo. ¿Cómo acabará todo ésto? solo el tiempo lo sabrá.

Dicen que el s. XX fue el más convulso de la Historia, pero el XXI ha empezado cojonudo.